20 septiembre, 2010
 La dirigente socialdemócrata Mona Sahlin(centro derecha), habló hoy con la prensa en la sede del partido en Estocolmo, Suecia. AP.
La dirigente socialdemócrata Mona Sahlin(centro derecha), habló hoy con la prensa en la sede del partido en Estocolmo, Suecia. AP.

Estocolmo. AFP Las elecciones legislativas de ayer en Suecia trajeron incertidumbre política al país, con una coalición de centroderecha minoritaria que se ve obligada a negociar con la izquierda con tal de no aliarse con la extrema derecha, que se estrena en el Parlamento.

Tras conocerse los resultados electorales, el primer ministro Fredrik Reinfeldt, cuya coalición perdió su mayoría absoluta por tres escaños, repitió claramente que no se aliará con los Demócratas de Suecia (SD), el partido antiinmigración que entró al Parlamento.

“He sido claro. No vamos a cooperar ni depender de los Demócratas de Suecia”, espetó a sus seguidores el político de 45 años.

“Acudiré a los Verdes (miembros de la coalición de izquierda) para lograr un apoyo más amplio”, afirmó.

Ante la primera reelección de la derecha al frente del país, el derrumbamiento histórico de la socialdemocracia y sobre todo la conmoción causada por la subida de la extrema derecha, la prensa sueca constataba el lunes “el final de una época”.

Con su peor resultado desde 1914, los socialdemócratas, en el poder casi siempre desde 1932, perdieron su dominio sobre el Estado providencia sueco.

La dirigente socialdemócrata Mona Sahlin, de 53 años, se quedó con las ganas de convertirse en la primera mujer a la cabeza del Gobierno de Suecia, al no recabar más que el 30,9% de los votos.

“La época en la que un partido estaba abonado al poder y podía decidirlo todo afortunadamente acabó”, estima en su editorial Dagens Nyheter , el diario de referencia sueco.

“Hemos perdido. No fuimos capaces de recuperar la confianza”, constató Sahlin ayer ante sus simpatizantes, entre los cuales algunos lloraban.

Pero a este sismo político hay que añadirle otro, recalcan los observadores, con la entrada al Parlamento de los Demócratas de Suecia dirigidos por Jimmie Aakesson, de 31 años.

Con 5,7% de los sufragios, su partido consiguió 20 de los 349 escaños del parlamento sueco y se encuentra en una situación ideal para ofrecer la mayoría absoluta a la coalición, aunque ésta se ha apresurado a descartar la hipótesis.

“No crearemos problemas. Asumiremos nuestras responsabilidades. Se lo prometo al pueblo sueco”, aseguró Aakesson ayer por la noche ante un puñado de seguidores rebosantes de alegría frente a los focos de las cámaras del mundo entero.

Toda la prensa sueca lamentaba hoy el avance de la ultraderecha, que quiere acabar con la fuerte inmigración (más de 100.000 personas al año) en Suecia, uno de los pocos países europeos flexibles en la materia.

“Se bajó el estandarte de la tolerancia y las fuerzas oscuras acabaron reteniendo también como rehén a la democracia sueca”, lamentó en un editorial el tabloide Expressen (derecha), que llama a Fredrik Reinfeldt a decantarse por los Verdes.

“Si el precio a pagar es un puesto de ministro de Medio Ambiente e impuestos sobre la gasolina, no se debe dudar un segundo”, escribió.

Pero conseguir el apoyo de los 25 diputados Verdes parece complicado, ya que los ecologistas hicieron campaña con los socialdemócratas y en contra del gobierno Reinfeldt.

Ayer, la codirigente del partido de los Verdes, Maria Wetterstrand, matizó los planes del primer ministro.

“Va a ser muy difícil para nosotros, después de esta campaña, mirar a nuestros votantes a los ojos y decirles que vamos a cooperar con este gobierno”, dijo.

La coalición de cuatro partidos de Reinfeldt obtuvo el 49,3% de los votos, o sea 172 escaños, tres menos de la mayoría absoluta de 175. La coalición de tres partidos de izquierda, 157 escaños.