AFP. 19 marzo
Un judío (izquierda) daba su condolencia a un musulmán, este martes 19 de marzo del 2019 en la ciudad neozelandesa de Christchurch.
Un judío (izquierda) daba su condolencia a un musulmán, este martes 19 de marzo del 2019 en la ciudad neozelandesa de Christchurch.

Hong Kong. La matanza cometida en la ciudad neozelandesa de Christchurch por un supremacista blanco puso de relieve lo que muchos analistas consideran una amenaza de la extrema derecha, que a menudo escapa del radar de los servicios de inteligencia.

Al igual que otros grupos extremistas, los ideólogos racistas han aprovechado el poder y alcance de Internet para difundir ideas violentas y dar consejos sobre la logística del terrorismo.

Aunque no son un grupo bien definido con un liderazgo claro, representan un “punto ciego” para los servicios de seguridad, considera Amarnath Amarasingam, investigador del Institute for Strategic Dialogue.

En su opinión, cubrir este vacío, en lugar de centrarse principalmente en los militantes islamistas, tiene que ser una prioridad.

“En muchos ámbitos del gobierno y la política somos capaces de conectar con cierta facilidad diferentes ataques con arma blanca inspirados en (el grupo Estado Islámico) con un movimiento terrorista mundial”, escribió Amarasingam en Twitter tras el ataque de Christchurch.

“Pero nos cuesta hacerlo con el nacionalismo blanco, la derecha alternativa, etc.”, añadió.

Brenton Tarrant estaba impregnado de la ideología neofascista y antimusulmana, según un “manifiesto” que publicó en línea antes del asesinato de 50 personas en dos mezquitas, la semana pasada.No aparecía en ninguna lista de vigilancia y viajaba al extranjero a menudo.

Nueva Zelanda “analizará lo que las agencias relevantes sabían o podían o debían haber sabido sobre el individuo y sus actividades, incluyendo su acceso a las armas y si podrían haber evitado el ataque”, dijo el lunes la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern.

La amenaza blanca

Aunque los investigadores aún deben dilucidar detalles fundamentales y conexiones, el ataque de Christchurch ha generado preguntas sobre las políticas de contraterrorismo relativas a los extremistas de ultraderecha.

Los expertos dicen que el supremacismo blanco es un movimiento cohesivo, que une a gente de diversos puntos del mundo en una plataforma que predica sobre un ideal imaginado y racialmente “puro”.También rechaza la inmigración y suele mostrar una violenta antipatía respecto a judíos, musulmanes y mujeres.

En un artículo del 2011 que empezó a circular en Internet tras los atentados contra las mezquitas, el analista Thomas Hegghammer, del Norwegian Defence Research Establishment, describía el nacionalismo blanco violento como “una nueva doctrina de la guerra de civilizaciones”.

Es “lo más cercano que existe a una versión cristiana de Al Qaida”, decía.

 Brenton Tarrant no ocultó su odio a los musulmanes.
Brenton Tarrant no ocultó su odio a los musulmanes.

“Muchas formas de terrorismo de derecha son terrorismo internacional con redes internacionales, ideas y personalidades de todo el mundo”, escribe Daniel Byman, del Brookings Institute de Washington.

Los analistas consideran que un factor que alentó a extremistas como Tarrant es el ascenso del populismo de derecha y los partidos antiinmigrantes en todo el mundo.

“La demonización de las comunidades musulmanas, a menudo por parte de políticos que luego se dicen chocados y enojados cuando se produce la violencia, contribuye a la polarización de la sociedad e inspira violencia”, manifiesta Byman.

En Estados Unidos, se apunta a la retórica antiinmigrantes del presidente Donald Trump como ejemplo, con su frase “Estados Unidos primero”

.La reacción de Trump a lo ocurrido en Christchurch ha sido tachada de tibia, una opinión reforzada cuando el mandatario dijo ante la prensa que el nacionamismo blanco no es un problema en auge."Creo que se trata de un pequeño grupo de personas que tiene problemas muy, muy graves", manifestó.

Varios gobiernos australianos, incluido el del actual primer ministro Scott Morrison, fueron acusados de atizar el sentimiento antiinmigrante como estrategia electoral.

“Estos grupos extremistas –neonazis, supremacistas blancos, grupos de extrema derecha– como quieran llamarlos, han estado directamente en la mira”, afirmó el ministro australiano de Interior, Peter Dutton, defendiendo las medidas contraterroristas de Canberra.

Nueva Zelanda quiere investigar si sus servicios de seguridad e inteligencia presentan fallas ante la amenaza planteada por individuos como Tarrant, que pueden viajar por todo el mundo, a menudo sin necesidad de visa.

Según Dutton, Tarrant, de 28 años, solo pasó 45 días en Australia en los últimos tres años.

De acuerdo con el texto que publicó en Internet, empezó a plantearse un ataque en el 2017 estando en Europa occidental, donde aseguró que le impactó la cantidad de inmigrantes.

La manera en que la extrema derecha se organiza en línea y difunde sus ideas representa un reto por sí mismo.Para enfrentarlo, firmas tecnológicas –especialmente los gigantes de las redes sociales– tienen que emplear el mismo rigor que cuando identifican y filtran contenido yihadista.

“Hay que emplear métodos similares para otras formas de odio, igualmente letales, como el antimusulmán, el racista y la violencia antisemita”, señala Byman.