Por: Alexánder Sánchez.  3 febrero
Una segunda ronda implicaría para el Estado un gasto adicional de ¢1.600 millones y para los partidos, un esfuerzo para llevar votantes a las urnas en el cierre de la Semana Santa.
Una segunda ronda implicaría para el Estado un gasto adicional de ¢1.600 millones y para los partidos, un esfuerzo para llevar votantes a las urnas en el cierre de la Semana Santa.

Si Costa Rica tiene que ir a una segunda ronda para elegir presidente, el próximo 1.° de abril será un Domingo de Resurrección muy diferente.

Entre ceremonias religiosas, presas por el regreso de vacacionistas y las últimas empanadas de chiverre, los ticos deberán presentarse nuevamente a las urnas para elegir entre los dos candidatos que hayan obtenido el mayor número de votos válidos en los comicios del domingo 4 de febrero.

Todos los centros de votación, sin excepción alguna, volverán a activarse ese día. No habrá procesiones con el Resucitado en las calles, ni conciertos, ni juegos de fútbol; todas las actividades masivas públicas estarán prohibidas para que el pueblo pueda escoger sin distracciones.

“Una segunda ronda es como la segunda parte del mismo proceso, por lo que las condiciones para votar son exactamente las mismas. Mismo padrón, mismos fiscales y misma cantidad de mesas, tanto en Costa Rica como en el extranjero. Lo que cambia es la papeleta”, explicó Héctor Fernández, director del registro electoral del TSE.

El Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) estima que la organización de ese nuevo proceso costará ¢1.600 millones.

“Al menos esa es la cifra que tenemos presupuestada. Luego de la elección se hace una liquidación para saber en cuantos costos incurrimos en materia de prestación de servicios, papeletas, jornadas extraordinarias, viáticos y costos de viaje (...) Puede ser que gastemos un poco menos. Pero eso se analiza al final”, dijo Fernández.

¿Por qué segunda ronda?

Si el país tiene que ir a una segunda ronda significa que ninguno de los 13 candidatos que hoy se disputan la banda presidencial logró alcanzar, al menos, el 40% de los votos válidos emitidos en la primera convocatoria. En ese caso, según la ley electoral, los dos aspirantes con más apoyo irán al balotaje.

“La convocatoria oficial a segunda ronda se da cuando se termine el escrutinio oficial (de votos), no el provisional, que es el que dan las juntas receptoras de votos. Ese se da como 10 días después de la elección, ya con el comunicado del TSE”, explicó Héctor Fernández.

“Claro que esta espera se da sin perjuicio de que se pueda ir adelantando propaganda, con el conocimiento de los resultados provisionales”, agregó el funcionario.

El ganador de la segunda ronda será aquel aspirante que supere al otro por mayoría simple. Esto quiere decir que un candidato puede ganar por un voto de diferencia sobre su adversario. En caso de empate, por mandato constitucional, será nombrado presidente el contendor de mayor edad.

Dicho proceso no es una experiencia nueva en Costa Rica. En el 2002, el socialcristiano Abel Pacheco se impuso en el balotaje al liberacionista Rolando Araya.

En aquella ocasión, ningún aspirante alcanzó el 40% de los votos válidos emitidos en la primera ronda. Pacheco alcanzó el 38,58%, mientras Araya obtuvo el 31,05%. Luego, en la segunda convocatoria, el socialcristiano logró el 58% de los sufragios, contra el 42% del verdiblanco.

También el actual mandatario, Luis Guillermo Solís, logró llegar a Zapote luego de imponerse en segunda ronda al liberacionista Johnny Araya en el 2014. En ese proceso, el representante del Partido Acción Cuidadana (PAC) ganó el 77,8% de los votos, mientras el del Partido Liberación Nacional (PLN), solo el 22,2%.

Por otra parte, Fernández aclaró que el denominado "voto protesta" que aplican los ticos cuando votan nulo o en blanco no cuenta como sufragios válidos emitidos y que, por tanto, tampoco se incluye a la hora de calcular el 40% necesario para que un candidato resulte electo en primera ronda.

“El que vota nulo o blanco, solo contribuye a la departicipación, es decir, ni siquiera son considerados abstencionistas (...) El que vota en blanco o nulo, simplemente está diciendo que no se decantó por ninguna de las opciones, pero no cuenta para nada”, manifestó el funcionario.

