Sofía Chinchilla C.. 21 enero
Chloe asistió al centro de cuido municipal de Mora durante cinco meses, en el periodo en el que su mamá terminó de estudiar y consiguió un trabajo. Cuando Valeria fue al IMAS a renovar la documentación, le rechazaron la solicitud. Foto con fines ilustrativos. Pablo Montiel / Archivo.
Chloe asistió al centro de cuido municipal de Mora durante cinco meses, en el periodo en el que su mamá terminó de estudiar y consiguió un trabajo. Cuando Valeria fue al IMAS a renovar la documentación, le rechazaron la solicitud. Foto con fines ilustrativos. Pablo Montiel / Archivo.

Valeria tenía entendido que el gobierno le ayudaba con cuido para su bebé de diez meses, Chloe, para que ella pudiera estudiar y conseguir un trabajo, y así lo hizo.

En agosto de 2017, matriculó a su niña en el Cecudi de Mora, donde vive; terminó de estudiar inglés en el INA y empezó a trabajar en un call center.

Durante unas semanas, la joven se sintió tranquila, pero cuando llegó diciembre y presentó los documentos para renovar el subsidio, lo que recibió fue un documento de rechazo.

Valeria Guzmán, hoy de 23 años, quiso explicarle a la funcionaria del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) que en su casa eran solo su bebé y ella, que su sueldo era de ¢420.000 y con eso tenía que pagar el alquiler, la comida y los pases para viajar todos los días desde Ciudad Colón hasta Montes de Oca, por lo que no le quedaba presupuesto para el cuido de Chloe.

“Me dijo: ‘no, es que simplemente usted ya no aplica y listo, hay otras personas que lo necesitan más'”, recordó.

“Le dije que yo lo necesito porque estoy trabajando, y si es porque ya trabajo que no me lo aprobaron, ¿qué sentido tiene? Si yo estuviera en la casa obviamente no necesitaría que me la cuiden”, reprochó la muchacha.

La misma situación la enfrenta un número indeterminado de familias en condición vulnerable, quienes, pese a que sus ingresos son limitados, quedan excluidas por la restricción que asegura tener el IMAS para atender a familias no pobres.

Aunque es conocido que los casos son frecuentes, el Estado desconoce el número de niños que requieren cuido pero no lo tienen porque los ingresos de sus hogares son ligeramente superiores a la línea de pobreza, actualmente definida en ¢110.000.

Valeria atravesó muchos meses de acomodos para poder seguir trabajando. Por lo general, era una amiga quien cuidaba a la bebé.

“Tenía que pagarle el taxi a las 5 a. m. desde San Bosco hasta Ciudad Colón para que la cuidara, la bañara y estuviera con ella. Me complicó mucho económicamente”, relató la joven.

Un año después, buscó los servicios del Cen de Mora, en el que sí aceptaron a Chloe.

“Vi más sensibilidad, ahí sí toman en cuenta el salario de uno, me acuerdo porque tenían como un límite de salario. Yo ganaba un poquito más, sin embargo me hicieron un estudio y me aprobaron el cuido, y ahí me encanta”, contó Guzmán.

El IMAS asegura que el programa Cen Cinai, del Ministerio de Salud, es la opción para las familias que quedan fuera de los parámetros del Instituto.

El nuevo centro le dio un nuevo respiro a Valeria. Según la muchacha, de lo contrario, habría sido difícil continuar.

“Si fuera que uno gana unos ¢800.000, todavía, pero no. Para pagar un kínder o una niñera, no se puede. Por dicha en el Cen sí me dieron la oportunidad, ahí es completamente gratis”, explicó la joven.

Ahora, con su salario, la mamá planea construir poco a poco una casa propia.

Tras su experiencia en el IMAS, Guzmán dijo que esperaba mayor empatía, así como recibir ayuda con alternativas para resolver su situación.

“Yo lloré, fue muy difícil porque no sabía qué hacer. Estaba viviendo sola y era súper complicado, y también ver que la señora ni siquiera me dijo que me iban a dejar en lista de espera, nada. Lo perdió y que le vaya bien”, contó la mamá.