Aarón Sequeira. 14 febrero
Los bocadillos para cada sesión del plenario tienen un costo cercano a los ¢150.000, que salían de la caja chica manejada por la Dirección de Prensa y Protocolo. Foto: John Durán.
Los bocadillos para cada sesión del plenario tienen un costo cercano a los ¢150.000, que salían de la caja chica manejada por la Dirección de Prensa y Protocolo. Foto: John Durán.

Ya los diputados no podrán elegir los bocadillos que consumen durante las sesiones del plenario, ni tampoco estar cambiando el proveedor de ese servicio cada semana.

El servicio de bocadillos para las sesiones del plenario y las actividades especiales de los legisladores quedó suspendido a partir de este lunes.

El Directorio de la Asamblea Legislativa tomó la decisión de suspender el servicio porque la Asamblea pagaba a través del sistema de caja chica, a pesar de que los montos anuales pueden llegar hasta los ¢80 millones.

El problema es que pagar contratos de alimentación con la caja chica sería improcedente en la administración pública.

Ese mecanismo se puede emplear para afrontar asuntos imprevistos, o bien urgencias de la administración, además de que deben ser montos bajos.

Según Antonio Ayales, director ejecutivo del Congreso, por día se gastan bocadillos hasta por ¢150.000, solo para la sesión del plenario. Eso significa que, por semana, se destinan ¢600.000.

El jerarca explicó que, aproximadamente, se hacen 200 sesiones de plenario por año, lo que significa ¢30 millones solamente para los bocadillos de los congresistas.

Por mes, entonces, se pagaban hasta ¢2,4 millones solo para los bocadillos. La contratación de los refrescos, las galletas y el café que también consumen los parlamentarios es por aparte, y “esa sí está a derecho”, enfatizó Ayales.

La caja chica se manejaba en la Dirección del Departamento de Prensa y Protocolo de la Asamblea Legislativa.

Además, por exigencia de los propios diputados, se cambiaba de proveedor cada semana o cada 15 días, si los bocadillos no les habían gustado a los congresistas, relató Ayales.

“Lo que dice Karla (Granados, directora de Prensa y Protocolo) es que se pagaba por caja chica por las exigencias de los diputados, solicitudes, para que no sea la misma empresa”, agregó Ayales.

Por aparte, el servicio de cáterin implicaba gastos anuales hasta por ¢50 millones, y se empleaba para los bocadillos que los diputados solicitaban para sus actividades, entre ellas foros o entrevistas con visitantes internacionales.

El acuerdo del Directorio legislativo que sostenía esta práctica irregular es “muy viejo”, dice Antonio Ayales, y se le había bajado el gasto por sesión durante la gestión de la actual administración.

La presidenta de la Asamblea, la diputada Carolina Hidalgo, pidió cuentas verbalmente sobre las empresas que se han venido contratado casi de forma discrecional para proveer los bocadillos de los legisladores.

“Es una noticia que recibimos este miércoles (sobre el manejo irregular de esos pagos). La suspensión empieza a correr desde el lunes”, agregó.

Ahora, se hará un proceso formal de licitación del proveedor de los bocadillos y les tocará a los diputados aceptar un solo proveedor para todo el año.

Hidalgo también detalló que el manejo de los bocadillos para plenario y actividades protocolarias (que incluyen bebidas alcohólicas y otro tipo de bocadillos) se manejaba en la Dirección de Prensa y Protocolo.

“Lo que estamos tratando de hacer es ordenar la casa”, comentó la jerarca parlamentaria.