Luis Antonio Sobrado, presidente del TSE, y lo demás magistrados electorales son los encargados de convocar a una segunda. Esto se hace luego de que se concluye el escrutinio oficial de los votos.
Luis Antonio Sobrado, presidente del TSE, y lo demás magistrados electorales son los encargados de convocar a una segunda. Esto se hace luego de que se concluye el escrutinio oficial de los votos.
Semana Santa y abstencionismo

Las tradicionales procesiones con el Resucitado podrían quedarse este año relegadas a la intimidad de los templos si el país va a una segunda ronda electoral.

El primer domingo de abril es el día que el Código Electoral, en su artículo 209, señala para realizar un eventual balotaje. Lo anterior significa que el TSE no puede cambiarla.

“La regla dice que las actividades masivas o aquellas que afecten el libre tránsito tanto el día anterior o como el mismo día de las elecciones quedan prohibidas. Esto incluiría las procesiones”, indicó Héctor Fernández. “Eso sí, los magistrados actuales del TSE aún deben pronunciarse en el caso particular”.

Ya existe un antecedente. Para las elecciones del 2 de febrero del 2014, el Tribunal prohibió la realización de las procesión de la Virgen de la Candelaria en las calles.

El abstencionismo es otro reto que trae la realización de la segunda ronda al cierre de la Semana Santa. El hecho de que muchos electores se encuentren de vacaciones, usualmente en zonas alejadas de su centro de votación, podría desmotivar la asistencia de electores a las urnas.

Las tradicionales procesiones del Domingo de Resurrección no se podrían realizar en las calles en el caso de que se convoque a una segunda ronda electoral. Al menos, eso en lo que la jurisprudencia parece indicar.
Las tradicionales procesiones del Domingo de Resurrección no se podrían realizar en las calles en el caso de que se convoque a una segunda ronda electoral. Al menos, eso en lo que la jurisprudencia parece indicar.

"Tradicionalmente la segunda ronda presenta un mayor abstencionismo y tendremos que lidiar con eso nuevamente. Lo tenemos claro”, aceptó Fernández.

En el 2002, la primera ronda presentó un 31,2% de abstencionismo, mientras que en la segunda ronda la cifra aumentó al 39,8%. En el 2014, por su parte, se pasó de un 31,2% de no participación en la primera fase a un 43% en el balotaje.

“Serán los candidatos los primeros llamados a motivar a sus votantes a participar en esta coyuntura especial. Eso sí, el TSE continuará con las campañas informativas y de motivación que usualmente tenemos”, apuntó el funcionario.

Dos meses de incertidumbre

Una segunda ronda extiende por dos meses la incertidumbre en el país sobre quién será su próximo gobernamente. Se trata de un periodo en el que otros sectores, como el grupo empresarial, decide postergar inversiones y otras decisiones a la espera de que se aclaren los nublados del día.

"Es usual, por la incertidumbre, que las inversiones disminuyan y esto tenga un impacto sobre todo en la generación de empleo y otros aspectos", dijo Francisco Gamboa, director ejecutivo de la Cámara de Industrias de Costa Rica.

Sin embargo, para Gamboa, en este 2018 el panorama político no genera mucha inquietud en el sector.

Así se enfrenta el proceso electoral en el caso de que los candidatos no alcancen el 40%.
Así se enfrenta el proceso electoral en el caso de que los candidatos no alcancen el 40%.

"Hubo más incertidumbre en las elecciones del 2014. De hecho, yo creo que si llegamos a una segunda ronda la incertidumbre se disminuye, porque pasamos de tener 13 opciones posibles a solo dos. Sin mencionar que la Asamblea Legislativa ya estará definida ", expresó Gamboa.

Sin embargo, admitió que sí preocupa el corto plazo que tendría el presidente electo para escoger su equipo de gobierno luego de la segunda ronda. “Solo tendrá un mes para anunciar su gabinete y por lo general esa premura ocasiona que se elijan personas no tan adecuadas para el cargo”, aseveró.

Un criterio similar expresó Jorge Vargas Cullell, director del programa Estado de La Nación, quien también apuntó dificultades para hacer la transición de un gobierno a otro en tan corto tiempo y para establecer canales de comunicación entre los diputados salientes y los entrantes.

"Si a un presidente lo eligen en febrero, considerando que toma posesión el 8 de mayo, tiene tres meses para moverse. En el caso de la segunda ronda no es así y es un gran problema", consideró Vargas.

"Afecta las relación entre el Poder Ejecutivo y la Asamblea Legislativa. No tiene mucho tiempo para negociar con diputados salientes la consecución de algunos proyectos importantes ni establecer canales con los nuevos legisladores", agregó.