AFP. 4 mayo
El rey Maha Vajiralongkorn de Tailandia sentado en un palanquín real después de su ceremonia de coronación en el Gran Palacio de Bangkok, el 4 de mayo del 2019. Foto: AFP
El rey Maha Vajiralongkorn de Tailandia sentado en un palanquín real después de su ceremonia de coronación en el Gran Palacio de Bangkok, el 4 de mayo del 2019. Foto: AFP

Bangkok. Maha Vajiralongkorn, coronado este sábado rey de Tailandia, lanzó un llamado de “paz” en un país profundamente dividido tras las elecciones legislativas de marzo.

El rey Rama X, de 66 años, se dirigió este sábado por la tarde a los miembros de la familia real y a algunos de los más altos dignatarios del reino, entre ellos el jefe actual de la junta en el poder, Prayut Chan-o-Cha, para pedirles que lo ayuden a trabajar para "el bienestar del pueblo con el principal objetivo de prosperidad, seguridad nacional, paz y felicidad" de los tailandeses.

El monarca fue luego transportado en un palanquín al templo del Buda de Esmeralda, uno de los más sagrados del país, donde se proclamó jerarca real del budismo.

Unas horas antes, se había colocado él mismo la "Gran corona de la victoria", de oro y diamantes y más de 7 kilos de peso, convirtiéndose formalmente en el monarca del país asiático, tres años después de la muerte de su padre, Bhumibol Adulyadej, una espera debida al duelo.

Al pronunciar su primera y breve orden real, se comprometió a reinar "con justicia" en beneficio del pueblo tailandés.

Su cuarta esposa, Suthida, con la que se casó en una ceremonia sorpresa días antes de la coronación, fue investida como reina, arrodillada con respeto frente a su esposo, sentado en el trono.

La mayoría de los tailandeses observó por primera vez la pompa y grandeza de una coronación, porque la última había sido en 1950 para el amado padre del rey, Bhumibol Adulyadej.

Rama X es de la dinastía Chakri, que ha reinado Tailandia desde 1782.

El acto comenzó a las 10:09 a.m hora local (03H09 GMT), una hora escogida en función de los astros por ser considerada auspiciosa para el reinado.

Las ceremonias de este sábado comenzaron con el rey vestido con una bata blanca. El monarca se roció a sí mismo con agua sagrada venida de diversos puntos del país, al tiempo que se escuchaba una salva de cañones y cánticos budistas.

Para los religiosos locales, la coronación de Rama X representa también la transformación del monarca, de un ser humano a una figura divina.

Cientos de funcionarios, todos vestidos inmaculadamente en uniformes blancos, se alineaban a un costado de la sede real. Algunos turistas y grupos de tailandeses, con camisas amarillas, el color de la monarquía, se congregaron en los alrededores del palacio.

“Estoy orgulloso de vivir en Tailandia y de tener un rey que nos cuida”, declaró Jakarin Kerdchok, uno de los numerosos voluntarios empleados para la ceremonia.

País dividido

El rey Bhumibol, quien falleció en 2016, era visto como un símbolo de unidad en un país políticamente caótico. Rama X es menos conocido ya que cuida celosamente su vida privada, aunque se sabe que se casó cuatro veces.

Desde la muerte de su padre, Vajiralongkorn mostró poseer habilidad táctica y desempeña su papel influyente más allá de su condición de monarca constitucional.

En las recientes elecciones legislativas que se realizaron en Tailandia, el rey intervino directamente en dos oportunidades.

Primero, cerró el paso a las intenciones de su hermana de ser candidata al puesto de Primera Ministra por un partido de la oposición, y luego en un mensaje expresó su apoyo a los militares.

Los generales habían realizado un golpe de Estado en 2014 alegando que actuaban en defensa de la monarquía. Se trata de una idea que aún fue defendida por el partido de apoyo a la Junta Militar en las elecciones del 24 de marzo.

Desesperada por la ausencia de la divulgación de los resultados definitivos, la oposición tailandesa formó una coalición anti-Junta.

La oposición reivindica la victoria en las elecciones legislativas, pero los generales, fortalecidos por el apoyo recibido desde el palacio real, no dan señales de estar dispuestos a ceder el poder.

Los militares destinaron más de 26 millones de euros para la ceremonia, y movilizaron a decenas de miles de empleados públicos para la procesión de saludo al nuevo rey.

Ningún líder extranjero fue invitado a las ceremonias, de acuerdo con la “tradición”, según informó la cancillería.