Silvia Artavia. 23 noviembre, 2020
Carlos Alvarado y Claudia Dobles en agosto del 2019 junto a ministras que ya no están en el gabinete: Marcia González, Dyalá Jiménez y Nancy Marín; solo sigue en su puesto Pilar Garrido, de vestido rojo a la derecha. Fotografía: John Durán
Carlos Alvarado y Claudia Dobles en agosto del 2019 junto a ministras que ya no están en el gabinete: Marcia González, Dyalá Jiménez y Nancy Marín; solo sigue en su puesto Pilar Garrido, de vestido rojo a la derecha. Fotografía: John Durán

El gabinete de Carlos Alvarado es el segundo más inestable de las últimas cuatro décadas, después del de Rodrigo Carazo Odio (1978-1982).

Aunque el actual equipo de ministros conserva el mismo patrón de la mayoría de administraciones, que tienden a debilitarse a mediados del mandato, “la diferencia es que esa inestabilidad es la segunda más elevada que gobierno alguno haya experimentado desde 1978”, expone el más reciente Informe Estado de la Nación.

Dicho documento asegura que, durante los dos primeros años de la administración Carazo Odio, se reportaron 13 salidas de ministros.

En aquel momento, el país se encontraba a las puertas de la grave crisis económica que enfrentó entre 1980 y 1981.

Aunque el Informe no precisa cuántas bajas ha tenido el gobierno de Carlos Alvarado en ese mismo periodo, un conteo elaborado por La Nación confirmó que, durante sus dos primeros años de labores, nueve ministros dejaron su cargo.

Sumando este 2020 (los dos años y seis meses de labores), el actual mandato acumula 19 bajas en el gabinete, según los datos recopilados por este medio.

Los porqués de un gabinete débil

¿A qué se debe la inestabilidad del gabinete?

Según el Estado de la Nación, “un Ejecutivo con precarias bases de apoyo social y político” es propenso a mostrar una composición inestable en su gabinete, y a enfrentar mayores dificultades para la gobernabilidad.

Desde el punto de vista del respaldo ciudadano, el informe hace hincapié en que “el actual Gobierno nace con un mandato de origen débil”, debido a que el Partido Acción Ciudadana (PAC) ganó las elecciones “luego de obtener apenas el 21 % de los votos en la primera ronda”.

“Un indicador de esta situación es la evaluación ciudadana sobre la gestión gubernamental: los datos de opinión pública muestran una consistente reprobación mayoritaria por parte de la ciudadanía desde que el presente Gobierno inició funciones, en mayo de 2018”, cita el documento.

De hecho, la valoración ciudadana sobre la labor del presidente Carlos Alvarado llegó al nivel más bajo hace poco.

La más reciente encuesta de opinión pública del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR) reveló que casi siete de cada diez costarricenses desaprueban la gestión del mandatario.

Según el informe, lo usual es que los ciudadanos muestren una alta percepción de los gobiernos al inicio de su labor, condición que va decreciendo conforme avanzan los meses.

No obstante, eso no ha pasado con el mandato de Carlos Alvarado.

“En contraste con las primeras mediciones de cada administración, el porcentaje de calificaciones ‘buena’ y ‘muy buena’ de la actual administración es el más bajo de las últimas seis administraciones”, relata el Estado de la Nación.

A ello se suma el hecho de que la administración de Alvarado tuvo que hacerle frente a la aprobación, en diciembre de 2018, de la reforma fiscal, debido a la crítica situación de las finanzas públicas, hoy desbordada por la pandemia de la covid-19.

Un gabinete inestable

FUENTE: ELABORACIÓN PROPIA.    || INFOGRAFÍA/ LA NACIÓN.

Bajas sensibles

El Informe Estado de la Nación asegura que un indicador de esa inestabilidad es la rotación de los ministros desde el inicio de la gestión.

