AFP. 22 febrero
Cuban President Miguel Diaz-Canel delivers a speech during the inauguration of the 37th Session of CEPAL at the Convention Palace in Havana, on May 8, 2018 / AFP PHOTO / YAMIL LAGE
Cuban President Miguel Diaz-Canel delivers a speech during the inauguration of the 37th Session of CEPAL at the Convention Palace in Havana, on May 8, 2018 / AFP PHOTO / YAMIL LAGE

La Habana. Cerca de ocho millones de cubanos están llamados a votar el domingo en un referendo constitucional, donde en realidad se discute la vigencia del socialismo en medio de fuertes presiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, empeñado en borrarlo como sistema político en América.

La nueva carta magna, que busca reemplazar la de 1976, reconoce el mercado y la inversión privada y extranjera como actores en su economía de corte soviético, pero siempre bajo la dirigencia del único y gobernante Partido Comunista de Cuba, y asegura que “solo en el socialismo y en el comunismo el ser humano alcanza su dignidad plena”.

El lunes, Trump consideró en Miami que “los días del socialismo y el comunismo están contados en Venezuela, y también en Nicaragua y Cuba”, tres países señalados como “la troika de la tiranía” por su administración estadounidense.

El gobierno cubano desarrolla una campaña en redes sociales y las distintas estaciones de televisión estatal –las únicas en señal abierta– para lograr la aprobación mediante el hashtag #YovotoSí, apelando al patriotismo y cuestionando las posiciones contrarias.

La boleta que recibirán los electores tiene solo una pregunta, “¿Ratifica usted la nueva Constitución de la República?” y dos casillas a marcar, “sí” o “no”.

Frente a las presiones de Trump, "la primera victoria es la que tenemos que consolidar (...) el próximo domingo 24 de febrero con el voto del sí por la Constitución, que es un voto también por el socialismo, por la patria, por la revolución, por Fidel y por Raúl", dijo el miércoles el presidente, Miguel Díaz-Canel.

A diferencia de los tradicionales comicios que celebran en la isla cada cinco años, en los cuales los sectores opositores llaman a abstenerse, anular boletas o dejarlas en blanco, está vez convocan al no.

Consignas como #YovotoNo, impulsadas por la oposición ilegal en las redes sociales, no llegan a su destino cuando son compartidas vía SMS, según pudo comprobar la AFP.

“Toda esta propaganda ha creado la imagen de un suerte presión para que la gente vote sí, y que si votas no tienes un problema y eso a mí me parece que es contraproducente”, manifestó el académico Carlos Alzugaray.

Los resultados oficiales preliminares se difundirán el lunes por la tarde.

Para ganar se requiere el 50%+1 del padrón electoral. El gobierno da por descontado que el sí ganará de forma masiva. El voto es voluntario.

Este proyecto constitucional fue planteado en julio del 2018 y debatido en foros populares entre agosto y noviembre. El proyecto final, aprobado por el Parlamento en diciembre, ahora va a referendo.

De obtener el visto bueno de la población, el texto entrará en vigor tras su publicación en la Gaceta Oficial, en fecha no precisada.

En el hipotético escenario de que venza el no, continuaría vigente la Carta de 1976 y el gobierno tendrá que adecuar las normas para dar piso legal a las reformas ya aplicadas, pero marcaría un escenario político sin precedentes en 60 años de revolución.

La Constitución de 1976 entró en vigor con el respaldo del 97,7% de los que votaron. La reforma constitucional del 2002 para hacer "irrevocable" el socialismo obtuvo el 99,3%.

De aprobarse por un porcentaje considerablemente menor, tendría otras lecturas políticas.

"Por lo que he visto, tengo la sensación que, si se suma el no, los blancos, invalidados y abstenciones, oscilamos por un 20 y 30% (...) del total del padrón electoral, andaremos en el 60% (por el sí). Y de los válidos será entre el 70 y 80%, pero no va a ser el 97% (como en 1976). El país ha cambiado y es otra Constitución, con más complejidades", dijo Alzugaray.

Las redes sociales se convirtieron en una plataforma de crítica. Por esa vía también han reclamado cubanos emigrados, que pudieron participar en el debate del nuevo texto, pero la ley les impide votar.

Parte activa de la crítica partió de las iglesias católica y evangélica. Se opusieron a la propuesta inicial que modificaba el concepto de matrimonio como la "unión entre dos personas" (a cambio del vigente dice que es entre un hombre y una mujer).

El pedido religioso fue respaldado por la mayoría ciudadana y el gobierno retrocedió, dejando el tema para la reforma del Código de Familia. La medida no satisfizo del todo a la Iglesia, que ahora pide un voto de conciencia.

En tanto, esa rectificación debilitó el apoyo inicial de la comunidad LGBTI.

Los obispos católicos criticaron además que el proyecto apuntala al socialismo, dejando de lado otras formas de realización personal.

“Hay nuevas condiciones. Es una de las pocas veces que el pueblo tiene la posibilidad de decir que no”, consideró desde Miami el exalcalde de esa ciudad, el cubanoamericano Tomás Regalado.