Daniela Cerdas E.. 6 septiembre
Jeudy Segura Calderón pide una oportunidad para trabajar. Desde hace cinco meses no tiene trabajo. Foto cortesía
Jeudy Segura Calderón pide una oportunidad para trabajar. Desde hace cinco meses no tiene trabajo. Foto cortesía

Jeudy Segura Calderón, vecino de Barrio Cuba, San José, está desesperado. Desde que comenzó la pandemia, está sin trabajo.

Está preocupado porque no logra generar ningún ingreso desde hace cinco meses.

Él, sus cuatro hijos, de 14,10, 6 y 3 años; y su esposa, dependen para subsistir de los paquetes de alimentos que el Ministerio de Educación Pública (MEP) le da a tres de sus hijos y de ₡18.000 que el mayor recibe como beca estudiantil.

Aunque agradece la ayuda que es vital para poder alimentarse, él afirma que no quiere que el Gobierno lo mantenga, en su lugar pide un trabajo.

“Mi familia depende del MEP para comer; no quiero que el Gobierno me mantenga, quiero trabajar, siempre he hecho frente a las necesidades de mi familia, lo que ocupo es un empujón. Necesito que me ayuden, estoy seguro de que el gobierno no es culpable de esta pandemia, no quiero causar lástima, es mi desesperación. Mis hijos están acostumbrados a comer galletas y cosas así pero no puedo comprárselos, es desesperante. Ya no sé qué hacer, mi hijo, que es autista, me dice que soy un súper héroe; quiero seguir siendo un súper héroe para mis hijos”, relató Segura a La Nación.

Segura laboraba en eventos en el Estadio Nacional, acomodaba a las personas en su ingreso, o realizaba labores de limpieza. Pero debido a la cancelación de eventos masivos por la pandemia, no pudo sehuiir laborando en eso.

Luego, laboró como chófer en una plataforma de transporte de personas con un carro alquilado, pero el dueño del vehículo se lo pidió y se quedó sin ese ingreso.

Se postuló para ser beneficiario del Bono Proteger, pero no obtuvo respuesta. Además, afirma que fue a pedir trabajo para recoger café pero le informaron que comenzaba hasta noviembre; se postuló para laborar en un call center pero le dijeron que no cumplía los requisitos, ha pedido que le alquilen un carro para laborar transportando personas pero tampoco lo ha conseguido.

“Una vez al mes recibimos, entre los tres paquetes, tres bolsas de arroz, tres bolsas de frijoles, seis cajas de leche, huevos, seis plátanos y 45 vainicas, y dependemos de eso para comer. Nos alcanza, rindiéndolo, para 14 días y los otros días he tenido que pedir a alguien un poco de arroz, pedir a la pulpería fiado.

Hice una minicampaña pidiendo ayuda a mis amigos, les mandé mensajes para que me ayudarán con comida, esa ayuda me sirvió para 22 días; otro amigo me dio ayuda con comida y me sirvió para 15 días, pero ellos también tiene familia. No sé a quién más pedirle”, dijo el hombre de 43 años.

Los dos ingresos que sostenían el hogar desaparecieron con la covid-19

Alejandro Picado, vecino de Coronado, perdió su trabajo que consistía en hacer remodelaciones en viviendas porque “nadie lo quería” en su casa por el miedo de contagiarse de covid-19.

Su esposa también se quedó sin trabajo hace cuatro meses por los efectos de la pandemia. Laboraba en limpieza. Tienen dos hijos: una en la escuela y un joven en el colegio

Pasaron de tener un nivel de vida que consideran “estable” a depender del diario de ₡12.000 que en la escuela José Ana Marín Cubero le mandan a su hija de 12 años.

“Desde que empezó la pandemia he tenido cero trabajo. Lo que hicimos fue ponernos a vender verduras en la casa con unos ahorros que nos quedaban, nos quedamos sin dinero. Ese diario de la escuela créame que es importantísimo. Después del segundo mes de pandemia, pasamos dos meses en que de verdad solo esa comida del MEP teníamos porque las verduras era para vender, si las comíamos quedábamos peor porque había que pagar recibos”, explicó Picado.

Explicó que fueron beneficiarios durante los primeros tres meses de la pandemia del Bono Proteger por ₡125.000 pero lo usaron para pagar recibos. Él hacía trabajos de sus clientes desde su casa y el segundo depósito del bono lo uso prácticamente para pagar un recibo de luz pues les llegaba muy alto. El resto se uso para pagar otros recibos.

Cancelaron los planes postpago de celular que tenían y los sustituyeron por prepago para poder pagar Internet y que sus dos hijos pudieran estudiar.

“En el negocio de vender verduras, ahí vamos, algo ayuda, nos da para pagar las cosas básicas. El diario de la escuela nos permite comprar verduras y seguir vendiendo. Vivimos el día a dia”, contó el vecino de Coronado.

Estas dos familias forman parte de los 150.000 hogares que dependen de los alimentos del MEP para subsistir. Lea el siguiente reportaje para conocer más.