“Luego de un cierre tenso del 2018, por la aprobación del plan fiscal, el Gobierno afrontaba el 2019 con un desgaste político importante y con el reto de la entrada en vigor de la reforma tributaria, prevista para mediados de año”, dicta el documento.

Debido a ello, en poco más de un año se produjeron ocho salidas de miembros del gabinete, “algunas de ellas en puestos importantes (como Comunicación y Educación) y, por partida doble, como en el caso del titular de la Cancillería”.

En lo que va de la administración Alvarado Quesada, el país ha tenido tres cancilleres. La primera fue Epsy Campbell (mayo 2018-noviembre 2018). La sustituyó Manuel Ventura (enero 2019-enero 2020), quien fue sucedido por Rodolfo Solano, en febrero pasado.

Otra de las razones del debilitamiento del gabinete, analiza el Estado de la Nación, es la pérdida de “piezas clave” en ese primer año de gestión.

También ha habido tres ministros de Hacienda, en momentos en que el país vive la situación fiscal más apremiante de los últimos tiempos.

Tras la renuncia de Rocío Aguilar a esa cartera, en octubre de 2019, el Ministerio de Hacienda fue asumido por Rodrigo Chaves, en noviembre de ese mismo año.

No obstante, Chaves apenas completó los seis meses en esa instancia, pues dejó el cargo en mayo de 2020.

Desde entonces, lo sustituye Elian Villegas, antes presidente ejecutivo del Instituto Nacional de Seguros (INS).

Otra de las carteras más importantes, la del Ministerio de la Presidencia, también ha cambiado de mando.

Rodolfo Piza, “uno de los gestores de la coalición multipartidista en el Ejecutivo”, abandonó el cargo como ministro de la Presidencia un año y dos meses después de iniciada la gestión, en julio de 2019.

Lo sustituyó el entonces jefe de fracción del oficialismo en la Asamblea Legislativa, Víctor Morales Mora.

No obstante, Morales Mora ocupó el puesto por solo siete meses (agosto 2019-marzo 2020).

Finalmente, el cargo de ministro de la Presidencia fue asumido, en abril, por Marcelo Prieto, quien hasta entonces fungía como rector de la Universidad Técnica Nacional (UTN).

A la lista de salidas sensibles se suma Edna Camacho como coordinadora del equipo económico de Carlos Alvarado, un año después de haber asumido labores, en mayo de 2019.

Tal responsabilidad fue designada, como recargo, a Pilar Garrido, ministra de Planificación.

“En otras palabras, en el momento en que surge la pandemia, la gestión del Ejecutivo se había desgastado fuertemente debido al alto nivel de inestabilidad del gabinete en 2019 e inicios de 2020”, reseña el Informe.

Lentitud para designar reemplazos

El Estado de la Nación es vehemente al señalar que un indicador adicional al desgaste del gabinete es “el grado de dificultad que demuestra el Ejecutivo para encontrar los reemplazos de las personas que se retiran”.

Según ese documento, el gobierno de Carlos Alvarado tarda un promedio de 14 días en nombrar a los ministros sustitutos.

La administración de Laura Chinchilla (2010-2014) tardó un promedio de 20 días en realizar las sustituciones.

En esa materia, Alvarado igualó a Luis Guillermo Solís, con los mismos 14 días.

El gobierno de Rafael Ángel Calderón Fournier (1990-1994), en tanto, tardó un promedio de 13 días; el Luis Alberto Monge (1982-1986), 12 días; y la primera administración de Óscar Arias (1986-1990), 11 días.

Las administraciones de Rodrigo Carazo y Miguel Ángel Rodríguez (1998-2002) tardaron un promedio de nueve días en hacer las sustituciones, mientras que Abel Pacheco (2002-2006) lo hizo en 8 días.

Los gobiernos más rápidos para designar ministros sustitutos fueron los de José María Figueres Olsen (1994-1998) y Óscar Arias en su segundo mandato (2006-2010), ambos con un promedio de cuatro días.