Por: Daniela Cerdas E. 5 abril, 2015

María del Carmen Herrera enseña a leer y escribir a alumnos que ya tienen hijos, algunos con bigote y el tiempo justo para ir a clases por la noche.

Ella imparte lecciones de alfabetización a 30 adultos en la escuela de Lomas del Río, en Pavas, San José. También es maestra regular en el mismo centro.

Dice que enseñar a estudiantes de 20, 30, 40 y hasta 70 años es difícil porque ya no se retiene igual que un niño, pero destaca lo que esa labor la motiva. “Ver su alegría cuando les doy sílabas y forman palabras es realmente gratificante”, aseguró.

“Cuando logran formar una palabra, ellos mismos se aplauden. Tienen muchas ganas de aprender. Una de mis alumnas fue a una cita en el hospital, pero resulta que la consulta era para un año después. Ese día llegó decidida a aprender para que no le volviera a ocurrir”, contó.

Según esta maestra, la mayoría de sus alumnos es muy pobre. El curso que imparte comenzó en marzo y siempre llega gente nueva a matricularse.

El primer ciclo de alfabetización está dividido en tres niveles que dependen del ritmo con que avancen los alumnos.

“Yo les doy los materiales porque muchos de ellos no tienen medios para adquirirlos. De hecho, muchos asisten a clases con sus hijos porque no tienen con quién dejarlos. Con que esas personas aprendan a leer, yo me doy por satisfecha”, relató la docente.

Javier Delgado da clases lunes, miércoles y viernes. Realiza actos culturales para ayudar en el proceso de socialización.
Javier Delgado da clases lunes, miércoles y viernes. Realiza actos culturales para ayudar en el proceso de socialización.

Hijos ayudan a padres. Javier Delgado imparte lecciones para adultos desde hace tres años en la escuela David Marín Hidalgo, en Bebedero de Escazú.

Los hijos de muchos de sus alumnos “les meten la mano”, ayudando a sus padres a realizar las operaciones matemáticas y a escribir oraciones, explicó.

“Al inicio del curso, muchos no creen que tienen la capacidad, sienten que ya no están en edad de estudiar porque el tiempo se les fue. Poco a poco, se van dando cuenta que sí la tienen y es tanta su alegría cuando ganan una prueba”, contó Delgado.

Según el maestro, a las personas que no tuvieron un proceso normal de aprendizaje se les dificulta relacionarse y expresarse con los demás. La mayoría trabaja en labores de campo o como empleadas domésticas.

“Se dan muchos abusos en cuanto a salarios bajos. Muchos no saben si les están pagando mucho o muy poco. La vergüenza es lo que más sienten. No quieren que se enteren de que son tan grandes y no saben leer. Mi meta es que ellos obtengan la primaria”, manifestó Delgado.

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