6 enero
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez (centro, derecha), asistió este lunes 6 de enero del 2020 a la celebración de la Pascua Militar en el palacio Real, en Madrid.
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez (centro, derecha), asistió este lunes 6 de enero del 2020 a la celebración de la Pascua Militar en el palacio Real, en Madrid.

Madrid. El dirigente socialista Pedro Sánchez se someterá el martes a una nueva votación en el Parlamento español con el respaldo necesario para ser investido como presidente de un inédito gobierno de coalición de izquierda, que supondrá el fin de un prolongado bloqueo político.

El líder de 47 años perdió el domingo un primer voto de confianza en la cámara baja, al no contar con una mayoría absoluta de 176 sobre 350 diputados.

Pero este martes cuando el Congreso de los Diputados (cámara baja) se reúna a partir de las 12 horas locales (5 a. m. en Costa Rica) tendrá una nueva oportunidad, en una segunda vuelta en la que le serán suficientes más síes que noes.

Sumando los votos socialistas, de la izquierda radical de Podemos, su futuro socio de gobierno, y de varios pequeños partidos regionales, entre ellos los independentistas de ERC, Sánchez debería recibir 167 votos a favor y 165 en contra, un ajustado resultado que le permitirá ser investido presidente del Gobierno.

En una cámara baja muy fragmentada, el líder socialista se aseguró la semana pasada la abstención de los 13 diputados de Izquierda Republicana de Cataluña (ERC), indispensable para tener éxito en la segunda votación.

Su renovación en el poder pondría fin a una parálisis iniciada con las elecciones legislativas de abril, el posterior fracaso de la formación de un gobierno, y la repetición de los comicios en noviembre.

Pedro Sánchez pierde primera votación de investidura

España, sumida en una inestabilidad política crónica desde el 2015 cuando voló en pedazos el bipartidismo socialistas/conservadores (PSOE/PP), ha tenido cuatro elecciones generales en igual número de años.

Llegado al poder en junio del 2018 mediante una moción de censura que desbancó al conservador Mariano Rajoy, Sánchez liderará un gobierno de coalición entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), con 120 diputados, y Podemos (35), con un programa social, ecologista y feminista, enfocado en disminuir las desigualdades persistentes tras la crisis económica.

‘Coalición progresista’

“Con moderación y progreso pido la confianza mayoritaria de esta Cámara para que por fin España tenga un gobierno”, señaló Sánchez el domingo, quien afirmó que la “coalición progresista es el mejor antídoto contra la coalición del apocalipsis”, en referencia a la derecha y la extrema derecha.

Primer gobierno de coalición desde el fin de la Segunda República (1931-1939), el de socialistas y Podemos, cuyo líder Pablo Iglesias ocupará una vicepresidencia en el nuevo gabinete, promete un giro a la izquierda.

Entre las medidas que ya han hecho sonar las alarmas en círculos empresariales figuran el alza impositiva a los más ricos, la regulación de alquileres y la derogación parcial de una reforma liberal del mercado de trabajo.

Contra este pacto, pero sobre todo por recibir el apoyo de los independentistas catalanes de ERC, cargaron, incluso con insultos, los conservadores del Partido Popular (PP) y la extrema derecha de Vox, segunda y tercera fuerza respectivamente, un adelanto de lo que será una legislatura muy crispada.

Será un "gobierno Frankenstein" formado por "comunistas" y "separatistas", advirtió el líder del conservador Partido Popular (PP), Pablo Casado. "Nos enfrentaremos a esta operación de derribo constitucional (...), no habrá recurso que no utilicemos para combatir la pretensión de acabar con España", afirmó.

El debate lo concentró en buena parte por la crisis catalana, que tuvo su punto más álgido en el fallido intento de independencia de la región en octubre del 2017, hechos por los que fueron condenados a prisión en octubre nueve dirigentes separatistas, entre ellos el de ERC, Oriol Junqueras, lo cual desencadenó fuertes protestas, por momentos violentas, en la región.

En el marco de su acuerdo con ERC, el Gobierno Central y el ejecutivo regional catalán, controlado por los independentistas, deben instalar en dos semanas “una mesa de diálogo” para “encauzar el conflicto político sobre el futuro de Cataluña”.

En minoría y en un contexto de fragmentación y polarización, algunos analistas dudan de la estabilidad de un gobierno obligado a negociar con múltiples bandos para sacar adelante su programa.

“El paisaje político sigue siendo complejo. El nuevo gobierno será minoritario, las tensiones en Cataluña pueden exacerbarse de nuevo (...) y la situación fiscal dificulta incrementar el gasto”, señaló Steven Trypsteen, economista del banco ING.