Juan Fernando Lara. 28 julio
Pobladores de B-line de Matina admiten que el robo de combustible del poliducto de Recope los desvela, pues una fuga o accidente los afectaría. Fotografía: Alonso Tenorio
Pobladores de B-line de Matina admiten que el robo de combustible del poliducto de Recope los desvela, pues una fuga o accidente los afectaría. Fotografía: Alonso Tenorio

A solo 12 metros de la casa donde vive José Juárez Chavarría y su familia pasan los tubos por los cuales Recope trasiega el diésel y las gasolinas desde su plantel de Moín.

Los dos conductos han sido, por 30 años, como vecinos dormidos para este habitante de Barbilla, en Batán de Matina, una zona poco poblada a orillas de la ruta 32 que une San José con Limón. Donde él vive, aparte de tubería y carretera, todo lo que se ve son árboles.

Hasta hace poco, esta vecindad no causaba ninguna inquietud a don José, pero los constantes daños a la instalación para robar combustible cambiaron esa percepción.

En los últimos tres años, la tubería de 542 kilómetros de longitud ha soportado 356 tomas ilegales. Solo en el primer trimestre del 2019, reportes de Recope cifran en 106 los saqueos, la mayoría de los cuales ocurrieron en el tramo Limón-Siquirres.

Sin embargo, también se han presentado algunos en la carretera Bernardo Soto, en Alajuela, donde este viernes fueron detenidos cinco hombres al momento en que extraían Jet-A1 o combustible para avión. Dentro de un camión les encontraron 28.000 litros.

En el caso de Limón, los ataques obligaron a la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) a aumentar la vigilancia; misión a la que se sumaron los vecinos más cercanos, temerosos de que se produzca una fuga y una explosión.

Este año, el Cuerpo de Bomberos ha atendido 35 emergencias relacionadas con el poliducto, cifra que superó ya las reportadas en todo el 2018, cuando hubo 34; precisó Héctor Cháves, director de esa entidad.

De los 35 incidentes este año, 24 ocurrieron en Limón.

En uno de los hechos más recientes, fue el Instituto de Acueductos y Alcantarillados (AyA) el que tuvo que correr, pues una toma ilegal desencadenó una fuga que contaminó una fuente de agua, de la cual se toma el líquido para unos 30.000 habitantes de Siquirres.

La población estuvo 15 días sin poder consumir el agua del tubo, que llegaba con carburante. El AyA abasteció las comunidades con camiones cisterna.

Los seguetazos

El sector más caliente por frecuentes incidencias son los cinco kilómetros entre San Miguel y el río Chirripó, en el poblado de B-Line de Matina, de acuerdo con datos Bomberos y del personal de la Refinadora responsable de atender estos hechos.

A lo largo de la ruta 32 hacia Limón, hay casas a pocos metros del poliducto. Los vecinos conviven con la estructura. Fotografía: Alonso Tenorio
A lo largo de la ruta 32 hacia Limón, hay casas a pocos metros del poliducto. Los vecinos conviven con la estructura. Fotografía: Alonso Tenorio

“Son personas dañinas y no son de aquí. A veces se oye el cambio de presión y es cuando uno nota que algo pasó. Hace ocho meses rompieron aquí cerca de mi casa y eso nos asustó por el riesgo para nosotros. Vino la Policía y los capturó pero el susto fue grande”, explicó.

A unos 15 metros de su casa, el recuerdo del incidente es un parche de metal que personal de Recope soldó alrededor del tubo en el punto donde lo rompieron, como confirmó un equipo de La Nación. A 75 metros de allí, se ve otro parche y, otros más a 100 metros de distancia.

Los parches en un trecho de menos de 200 metros dan cuenta así de tres “seguetazos” cerca de la casa de don José Juárez.

“Seguetazo” es el nombre que le dan en la zona a las rupturas deliberadas y superficiales del ducto, las mismas que obligan a Recope a cerrar sus válvulas e interrumpir el bombeo de carburante al detectarse un cambio súbito de presión.

La sospecha es que al momento del cierre por el “seguetazo”, en otro punto, los hampones esperan la caída de presión para romper el ducto y robar combustible. De otro modo, sería imposible llevar a cabo la sustracción.

“El poliducto maneja presiones altísimas; un hilo de combustible por una fisura es como un rayo láser que le puede cortar la cabeza. Elseguetazo” busca un paro del bombeo y cierre de válvulas lo cual les permite robar el combustible inerte en la tubería mientras se atiende la emergencia (el seguetazo)”, explicó a La Nación un técnico de Recope quien solicitó mantener en reserva su identidad.

Según otro vecino de B-Line, para concretar el robo, los ladrones se “encuevan”.

Mientras alguien se ocupa del “seguetazo”, en otro punto del poliducto, sus cómplices esperan en un terreno que excavaron previamente debajo de la tubería. La excavación permite a los infractores ocultarse mejor y sofocar ruidos mientras rompen el acero del ducto.

Tubería estratégica

Existente desde 1967, el poliducto que posee Costa Rica le permite trasegar combustibles de costa a costa sin llenar las calles de camiones cisternas para esa labor.

FUENTE: RECOPE.    || ÉDGAR JIMÉNEZ / INFOGRAFÍA / LA NACIÓN.

