Josué Bravo. 23 abril
Juan Sebastian Chamorro, miembro de la Alianza Cívica, en conferencia de prensa, el 11 de abril, denunciando que los delegados de Daniel Ortega bloquean las negociaciones en Nicaragua. Roberto Fonseca/ LA PRENSA.
Juan Sebastian Chamorro, miembro de la Alianza Cívica, en conferencia de prensa, el 11 de abril, denunciando que los delegados de Daniel Ortega bloquean las negociaciones en Nicaragua. Roberto Fonseca/ LA PRENSA.

Juan Sebastián Chamorro es economista, fue viceministro de Hacienda en el 2006, tiene experiencia en el sector privado y, ahora, es el director ejecutivo la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides).

Además de dirigir este centro de pensamiento independiente, participa como miembro de la opositora Alianza Cívica en el segundo diálogo nacional con el gobierno de Ortega.

En su criterio, un año después de haber iniciado la crisis política y social que llevó a Ortega a dialogar una salida pacífica al conflicto, el país vive una realidad insostenible.

Insostenible, según Chamorro, por la continua violación de derechos humanos de parte del gobierno, la cual deja 325 muertos, unos 2.000 heridos y centenares de detenidos; periodistas encarcelados y ONG cerradas.

También es insostenible, añade, por los efectos de la crisis en la economía, lo cual deja 400.000 desempleados (según Funides), aumento de la pobreza, caída de la inversión pública, disminución del turismo y la construcción estancada, entre otros indicadores negativos.

Con ese escenario, Ortega debería mostrar una mejor voluntad de diálogo, dado que, hasta el momento, dos de los acuerdos suscritos han sido incumplidos. Ni siquiera, añadió, ha cedido en puntos básicos como el que los ciudadanos puedan ondear la bandera del país sin ser encarcelados.

- ¿Cuál sigue siendo la demanda de la población con relación a hace un año?

- La gente, en su inmensa mayoría, está buscando una solución pacífica a esto a través de un diálogo sincero que busque encontrar soluciones al problema y, esa inmensa mayoría, que es aproximadamente el 85% de la población, cree que una solución es el adelanto de las elecciones, a fin de que el país se encamine hacia la democratización plena y la tranquilidad. En ese sentido, como la Alianza Cívica, hemos planteado el adelanto de las elecciones como una de las soluciones principales.

- El tema de una salida democrática descartando la violencia, ¿la pide el pueblo porque aprendió de los trágicos efectos de la última guerra en los 80?

- Yo creo de que el pueblo de Nicaragua lo comprendió desde el inicio de esta protesta, hace un año, de que la solución nunca fue una solución violenta. Todo lo contrario: ha sido visible la calidad cívica y pacífica de las protestas durante este año y ha sido visible, al mismo tiempo, el uso de la violencia y el uso excesivo de la fuerza por parte del gobierno.

Ante ese uso excesivo uso de la fuerza, se ha contrapuesto la voluntad del pueblo nicaragüense de ondear la bandera nacional y buscar una solución pacífica.

- ¿Cómo está la oposición azul y blanco un año después, cuando parte de sus líderes están encarcelados o en el exilio?

Yo digo que hoy está más fuerte que nunca. Nos agrupa y nos integra el deseo de la democracia, de la solución pacífica. Es natural y se entiende que haya discusiones y puntos de vistas alternativos, esa es la esencia de la democracia.

- Pero hay figuras que han respaldado la protesta azul y blanco que cuestionan el diálogo de la Alianza Cívica con el gobierno...

- No ha habido un pronunciamiento de parte de la Unidad Azul y Blanco (UNAB) en contra del diálogo nacional. (La UNAB) siempre ha apoyado la solución negociada y dialogada, siempre ha mantenido esa posición.

Es natural que, ante una mesa de diálogo, haya una opinión de cuál debe ser, en la opinión de cada quién, la estrategia más sensata o la que ellos consideran más eficaces.

Nosotros hemos llevado una que se basa en mantenernos fiel a nuestra agenda fundamental, que lo establece las necesidades del pueblo. Hemos considerado una estrategia de negociación lo más estrictamente apegados a esos principios.

Entonces, es natural que haya siempre observaciones a este tipo de procesos, desconfianza y frustraciones sobre todo ante un gobierno que ha mostrado poca voluntad en el dialogo. Pero la oportunidad se le planteó, la oportunidad se le dio al gobierno.

Está desaprovechándola a través de unas tácticas de burla al pueblo de Nicaragua en el sentido de no ejecutar acciones ya firmadas en la mesa de negociación y no avanzar en eso. Ojalá recapacite y retome la senda del diálogo efectivo y podamos avanzar mas rápidamente.

