AFP. 4 septiembre
Jimmie Akesson, líder del partido ultraderechista Demócratas de Suecia, pronunció un discurso -el viernes 31 de agosto del 2018- durante un mitin electoral en la ciudad de Landskrona, sur del país.
Jimmie Akesson, líder del partido ultraderechista Demócratas de Suecia, pronunció un discurso -el viernes 31 de agosto del 2018- durante un mitin electoral en la ciudad de Landskrona, sur del país.

Ystad, Suecia. El partido ultraderechista y antiinmigrante Demócratas de Suecia (SD), surgido de la nebulosa nacionalsocialista, podría convertirse en la segunda formación política del país en las elecciones legislativas del domingo.

En los sondeos de intención de voto, el SD está justo detrás de los socialdemócratas -en el poder- y a la par del Partido Moderado (conservadores).

“Sabemos que estamos subevaluados (en las encuestas), lo estuvimos históricamente, no excluyo que seamos el partido más importante” el 9 de setiembre, afirmó el líder del partido, Jimmie Åkesson, en ocasión de un acto electoral en Ystad (sur), uno de los bastiones hitóricos de la extrema derecha.

El SD tiene 42 escaños de los 349 que cuenta el Parlamento. Perdió seis bancas por deserción. La suegra de Åkesson se fue el de la bancada y en 2016 una diputada fue excluida por antisemitismo.

Sverigedemokraterna, Demócratas de Suecia, se formó en 1988 durante una reunión en Malmö a la que asistieron tránsfugas de grupúsculos nacionalsocialistas y un exvoluntario de las SS.

El SD dio luego un giro en los años 2000, cuando su dirigencia decide transformarlo en un “partido como los otros”, un objetivo que lo obliga a cambiar su núcleo ideológico para pasar de la defensa “de la raza hacia la cultura”, explicó el politólogo Anders Sannerstedt.

"Los lazos con las organizaciones supremacistas blancas y nazis fueron abandonados", añadió.

Viraje cuestionado

En octubre del 2012, Jimmie Åkesson decretó “tolerancia cero contra el racismo y el extremismo” so pena de sanción o exclusión, una revolución regularmente criticada desde entonces por algunos diputados y militantes de la base.

Es más raro que lo hagan los cuadros, aunque en dos ocasiones, en el 2014 y en junio, Björn Söder, declaró que los judíos, que no están asimilados, no pueden ser suecos.

"Para el equipo dirigente, el objetivo prioritario fue normalizar el partido. Pero varias declaraciones muestran que aún le queda mucho por delante", constató el sociólogo Jens Rydgren, especialista de las derechas radicales en Europa.

La revista antirracista Expo y el periódico Expressen revelaron a fines de agosto que varios candidatos del SD en las elecciones locales, que se celebran también el domingo, militaron en el Frente Nacionalsocialista (NSF) u otros grupúsculos neonazis.

Algunos continúan pagando su membresía.

Sus electores son generalmente jóvenes. Según el instituto de estadística, el SD seduce a un cuarto de los hombres de entre 18 y 24 años.

Mujeres jóvenes escuchaban el viernes 31 de agosto del 2018, en Estocolmo, a un miembro del partido ultraderechista Demócratas de Suecia en aun acto de proselitismo electoral.
Mujeres jóvenes escuchaban el viernes 31 de agosto del 2018, en Estocolmo, a un miembro del partido ultraderechista Demócratas de Suecia en aun acto de proselitismo electoral.

La crisis migratoria del 2014 y 2015 favoreció la base de confianza del SD. Suecia acogió en ese periodo a unos 250.000 solicitantes de asilo, lo que en relación a su población (10 millones de habitantes) representa más que cualquier otro país europeo.

En ascenso

Pero el ascenso de la agrupación no es nuevo. Entre el 2010 y el 2014 ganó siete puntos y los sondeos de intención de voto les dan siete puntos adicionales para el domingo.

Su influencia en el debate público es cada vez mayor.

En 1998, solo 3% de los electores citaban el tema migratorio para justificar su voto. Veinte años después es la principal inquietud, con la salud y la escuela.

A principios del 2016, Suecia restableció los controles en las fronteras y adoptó una batería de medidas para disuadir a los candidatos al asilo.

Una doble victoria simbólica para la extrema derecha.