AFP .   24 febrero
Fotografía del 24 de febrero que muestra al papa Francisco en el cierre de la cumbre sobre pederastia.

Ciudad del Vaticano. El papa Francisco se comprometió este domingo a combatir todos los casos de abuso sexual en la Iglesia con la “máxima seriedad”, en el último día de la histórica cumbre contra la pederastia en la institución religiosa.

En un largo discurso, el pontífice argentino comparó la “plaga” de los abusos sexuales a menores con las prácticas paganas del pasado de “ofrecer seres humanos” y reconoció que se trata de un problema “universal y transversal que desgraciadamente se verifica en casi todas partes”, dijo.

“Quisiera reafirmar con claridad: si en la Iglesia se descubre incluso un solo caso de abuso, que representa ya en sí mismo una monstruosidad, ese caso será afrontado con la máxima seriedad", afirmó ante los líderes de las 114 conferencias episcopales de todo el mundo, secretarios de congregaciones, obispos y cardenales, reunidos en la Sala Regia del Vaticano.

El pontífice, que el jueves al abrir los tres días de debates prometió “medidas concretas y eficaces”, anunció que la jerarquía de la Iglesia aplicará las estrategias de las organizaciones internacionales, entre ellas la ONU y la Organización Mundial de la Salud (OMS), para erradicar la pederastia “de la faz de la tierra”.

“Vamos a tomar todas las medidas posibles para que tales crimines no se repitan. Que la Iglesia vuelva ser creíble y confiable”, clamó una hora después durante el Ángelus en la plaza de San Pedro y aclaró que colaborarán con la justicia de todos los países, “sin encubrirlos o subestimarlos”.

El discurso fue mal recibido por algunas víctimas presentes en Roma para la contracumbre, que esperaban una respuesta más contundente. “Solo ‘bla, bla’. Todo culpa del diablo. No me sorprende, me decepciona”, comentó el suizo Jean Marie Furbringer, de una asociación de víctimas.

Durante la inédita cumbre, la cúpula de la Iglesia hizo un verdadero “mea culpa” y reconoció los propios errores tras haber encubierto el fenómeno durante décadas.

Una revolución “copernicana” para la Iglesia como dijo la víspera el cardenal australiano, Mark Benedict Coleridge, al mencionar el momento en que se dejó de creer que el Sol giraba alrededor de la Tierra y se descubrió que era exactamente lo opuesto.

“Ha llegado la hora de colaborar juntos para erradicar dicha brutalidad del cuerpo de nuestra humanidad, adoptando todas las medidas necesarias ya en vigor a nivel internacional y a nivel eclesial. Ha llegado la hora de encontrar el justo equilibrio entre todos los valores en juego y de dar directrices uniformes para la Iglesia”, adelantó el papa.

Un mensaje que el experto Jesús Bastante de la página católica Religión Digital definió “clave”, porque con ello se pone fin para siempre con el principio del “secreto pontificio”.

De manera “que las víctimas (...) puedan acceder a su expediente canónico, y la justicia no tenga que encontrarse con el muro de los Acuerdos Iglesia-Estado para investigar a un posible cura abusador”, explicó.

Pese a que no había un documento final previsto, el papa enumeró los puntos esenciales de su lucha contra la pederastia: seriedad impecable, verdadera purificación, formación, reforzar directrices de las conferencias episcopales, acompañar a las personas abusadas, atención al mundo digital y combatir el turismo sexual.

Durante la conferencia la mayoría de obispos que intervinieron reconocieron que es necesario establecer un código de conducta obligatorio que incluya informar a la justicia de cada país.

También pidieron elevar el nivel de formación, capacitación y selección de los seminaristas, así como el acceso a personal especializado, inclusive laico, como psicólogos y asistentes sociales, para detectar los abusos.

La cumbre, la primera sobre ese tema que se celebra en la historia de la Iglesia, estuvo marcada por las historias de horror y dolor narradas cada día por algunas víctimas de abusos ante los líderes católicos, reunidos en la Sala del Sínodo del Vaticano.

Relatos dramáticos que sacudieron las conciencias de los obispos, pero que algunas víctimas, como el italiano Francesco Zanardi, tildaron de “mera estrategia mediática”.

Para evitar que sean destruidos archivos sobre los autores de abusos sexuales, algo denunciado en la cumbre, será aprobado un “vademecum” con los criterios que todo obispo tiene que aplicar.

Se trata del mayor reto que ha tenido que encarar Francisco, cuyos seis años de pontificado han estado marcados por los escándalos en Estados Unidos, Australia y, sobre todo, Chile, donde su visita se vio ensombrecida por esta cuestión.

“Tenemos que reconocer que el enemigo está dentro” de la Iglesia, confesó el cardenal colombiano Rubén Salazar, presidente de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam) en una de las intervenciones más fuertes y claras.

Consciente de las elevadas expectativas de la cumbre, el papa advirtió que “el problema del abuso continuará” y que la batalla apenas comienza.