Patrimonio

Museo Nacional ‘rejuvenece’ 900 reliquias históricas

Restauradores realizan tratamientos individualizados a piezas antiguas

Cuenta la tradición católica española que, en el año 844, un valiente hombre, montado en un caballo blanco, blandía su espada y acababa con la vida de cuanto moro (musulmán) se atravesara en su camino, en defensa del cristianismo.

La hazaña de Santiago, apodado el Matamoros, caló tan profundo en la identidad de España, a tal punto que Santiago Apóstol se convirtió en su santo patrono.

Una imagen del aguerrido jinete, en una versión más criolla, y esculpida en madera, es una de las “pacientes” del “hospital” de objetos históricos que funciona en el Museo Nacional .

Esculturas, pinturas, medallas, billetes, monedas, armas, utensilios de cocina, mobiliario y artículos de personajes famosos, son parte de los 900 objetos que se exhibirán en la Sala de Historia –en la que se invertirán ¢225 millones –, la cual abrirá sus puertas a finales de año, con un guion completamente remozado.

Pero antes de desfilar frente a los ojos de los visitantes, muchas de estas piezas necesitan ser acicaladas.

Por esa razón, el personal del taller de conservación y restauración del Museo Nacional realizó un diagnóstico de todos los bienes. Las piezas fueron clasificadas por colores, según su estado de conservación: “bueno” (verde), “regular” (amarillo), “malo” (naranja) y “pésimo” (rojo).

Recuperar el pasado. Los restauradores Ana Eduarte y Alfredo Duncan, con el apoyo de asistentes y voluntarios, dedican varias horas al día a darles un tratamiento individualizado a cada pieza, pues cada una requiere procedimientos diferentes.

“Tenemos objetos fabricados con distintos materiales y técnicas como porcelana, vidrio, pinturas, esculturas, papeles, textiles, metales, madera, yeso, plástico y cada uno presenta deterioros específicos”, explicó Eduarte.

No es lo mismo tratar de restaurar una pintura, que la primera imprenta traída a Costa Rica en 1830, o una carreta típica.

El día que un equipo de La Nación visitó el taller, Santiago estaba en consulta. Él, su caballo, y el moro que mató, pues los tres integran un conjunto escultórico ensamblado que tiene más de 100 años, según estiman los expertos del Museo.

En solo ese santo, los restauradores han invertido dos años para intentar remover las múltiples capas de pintura que tenía y “que ningún solvente pudo aflojar”, en palabras de Eduarte. “Tuvimos que ir a pura mano, raspando con bisturí mañana, tarde y noche”, agregó.

Finalmente, los expertos dieron con el traje original del Matamoros: de color celeste con adornos de lámina de oro, plata y lentejuelas.

“La pintura original era óleo y algunos pigmentos. Lamentablemente, en tiempos pasados, por desconocimiento de las técnicas de restauración, se creía que embellecer una escultura era pintarla, incluso con materiales no apropiados. Hemos encontrado desde pinturas comerciales hasta espray dorado de ese que venden en las ferreterías”, reveló la profesional.

Para lograr una fisonomía cercana a la original, los expertos usan productos especialmente preparados para restauraciones, como pigmentos y consolidantes. “No se trata de dejar las piezas como nuevas, porque tienen su historia y hay que preservarla. Al final, se le aplica una veladura para ‘envejecerla”, dijo.