Josué Bravo.   23 abril
El pasado 1° de diciembre, Duilio Hernández Avilés (de lentes al centro), se le acercó al presidente Carlos Alvarado para saludarlo. En esa fecha, el gobierno celebró el 70 aniversario de la abolición del ejército en el Museo Nacional en San José. Foto: Josué Bravo.

El gobierno de Daniel Ortega relevará a Duilio Hernández Avilés como su embajador en Costa Rica, pues ya pidió a San José el beneplácito para el nuevo diplomático que asumirá el cargo.

La Casa Amarilla confirmó haber recibido el lunes 22 de abril, a las 2 p. m., una solicitud de Managua de “beneplácito para un nuevo Embajador de Nicaragua en San José”.

Sin embargo, la Cancillería evitó referirse al contenido de dicha solicitud alegando “respeto a las normas diplomáticas” y, por tanto, se desconoce el nombre de la nueva persona que sustituirá Hernández, quien de momento se mantendrá en su puesto.

“De momento, el actual Embajador de Nicaragua en Costa Rica, Duilio Hernández Avilés, se mantiene en el cargo, en tanto, oficialmente, la Cancillería no ha sido notificada de una solicitud de retiro”, respondió la Casa Amarilla tras consulta de La Nación.

Se desconocen las razones del relevo de Hernández. La Nación lo llamó para obtener una versión, pero no respondió su celular.

Hernández es familiar cercano al general del Ejército de Nicaragua, Julio César Avilés. Asumió oficialmente como embajador en febrero del 2018, en sustitución de Harold Rivas.

Antes de ser embajador era el encargado de negocios a. i. de Nicaragua.

Sin embargo, Hernández ejerce como diplomático nicaragüenses acreditado en Costa Rica desde el año 2006. Ese año fungió como cónsul de Nicaragua en Sarapiquí.

Cuando Daniel Ortega asumió su segundo mandato en Nicaragua, en el año 2007, su gobierno cerró ese consulado en Sarapiquí.

Tras el cierre, Hernández fue trasladado a la Embajada de Nicaragua en San José, donde fungió como consejero.

Su paso por el país no ha sido desapercibido. Fue noticia en abril del 2010 por haber conducido un vehículo que ingresó al país desde Nicaragua, por la frontera de Peñas Blancas, y que fue exonerado del pago de impuestos por el gobierno de Costa Rica.

Sin embargo, el vehículo era utilizado por Roberto Miguel Rivas Delgado, quien estudiaba Medicina en Costa Rica.

Roberto Miguel es hijo de Roberto Rivas, quien fue hasta inicios del 2018 presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE) de Nicaragua, institución cuestionada por la influencia de Ortega sobre esta.

El expresidente del CSE tiene propiedades en Costa Rica y es investigado por la Fiscalía General por un aparente delito de legitimación de capitales.

El automóvil era un BMW M3, modelo 2009, inscrito en Costa Rica a nombre del entonces tercer secretario de la embajada de Nicaragua, Guillermo Matus Cortés.

Según una publicación de La Nación el 26 de abril del 2010, ese carro recibió beneficio fiscal por ¢21,5 millones, al haber ingresado al país para uso diplomático.

De acuerdo con esa publicación, el automotor lo compró la esposa de Roberto Rivas, Ileana Delgado en la agencia South Motors, en Miami, Florida, el 12 de noviembre del 2008 .

La Nación también publicó, el 14 de enero de este año, que junto con altos diplomáticos de Cuba y Venezuela Hernández participó en al menos cinco actividades con grupos políticos costarricenses, en diferentes lugares de San José.

Las actividades se desarrollaron entre el 19 de julio y el 19 de diciembre de 2018, periodo coincidente con la crisis de Nicaragua que suma 325 muertos.

Los diplomáticos se reunieron en diferentes celebraciones con grupos como el Partido Vanguardia Popular (PVP), la Juventud Vanguardista Costarricense (JVC) y el Partido Obrero Socialista de Costa Rica (POScr).

Hernández también ha sido noticia porque varios grupos de nicaragüenses se le han acercado a la Embajada de Nicaragua para manifestar su descontento por la represión policial en su país.

Por ejemplo, el 9 de mayo anterior, cuando Hernández salía de su sede diplomática, un grupo de manifestantes se lanzó sobre su vehículo para mostrar su descontento hacia el gobierno de Ortega.

Algunos le gritaron “asesino” a Hernández, mientras otros rodeaban el carro y golpeaban las ventanas.