24 horas

Esta dinámica explica por qué Recope ahora paga servicios de seguridad privada 24 horas en esta región. Parejas de motociclistas recorren decenas de kilómetros de la ruta 32 por donde pasan descubiertos los tubos de la línea 1 y 2 del poliducto.

Esas líneas van desde las instalaciones de la empresa en Moín hasta el plantel El Alto, ubicado en Ochomogo, Cartago.

La presencia de vigilantes motorizados ha creado una dinámica colaborativa con vecinos de la tubería, cuya seguridad va de la mano con la seguridad del ducto.

“Mi marido a veces se levanta en la noche con un foco si oímos ruidos del poliducto. Si vemos algo le avisamos a los motociclistas para que revisen y espanten al que ande por ahí queriendo hacer daños”, señaló Marisenia Ruiz, residente del poblado de Monteverde en Siquirres, y cuya casa está a menos de tres metros del conducto de Recope.

Otra vecina de Ruiz, quien prefirió no identificarse, coincidió con ella en que las familias ahora pasan más pendientes de llamar a las autoridades o alertar a los motorizados si notan “algo raro”.

En La Sarita de Monteverde, en Siquirres, el poliducto que lleva diésel y gasolinas es un vecino más, por eso ayudan a vigilarlo. Foto Alonso Tenorio.
En La Sarita de Monteverde, en Siquirres, el poliducto que lleva diésel y gasolinas es un vecino más, por eso ayudan a vigilarlo. Foto Alonso Tenorio.
Otros riesgos

Si bien esta situación afecta al poliducto como nunca antes, no es la única condición de riesgo para la serpenteante instalación, también amenazada por posibles desastres naturales.

Max Umaña Hidalgo, gerente de Recope, explicó que crecidas mayores y más frecuentes en los ríos ahora también les han dado problemas.

Hace un año, recordó, el poliducto quedó “como un espagueti” por una crecida inusual del cauce en el río Torito en Cartago. Pese a la deformación por el embiste de la corriente, la tubería no se rompió.

“Para esas situaciones hemos venido, poco a poco, pasando la tubería bajo el lecho de los ríos. Lo hicimos en Turrialba, por la zona de Peralta, y eso nos mejoró la protección. Incluso en ese sector movimos otra parte por deslizamientos frecuentes” recordó Umaña.

El jerarca explicó que, por las inundaciones, Recope alista traslados de varios tramos de tubería que hoy van adheridos a las estructuras de puentes entre Limón y el Valle Central.

Otro factor es que cuando el poliducto se puso en operación, en 1967, pasaba por zonas poco pobladas, que con los años fueron urbanizadas como es el caso de Tibás y Moravia; entre otros.

Esto complica el mantenimiento de los tubos aun y cuando existen servidumbres y señalización.

“Hasta tenemos un abogado nuestro a tiempo completo viendo temas de servidumbres porque todavía nos ocurre que alguien puede intentar construir o hacer alguna actividad en un terreno debajo del cual va el poliducto”, explicó.

Una red de 542 kilómetros, segura y económica

Costa Rica posee esta red de tuberías de acero desde 1967, pues se trata del sistema más seguro y económico para el trasiego de hidrocarburos (diésel, gasolinas y combustible para aviación).

Sin el poliducto, las carreteras locales tendrían que soportar más camiones cisterna dedicados al traslado de carburantes entre planteles de Recope.

En algunos sectores hay una, dos o tres tuberías que en total suman 542 kilómetros. Parte de esa red está bajo tierra a profundidades de un metro o más según razones técnicas. En otras zonas, por razones técnicas, la tubería se deja al descubierto adherida a puentes o sobre pasos elevados al toparse con ríos.

El poliducto va de costa a costa pasando por 24 cantones lo cual condujo a Recope a suministrar a las municipalidades el trazo detallado de su localización y a sembrar decenas de señales metálicas luego de algunos incidentes.

Por ejemplo, el 23 de setiembre de 1994, un tractor que removía escombros en el antiguo basurero de Santo Domingo, Heredia, perforó el conducto en un accidente que generó fuego, destruyó el tractor y provocó una gran movilización de cuerpos de socorro.

El 5 de diciembre del 2002, ocurrió otro incidente similar en La Valencia, Heredia.

La mayoría de propiedades por donde va el poliducto no son de Recope. La empresa solo dispone de un derecho de paso o servidumbre consistente en una franja de terreno de entre 10 y 12 metros de ancho a lo largo de una zona de afectación en propiedad privada.

Ese derecho de paso sirve para fines de mantenimiento de los conductos e imponer una serie de prohibiciones por razones de seguridad.

Por ejemplo, se prohíben construcciones de cualquier tipo, movimientos o acumulaciones de tierra o materiales. Tampoco sembrar árboles o cultivo alguno.

Como parte del cuido de la infraestructura, personas que deseen reportar quejas, denuncias o sugerencias a Recope pueden utilizar el correo: contraloria@recope.go.cr o los teléfonos: 2284-2852 y 2284-2855.

Vista un reparación del poliducto en el sector de Barbilla de Siquirres (Limón) donde hace unos ocho meses hubo un daño intencional contra esa tubería. foto Alonso Tenorio
Vista un reparación del poliducto en el sector de Barbilla de Siquirres (Limón) donde hace unos ocho meses hubo un daño intencional contra esa tubería. foto Alonso Tenorio