Daniela Cerdas E.. 19 septiembre
Trabajos de reparación en escuela de Playa Hermosa. Foto: Asociación Creciendo Juntos.
Trabajos de reparación en escuela de Playa Hermosa. Foto: Asociación Creciendo Juntos.

¿Aceptarían reparar escuelas y colegios de Guanacaste a cambio de un salario mínimo, una canasta de víveres mensual, viáticos y seguro?

Esta oferta laboral llegó por correo a 110 personas que quedaron desempleadas por la pandemia de la covid-19 y que laboraban de los proyectos turísticos de Península Papagayo, Guanacaste.

Ingenieros, contadores, chefs, meseros, mucamas, administradores, personal de limpieza; todos quedaron sin trabajo desde marzo y todos recibieron la oferta en medio de una Guanacaste con todos los hoteles, restaurantes y negocios cerrados.

Laboraban en Ecodesarrollo Papagayo y los hoteles Andaz y Four Seasons y no lo pensaron dos veces para decir “sí”.

“De no percibir nada a recibir ¢53.000 por semana bienvenido sea”, dice el ingeniero electrónico Juan Diego Castro, quien laboró en el Four Seasons y ahora trabaja en el CTP de Sardinal de Carrillo.

La oferta llegó de parte de la Asociación Creciendo Juntos, que puso en marcha el proyecto “Pintando Esperanza”, financiado por Mark Scheinberg, un empresario, inversor, filántropo israelí-canadiense quien, junto con su familia, fundó The Scheinberg Relief Fund en marzo de 2020, para ayudar a abordar el impacto directo de la covid-19.

Con una asignación de $50 millones, apoya organizaciones e iniciativas en 10 países de cuatro continentes. Estos incluyen Canadá, Costa Rica, Chipre, Isla de Man, Israel, Sudáfrica, España, Ucrania, Reino Unido y Estados Unidos.

Scheinberg paga los salarios de los 110 exempleados de Ecodesarrollo Papagayo y los hoteles Andaz y Four Seasons desde el 3 de agosto y hasta finales de diciembre, y también financia los materiales necesarios para la reparación de las escuelas.

Reparaciones realizadas en escuela La Guardia. Foto: Asociación Creciendo Juntos.
Reparaciones realizadas en escuela La Guardia. Foto: Asociación Creciendo Juntos.
¿Cómo inició todo?

Elsa Bonilla, directora de Creciendo Juntos, dijo que ellos ya habían trabajado con Scheinberg, quien tiene una casa en la península para vacacionar. A inicios de la pandemia, Bonilla envió un correo a los dueños de las casas de esa zona para invitarlos a donar dinero para las familias que perdieron el empleo o vieron reducidos sus ingresos por la pandemia.

“Me contactó la representante de él ( Scheinberg) de filantropía y me dijo que por cada dólar que recaudáramos, ellos nos lo doblaban. Con eso pudimos dar víveres por cuatro meses a 1.300 familias. Para Pintando Esperanza lo construimos con ellos, lo propusimos y les pareció atractiva la idea de apoyar a la gente despedida y apoyar a las comunidades”, relató Bonilla.

Es por eso que ahora hay 110 profesionales y no profesionales pintando y reparando más de 30 escuelas, colegios y hasta iglesias, parques, clínicas, salones comunales y otros en comunidades como: Sardinal, Guardia, Comunidad, Playa Hermosa, Playa Panamá, Paso Tempisque, Palmira, entre otras de la provincia de Guanacaste. En el caso de los centros educativos, hay coordinación con el Ministerio de Educación Pública para realizar las reparaciones.

Por ejemplo, en la Escuela Guardia, se pintaron muros, verjas, aula interiores y exteriores. Se repararon cuatro baños, las láminas del cielorraso, se sellaron goteras, entre otros. Cuando los niños lleguen a sus clases presenciales, van a encontrar una escuela totalmente renovada.

