Por: Gerardo Ruiz R. 3 agosto, 2016
El presidente Luis Guillermo Solís no quiso especular sobre el futuro político de Nicaragua. Empero, dijo que cada vez que esa nación ha enfrentado dictaduras las consecuencias para Costa Rica han sido funestas.
El presidente Luis Guillermo Solís no quiso especular sobre el futuro político de Nicaragua. Empero, dijo que cada vez que esa nación ha enfrentado dictaduras las consecuencias para Costa Rica han sido funestas.

Casa Presidencial

Luis Guillermo Solís no ocultó su preocupación por los hechos políticos que han crispado los ánimos de la oposición en Nicaragua durante los últimos días.

El viernes pasado, el Poder Judicial y el Consejo Supremo Electoral de Nicaragua decidieron quitar las credenciales a 28 diputados de oposición, lo cual dejó debilitada a la coalición que adversa al gobierno de Daniel Ortega.

Ante esos hechos, el presidente de la República afirmó: "Vemos con suma preocupación la concentración de poder que se está dando en ese país. Ese no es un fenómeno nuevo en la historia política de Nicaragua, desafortunadamente ha dado últimamente un giro cuya gravedad no se puede disimular. Me parece que una concentración de poder en una democracia atenta contra algunos de los elementos esenciales de esta forma de gobierno, como lo son elecciones limpias y con observación internacional".

"No quisiéramos pensar que las decisiones que se están tomando atentan contra el orden republicano que tiene particularidades muy claras, las cuales son parte fundamental de la lógica con la que en Costa Rica administramos el poder", añadió.

Este martes, el propio Ortega anunció que su esposa, Rosario Murillo, será su candidata a la vicepresidencia de la República en las elecciones presidenciales de noviembre entrante, en las que él aspira quedarse en el poder por un periodo presidencial más.

Solís indicó que no opinaría sobre la decisión de Ortega de postular a su esposa como candidata a la vicepresidente de Nicaragua, ni tampoco sobre las consecuencias políticas que esto podría acarrear a la vida del vecino país del norte.

El gobernante sí reiteró su preocupación por que las decisiones de Ortega pudieran desembocar en limitaciones a las libertades públicas de los ciudadanos gobernados por el comandante sandinista.

Solís declinó referirse a la posibilidad de una eventual dictadura. Empero, recordó que cuando Nicaragua ha estado sometida esos regímenes, "las consencuencias han sido funestas para su pueblo y para nuestro país".

"En las celebraciones del 2 de Agosto (en la Basílica de la Virgen de los Ángeles) se me acercó una docena de ciudadanos de Nicaragua para expresar su agradeciemiento y preocupación por lo que ocurre en su país. Costa Rica y Nicaragua somos pueblos unidos por la historia y por la geografía y no tenemos causal de divorcio y yo esperaría que, aún en circunstancias muy adversas, podamos mantener una relación cordial", puntualizó Solís.

El Gobierno del mandatario es reticente a normalizar las relaciones diplomáticas bilaterales con el gobierno de Ortega. Sin embargo, la semana pasada se dio en Managua un primer acercamiento entre las autoridades de seguridad pública de ambas naciones.