Irene Rodríguez. 6 octubre
La imagen de arriba muestra a la Escuela de Santa Rosa en su estado actual. La imagen inferior, tomada en el 2009, muestra la estructura original de la fachada del centro educativo. Foto: Cortesía Centro de Patrimonio
La imagen de arriba muestra a la Escuela de Santa Rosa en su estado actual. La imagen inferior, tomada en el 2009, muestra la estructura original de la fachada del centro educativo. Foto: Cortesía Centro de Patrimonio

Una escuela rural en Santa Rosa de Tamarindo, en Santa Cruz, Guanacaste, se convirtió en el edificio más reciente en recibir la declaratoria de patrimonio cultural arquitectónico, bajo la categoría de monumento.

La distinción le fue otorgada por el Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural (CICPC).

“Edificio en madera con 80 años de existencia fue reconocido por consolidar valores científico documental, antigüedad, buen estado de conservación, autenticidad, arquitectura, historia, ubicación armónica en el paisaje local y simbolismo para la comunidad”, indica el CICPC.

La secundaria fue originalmente construida entre 1940 y 1941. Es una construcción en madera de 100 metros cuadrados, ubicada frente a la plaza de Santa Rosa, cuyo costo total fue cercano los ¢30.000.

De acuerdo con los especialistas del CICPC, su diseño probablemente se le debe al arquitecto José María Barrantes Monge.

Barrantes fungió como jefe de Obras Públicas de la Secretaría de Fomento, y es el artífice de varios centros educativos que actualmente cuentan con este mismo reconocimiento.

Además, el maestro de obras fue Julián Brenes Ramos. Trabajaron con él los hermanos Joaquín y Antonio Calvo, todos de Santa Cruz.

Según cuentan los vecinos de la zona, las puertas las hicieron unos ebanistas de Santa Cruz con madera de pochote y de cedro.

“La escuela de Santa Rosa de Santa Cruz tiene un gran valor científico documental porque la conservación de la mayoría del tejido histórico original le da el carácter de valiosa fuente primaria de información técnica e histórica, donde se pueden estudiar técnicas arquitectónicas y conocimientos tradicionales desaparecidos o en vías de desuso, igualmente parte de la historia social, económica y política de Guanacaste y del país en general”, consta entre las consideraciones para su declaratoria.

De acuerdo con el análisis del CICPC, la edificación está bien adaptada al clima, al terreno y a la función para la que fue concebida. Además, está muy bien conservada tras 80 años de uso como centro educativo.

Sin embargo, dentro de lo que más se destaca es el cuidado que tuvieron los vecinos para la buena conservación del edificio.

“El cariño y respeto de la comunidad circundante, usuaria y beneficiaria directa de sus servicios, generaron los cuidados necesarios para heredarlo, casi intacto, al presente”, destacaron los profesionales del Centro de Patrimonio.

Valor histórico
El piso de mosaicos y las paredes de madera son parte de las características de este edificio. Foto: Cortesía Centro de Patrimonio
El piso de mosaicos y las paredes de madera son parte de las características de este edificio. Foto: Cortesía Centro de Patrimonio

El historiador del CICPC, Carlos Luis Fallas Pastor, señala que la edificación refleja cómo se manejó la climatización en ese momento, mediante las alturas de las paredes y los pasos de aire que se dejaban para refrescar el ambiente.

Los petatillos no solo adornan la escuela, sino que permiten el ingreso del aire fresco y la salida del aire caliente para generar confort en las aulas. En estas regiones tan calientes, se aplicaban antiguos conocimientos para manejar el clima interno de los edificios.

“El valor científico del edificio se puede ver desde dos perspectivas: primero, las técnicas constructivas en el uso de las maderas, que han estado en desuso porque hoy se privilegian otros materiales", manifestó el historiador.

"En el pasado, la construcción en madera contempló una serie de conocimientos: cuál especie usar según fuera para pisos, puertas, etc. No se cortaba en cualquier momento, sino que se consideraban las mareas y las fases de la luna; además, los tipos de cortes de las tablas que ya no se usan, posiblemente por razones económicas”, agregó.

Para el historiador, esto también habla del momento político que vivía Costa Rica.

“Se construyó al final del periodo liberal (1940). Indica el interés del Estado por fomentar la educación primaria para que llegara a todos los rincones; por cubrir a toda la niñez, independientemente de la distancia, como política sostenida del sistema liberal”, destacó.

Características arquitectónicas

Según indica el estudio técnico, la Escuela de Santa Rosa es una construcción en planta rectangular, con corredor anterior y posterior, de un solo nivel.

El ingreso principal se ubica en el costado este de la propiedad, por donde se accede directamente a un corredor exterior protegido por una baranda en concreto, el cual distribuye a tres diferentes aulas.

Los jardines de la Escuela de Santa Rosa también se encuentran bien conservados. Foto: Cortesía Centro de Patrimonio
Los jardines de la Escuela de Santa Rosa también se encuentran bien conservados. Foto: Cortesía Centro de Patrimonio

El ingreso principal se ubica en el costado este de la propiedad, por donde se accede directamente a un corredor exterior protegido por una baranda en concreto, el cual distribuye a tres diferentes aulas.

Una de las aulas se dispuso frente al corredor y las otras dos, hacia los extremos de este.

Cada uno de los salones es amplio; los dos de los extremos cuentan con un corredor exterior hacia la parte posterior, al cual tienen acceso las tres aulas. Estos corredores tienen columnas que soportan la cubierta.

Es una edificación con estructura de madera y forro de tablillas de madera. La estructura de piso y el piso, también son de madera.

El estado actual de conservación evidencia que la madera de paredes y de estructuras son todas las originales, lo mismo que los pisos exteriores, por lo que mantiene en altísimo grado su autenticidad.