Política

Derechos humanos y la ‘agenda de la muerte’: las zancadillas del 'bloque cristiano'

Lo que separa a diputados conservadores del resto es su negativa a dejar pasar el aborto terapéutico, la fiv y ‘nuevos derechos humanos’

Comprendemos al Congreso de un país como ese aforo en el que se unen diferentes y numerosas fuerzas políticas en aras de representar los intereses de toda la ciudadanía.

Así lo explica la politóloga Argentina Artavia, quien se dedica a analizar la Asamblea Legislativa de Costa Rica y –al igual que otros analistas– señala efectos en ese sentido causados por el grupo de diputados conservadores denominado “bloque cristiano”.

Si bien estos diputados –e incluso quienes no tienen química con sus posturas lo admiten– han liderado o participado en la elaboración de proyectos que benefician al bien común, existe un debate sobre su lectura y significado de los derechos humanos y su pugna con la corriente más progresista del país.

Artavia separa la historia de este conservadurismo ortodoxo impulsado por políticos ligados a diferentes iglesias cristianas en dos lapsos específicos: el primero siendo de 1998 a 2002, cuando diputados como Justo Orozco y Carlos Avendaño llegaron a la curul a buscar beneficios para iglesias y a condicionar votos.

El segundo tracto sucedió a partir de 2010 y se extiende hasta la actualidad. Durante ese lapso se sumaron más diputados del mismo ala ideológico y “radicalizaron sus posiciones, asumiendo como discurso y acción política la defensa de los valores y principios que consideran inmutables y que bajo ninguna circunstancia pueden ser objeto de revisión ni discusión”, según apunta Artavia.

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Como consecuencia de esa radicalización nace la imposibilidad de incluir temas relacionados con los derechos humanos en la agenda legislativa; no se trata de todos los derechos humanos, sino de la corriente que busca proteger a la población sexualmente diversa y regular en el país mecanismos como el aborto y la fertilización in vitro (FIV).

Esto se evidencia en que algunos diputados cristianos –incluso desde antes de este cuatrienio– se refieren a cualquier conversación sobre el aborto terapéutico y la aplicación de la FIV como la “agenda de la muerte”, al mismo tiempo que sugieren tener la potestad de filtrar por su cuenta lo que se considera como derechos humanos de acuerdo con sus principios, emanados del humanismo cristiano.

Abelino Esquivel, diputado cristiano por Limón en nombre del Partido Renovación Costarricense, explica la actitud del bloque conservador con respecto a los derechos humanos con los que no profesan: “No relaciono derechos humanos con gustos personales. Hay gente que califica como derecho humano el peinado. Si usted quiere peinarse con pirucho para arriba es un tema suyo, pero para mí el derecho humano es esa necesidad básica para poder vivir dentro de una sociedad, que tiene su límite donde comienza el derecho del otro”.

Sus colegas piensan muy parecido. Para Fabricio Alvarado (Restauración Nacional) la homosexualidad no es natural; para Óscar López (Accesibilidad sin Exclusión) “se ha vuelto de moda llamar derechos humanos lo que no es derechos humanos”; y Gonzalo Ramírez (Renovación Costarricense) cree que es una virtud que haya personas defendiendo estos valores cristianos en el plenario.

“Hablar de derechos humanos es todo un tema con nosotros”, admite Ramírez. “Nosotros defendemos los derechos humanos de una minoría religiosa, de los no nacidos y de los que no tienen voz, y construimos a favor de ellos; queremos consolidar a favor de ellos”.

El futuro de la polémica

Con que solo un diputado presente una moción se puede bloquear una iniciativa legislativa –según el reglamento–, y en la Asamblea actual hay más de uno dispuesto a parar propuestas en relación al aborto, FIV, uniones del mismo sexo y Estado laico.

Es una negativa que difícilmente cambiará. Por ejemplo, Alvarado no apoya que parejas homosexuales puedan adoptar a niños, porque “el niño no está decidiendo”. Cuando este medio le dijo que el niño tampoco decide su religión, el diputado alzó la voz, dijo que el periodista no estaba siendo profesional y defendió su derecho a pensar diferente y a defenderlo hasta que el cuerpo aguante.

Patricia Mora, diputada del Frente Amplio, señala que ese tipo de posturas y actitudes son “anteriores a la Ilustración" y que son la expresión de un “movimiento retardatario”, propias de un pensamiento anacrónico a los debates sobre los derechos humanos que suceden en el siglo XXI.

Antonio Álvarez Desanti, diputado de Liberación Nacional que ocupa la presidencia de la Asamblea en su tercer año, no tiene tanta esperanza en que los proyectos de derechos humanos avancen como la tenía cuan-do comenzó el cuatrienio.

“Creo que en la vía legislativa no va a ser posible que se resuelvan”, admite Álvarez Desanti. “Me parece que estos temas tendrán que resolverse en las cortes de derechos humanos locales e internacionales, entiéndase que la Corte Constitucional acepte derechos o que la Corte Interamericana de Derechos Humanos presente fallos”, agregó.

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Recordemos que en materia de FIV, fue la Corte Interamericana la que presentó el fallo y, tras años de de-bates y polémicas, ya hay una clínica aplicando el tratamiento. La Caja Costarricense del Seguro Social, por su parte, trabaja en el reglamento para aplicar el aborto terapéutico, estipulado desde hace décadas por el Código Penal cuando se trate de evitar peligros para la vida y la salud de la madre.

Sin embargo, las presiones del bloque no se limitan al Congreso. Al mismo tiempo que la Caja anunció sus planes de especificar la norma para el aborto terapéutico, los diputados cristianos redactaron una misiva firmada por legisladores de otras fracciones y dirigida al Papa Francisco, para que le contara al presidente Luis Guillermo Solís su posición.

El antropólogo Adam Álvarez señala que hay un cuestionamiento de fondo a la doctrina de los derechos humanos y considera que eso es peligroso ahora y en el futuro. “También es necesario no pensar que estas ideas son simples sandeces producto de la irracionalidad, porque eso provoca que a estos diputados se les exima la responsabilidad. Hay una racionalidad que orienta estas tendencias y es conservadora”, argumentó.

El politólogo Gustavo Araya también cree que el futuro en esta dirección es complicado, por la eterna lucha entre la ciencia y la religión, entre lo fáctico y lo espiritual. “Siempre se entra en ese campo en el que se pueden cubrir de racionalidad los argumentos, pero en última instancia hay un juicio previo que parte de premisas religiosas”, alega.

Durante tres años, el bloque conservador ha conseguido que estos temas no sean prioridad en la Asamblea, y su objetivo es que siga siendo así. Esto no es único de Costa Rica: en otros países los acuerdos para pasar este tipo de leyes han sido engorrosos y difíciles de centrar entre tantas ideologías, y lo son todavía más cuando hay creencias religiosas de por medio.

A eso se suma las negativa a que las otras bancadas legislativas concilien sus intereses a favor de la agenda que los diputados cristianos reniegan. Para Artavia, por eso es que en nuestra actual Asamblea Legislativa se profundizan las discrepancias en lugar de buscar acuerdos que permitan alcanzar objetivos. “Indudablemente, la fragmentación política del resto del plenario facilita la acción de estos grupos ultraconservadores”, dice.

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