La Escuela Santa Cruz estaba en un estado de abandono total y deterioro en las paredes. Allí, un equipo de 12 personas tuvo que hacer un inmenso trabajo de saneamiento y reparación de paredes. Se pintaron interiores y exteriores, se cortó el zacate que no se limpiaba desde que se suspendieron las clases presenciales, el 17 de marzo.

Cuando terminan un proyecto, se pasan a otro y así sucesivamente.

Pintura del Colegio Técnico Profesional de Sardinal. Foto: Asociación Creciendo Juntos.
Pintura del Colegio Técnico Profesional de Sardinal. Foto: Asociación Creciendo Juntos.

“En el CTP de Sardinal yo soy el organizador del proyecto, me encargo de llevar estadística de consumo del material. organizo a la gente, coordino los trabajos de carpintería con la Junta Administrativa del colegio. Me ha ayudado mucho, mi salario en el Four Seasons era de ¢850.000 mensuales, en el proyecto son ¢325.000, es una bendición, nos tienen asegurados y con póliza de riesgo”, dijo el ingeniero Juan Diego Castro, quien es padre de dos hijas, tiene 54 años, y vive con su esposa.

Desde que perdió su empleo, en marzo, Castro ha buscado trabajo como ingeniero pero no ha tenido suerte. Sin embargo, hoy se considera muy afortunado de tener la oportunidad de tener un ingreso y ayudar a la comunidad. Trabaja de lunes a viernes de 8 a. m. a 3 p. m.

Elsa Bonilla relató que a pesar de que el trabajo es muy diferente a lo que estaban acostumbrados, le han puesto alma y corazón al proyecto.

“Yo les dije que en cada escuela y colegio había que hacer lo que cada uno pudiera con sus manos, si hay un techo malo, hay que repararlo; si hay que recoger basura, se recoge. Les dije que en lugar de pensar que nosotros estamos apoyando, pensaran que ellos estaban apoyando a la escuela, que cuando los estudiantes lleguen van a encontrar su escuela renovada, un paraíso. Todos están muy felices, me han dicho que es la mejor experiencia laboral de su vida”, dijo Elsa Bonilla.

Marceneth Carrillo, de 34 años, también labora en el proyecto y aprovecha su experiencia como contadora para ayudar en la oficina de Creciendo Juntos, preparando los pedidos de materiales y dando soporte a lo que necesiten los que trabajan en las escuelas y otros lugares.

Laboraba en el hotel Audaz y en junio fue despedida. Al igual que Juan Diego Castro, ella ha intentado buscar trabajo en su profesión, pero no ha tenido éxito.

“Ellos nos dan una canasta de víveres mensual, trae de todo, una canasta completa, es una maravilla. Tengo un salario mínimo, de no tener nada, a tener este ingreso ya es algo”, dijo Carrillo, quien vive con su mamá en Liberia.

Embellecimiento de Escuela Ignacio Gutiérrez, San Blas de Sardinal. Foto: Asociación Creciendo Juntos.
Embellecimiento de Escuela Ignacio Gutiérrez, San Blas de Sardinal. Foto: Asociación Creciendo Juntos.

Creciendo Juntos es una organización sin fines de lucro que ha trabajado durante más de 18 años apoyando 19 comunidades que rodean la península de Papagayo. Es una plataforma colaborativa que impulsa y canaliza acciones en inversión social, educación y salud, buscando el bienestar de las personas y la transformación de las comunidades en Guanacaste.

El director regional del MEP en Santa Cruz, Moisés Rocha, contó que la fundación ya les ha ayudado en otras oportunidades con donación de equipo de cómputo, libros, entre otros.

“Quiero resaltar el hecho de que en esta pandemia muchas personas quedaron desempleadas y en la asociación optaron por pintar los centros educativos y contratar a personas desempleadas para que así pudieran tener un poquito de ingreso en su familia con el embellecimiento de nuestros centros educativos, que realmente les hace mucha falta”, dijo el funcionario.