- Hablando de dialogo, ¿qué llevó a la Alianza Cívica a volverse a sentar con el gobierno?

- Lo que nos lleva a dialogar es la convicción de que la única solución a esto es el diálogo y la negociación. Si hubiera otra alternativa, igual la hubiéramos considerado, pero la alternativa es el dialogo y siempre vamos a estar abiertos.

Si ellos ya no quieren cumplir y quieren hacer la táctica dilatoria, el pueblo y la opinión pública nacional e internacional determinará quien es el que tuvo la voluntad de buscar una solución a esto. Yo creo que la gente está bastante clara que la voluntad ha sido de la Alianza de buscar soluciones y el gobierno la de prácticamente incumplir.

- Mientras, la realidad del país sigue siendo insostenible desde lo económico y los derechos humanos...

Sí. O sea, como te digo, la alternativa del diálogo es la única viable. Lo que debería de haber es, de parte del gobierno, un cambio de voluntad, aprovechar la oportunidad para unir esfuerzo con la gran mayoría de la gente y buscar soluciones.

- ¿El diálogo esta en un punto muerto luego de acordar la liberación de presos políticos, pero sin concretar temas de justicia y democracia?

- El diálogo está en una etapa de seguimiento a la implementación de lo ya acordado, principalmente, en el tema de la liberación de los presos donde existe el compromiso firmado ante garantes internacionales que, en un lapso de 90 días que empezaron a contar el 20 de marzo, serán liberados, lo cual significa excarcelación y anulación de procesos judiciales de todos los presos políticos.

Eso es a lo que le estamos dando seguimiento en este momento y seguimiento al acuerdo del 29 de marzo, que establece el restablecimiento de las garantías ciudadanas que tampoco lo está cumpliendo el gobierno.

Estamos encontrando la férrea resistencia del gobierno a acceder a puntos básico como poder ondear la bandera del país de manera libre, sin caer preso.

- ¿Cómo pretende la Alianza lograr acuerdos básicos como adelantar las elecciones si Ortega no cede en el punto de permitir ondear la bandera de Nicaragua?

- En primer lugar, nosotros veíamos muy difícil que se liberara a un preso político hace dos meses y ya vemos que esta mesa de negociación ha logrado la excarcelación de 230 personas. Entonces, no hay que aferrarse a que las posiciones son muy difíciles.

Gracias a la presión de la mesa del dialogo, etcétera, así creemos nosotros que la presión internacional y la presión nacional lleven al gobierno a reflexionar en los temas en los que no se ha logrado avanzar en esta negociación que no está muerta.

- ¿El diálogo es un tema de tiempos o de alcanzar verdaderos logros sin importar cuánto se demore?

- No, la mesa de negociación estableció un mes para encontrar un acuerdo sobre temas puntuales.

- Es un diálogo o negociación?

- Es una negociación.

- ¿Estará en la mesa de negociación beneficios para Ortega, entiéndase una amnistía?

- Eso no fue planteado por la delegación de gobierno porque no quisieron tomar el tema de justicia a fondo

- Pero ¿la Alianza estaría dispuesta a escuchar o negociar sobre este tema?

- Para nosotros la amnistía no es negociable.

- ¿Qué pasará en Nicaragua sin un pronto acuerdo político? ¿Podrá Ortega llegar hasta el 2021 partiendo de las actuales condiciones?

- No creo que el país , en las condiciones actuales, pueda llegar hasta el 2021. Esperar hasta el 2021 sería llevar al país a una situación más aguda de lo que estamos viendo actualmente y eso traería un enorme costo social para miles de familias nicaragüenses.

- Sin acuerdos pronto, ¿es posible un nuevo estallido social como en abril?

- Yo creo que la situación es de muchísimo descontento y cualquier cosa puede ocurrir.

- ¿Cómo se puede entender que uno, cuando llega desde el exterior, ve cierto dinamismo en los centros económicos de las ciudades, sobre todo el comercio? También hay afluencia a las playas.

- Creo que la actividad económica siempre es relativa. El que haya gente en los mercados no significa que la cuestión este normal. Uno tiene que ver cuánta gente había en el mercado hace uno o dos años antes de la crisis y cuánto hay ahora. Es evidente que la afluencia de las personas a los centros de compras y también en los centros de veraneo en Semana Santa es mucho menor que el año pasado, o sea, estamos hablando de casi medio millón de personas que la están pasando muy mal y esto hace que el consumo se disminuya considerablemente. Encima de eso, hay que tomar en cuenta la reforma tributaria implementada el mes pasado por el gobierno, que aumenta sensiblemente mucho (el costo) de los productos de consumo masivo, principalmente las bebidas gaseosas, las cervezas, cigarrillos.