Diego Bosque. 12 octubre, 2016
La actividad de carga y descarga que realiza Japdeva en el muelle de Moín se trasladará a la nueva terminal que construye la firma holandesa APM Terminals, cuando comience operaciones, lo que está previso para inicios de 2018. | ANDRÉS ARCE/ARCHIVO
La actividad de carga y descarga que realiza Japdeva en el muelle de Moín se trasladará a la nueva terminal que construye la firma holandesa APM Terminals, cuando comience operaciones, lo que está previso para inicios de 2018. | ANDRÉS ARCE/ARCHIVO

La reestructuración de su planilla es el primer reto que tiene que resolver Japdeva con la apertura del megapuerto de Moín por parte de la holandesa APM Terminals, prevista para enero del 2018.

Sin embargo, realizar despidos masivos o promover una movilidad laboral entre sus 1.468 empleados no parecieran ser opciones para la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (Japdeva).

Las autoridades de la entidad intentarían, más bien, tocar las puertas de otras instituciones estatales para reubicar a sus empleados, lo que se denomina movilidad horizontal.

No obstante, aún desconocen cuántos empleados deben recortar o cuál estrategia van a utilizar. Lo único que tienen claro es que procurarán un proceso “humanizado”.

“Estamos trabajando en una propuesta, el Ministerio de Planificación nos está colaborando. Entonces, en estos momentos, estamos sentándonos con diferentes jerarcas para construir esa propuesta”, explicó Ann McKinley, presidenta ejecutiva de Japdeva.

La necesidad de una reestructuración se origina en el peso que tiene la planilla en las finanzas de la entidad.

De los ¢59.000 millones presupuestados para el 2017, ¢32.262 millones serán dedicados a remuneraciones. De esa cifra, solo ¢9.280 millones corresponden al salario base, pues el resto es para cancelar incentivos salariales y horas extra.

La administración intentó recortar sobresueldos con la renegociación de la convención colectiva, que le cuesta ¢7.600 millones. No obstante, solo logró reducir 9,4% por año (¢715 millones).

Edad y servicio. Para McKinley, una de las razones para considerar una movilidad horizontal es la escasa capacidad que, considera, tienen los trabajadores para administrar el dinero producto de una liquidación.

Según estimó, lo gastarían y, rápidamente, se quedarían sin recursos y sin empleo.

Su preocupación crece porque la mayoría de los funcionarios tiene más de 50 años y un promedio de servicio de 20 años.

José Aponte, gerente portuario de Japdeva, compartió las inquietudes de McKinley.

“Si humanizás el proceso, tenés que pensar qué es mejor para el trabajador en momentos en los que no le es fácil reinsertarse en el mercado laboral. Por eso, buscamos una movilización horizontal hacia otras instituciones públicas”, afirmó.

Para Aponte, dadas las limitaciones en creación de plazas por la orden de contención del gasto, convendrá crear “una mesa de trabajo” para que sea una “labor gubernamental” con “esquemas y directrices.

La Nación consultó a instituciones como la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) y el Instituto Costarricense de Ferrocarriles (Incofer), pero ninguna conoce de un posible plan de traslado de empleados.

Por su parte, Liroy Pérez, vocero del Sindicato de Trabajadores de Japdeva (Sintrajap), espera que antes de los despidos, se busquen nuevas opciones.

El líder sindical recordó que aunque la TCM comience a operar, los puertos públicos no cerrarán y Japdeva debe buscar qué hacer con sus ocho o nueve puestos de atraque. Para él, hay que atraer nuevas cargas y nuevos clientes antes de considerar sacar a los trabajadores.

“Tenemos dos o tres meses de estar solicitando que nos presenten cualquier propuesta porque hay demasiados rumores, información que los trabajadores cuestionan ”, manifestó.

Sin negocio. La situación es urgente porque con la entrada en funcionamiento del megapuerto, Japdeva se quedará sin la carga y descarga de contenedores.

Por eso, no solo tiene que buscar eficiencia, sino también nuevas actividades.

Asimismo, debe procurar una vía para aprovechar el 7,5% de las ganancias que APM Terminals le trasladará anualmente. Solo en el primer año, significarían $12,5 millones.

De no hallar otros generadores de ingreso, esos recursos terminarían pagando remuneraciones de empleados.