AP y AFP. 9 diciembre, 2019
Militares venezolanos, refugiados en la Embajada de Panamá en Caracas, realizaban ejercicios.
Militares venezolanos, refugiados en la Embajada de Panamá en Caracas, realizaban ejercicios.

Miami. Durante siete meses, con los nervios de punta, durmieron de día en una estrecha habitación sobre el piso frío, pasando las noches rezando, levantando pesas hechas con jarrones de agua y viendo por la ventana de la misión diplomática, temerosos del espionaje oficial.

Pero el lunes, 16 militares venezolanos que se habían rebelado contra el gobierno de Nicolás Maduro y que llevaban meses refugiados en la Embajada de Panamá en Caracas estaban fuera del país.

The Associated Press habló de forma exclusiva con los líderes del grupo, quienes ofrecieron la primera versión detallada de la manera en que tramaron un alzamiento militar, el 30 de abril, que dejó al descubierto grietas en el respaldo a Maduro entre las filas armadas.

Por razones de seguridad, los tenientes coroneles Illich Sánchez y Rafael Soto se negaron a revelar exactamente cómo o cuándo salieron de Venezuela. Revelaron solamente que viajaron en grupos pequeños como parte de una “operación militar” clandestina que contó con el apoyo de docenas de soldados de rangos bajos y sus comandantes.

“Salimos de Venezuela, pero nuestra lucha para restaurar la democracia sigue”, dijo Sánchez en entrevista desde un lugar secreto.

Horas después, el gobierno de Panamá confirmó que los uniformados que estaban en condición de “huéspedes” en su legación la abandonaron voluntariamente.

“Confirmamos que ya ninguno de los mencionados ciudadanos venezolanos se encuentra en la sede diplomática de Panamá en Caracas”, indicó la Cancillería panameña en un comunicado.

Los militares salieron de manera voluntaria luego de comunicárselo a los funcionarios que allí laboran, y tras “agradecer a Panamá su estadía como huéspedes”, agregó.

El comunicado no precisó cuándo los militares abandonaron la embajada o cuál fue su destino.

La narrativa hasta ahora secreta de cómo Sánchez y Soto lograron engañar a sus superiores y tramar una revuelta contra Maduro refleja el grado de descontento y temor entre las fuerzas armadas venezolanas, en momentos en que el presidente se aferra al poder pese a duras sanciones económicas estadounidenses impuestas a raíz de elecciones, que Maduro dice haber ganado, pero que son consideradas fraudulentas.

Los dos oficiales parecían ser los apropiados para un operativo tan riesgoso. Habían ascendido entre las filas hasta llegar a posiciones de comando, ganándose la confianza de los comandantes y teniendo un control directo sobre soldados.

Sánchez, de 41 años, fue comandante de una guarnición de unos 500 guardias nacionales responsables de proteger dependencias públicas en Caracas, inclusive el palacio presidencial de Miraflores y la sede del Tribunal Supremo. Soto, de 43, estuvo por un tiempo asignado al Servicio Bolivariano de Inteligencia(Sebin, policía política), comandando un equipo de 150 agentes con órdenes de espiar contra opositores.

Los dos militares, amigos desde hace años, cuentan que con los años se sentían más y más frustrados por el colapso de la economía venezolana y empezaron a tramar en secreto un intento de derrocar a Maduro. Eventualmente establecieron contacto con la oposición, incluso con el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, quien es considerado el presidente legítimo de Venezuela por muchos venezolanos, además de Estados Unidos y poco más de 50 países.

El 30 de abril, asombraron a Venezuela al aparecer con tanques y efectivos fuertemente armados en un puente en el este de Caracas al lado de Guaidó y el activista Leopoldo López, a quienes liberaron de un arresto domiciliario que consideraban ilegítimo.

El coronel Rafael Soto sostenía una bandera venezolana mientras Juan Guaidó hablaba a sus seguidores en las afueras de la base aérea de La Carlota, en Caracas, el 30 de abril del 2019.
El coronel Rafael Soto sostenía una bandera venezolana mientras Juan Guaidó hablaba a sus seguidores en las afueras de la base aérea de La Carlota, en Caracas, el 30 de abril del 2019.

“Cuando fui hablar con mi tropa a las 2 a. m. y les dije que íbamos a liberar a Venezuela algunos quebraron en llanto. No lo podían creer, pero estaban comprometidos desde el primer momento", recuerda Sánchez, quien como parte de su responsabilidad como guardia en la Asamblea Nacional con frecuencia tenía que comunicarse con legisladores de la oposición.

Agrega Soto: "Estaba la mesa servida para que el país tuviera una transición pacífica".

Sin embargo, se sienten defraudados por allegados de Maduro, entre ellos el presidente del Tribunal Supremo, Maikel Moreno, y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, quien -según dicen- incumplieron su promesa de abandonar a Maduro. Tanto Moreno como Padrino han reiterado su lealtad a Maduro.

Búsqueda de refugio

En la confusión que siguió a la fallida rebelión, los militares buscaron protección en la parte trasera de motocicletas, sacándose sus uniformes y tocando las puertas, inicialmente sin respuesta, de varias embajadas.

En medio del caos, López llamó al entonces presidente panameño, Juan Carlos Varela, quien inmediatamente se puso a su lado y garantizó su entrada a la embajada.

Militares venezolanos que se refugiaron en la Embajada de Panamá en Caracas jugaban una partida de dominó.
Militares venezolanos que se refugiaron en la Embajada de Panamá en Caracas jugaban una partida de dominó.

En una entrevista, Varela recordó cómo dos meses antes de la invasión estadounidense a Panamá en 1989, el entonces dictador general Manuel Noriega aplastó una rebelión similar y ordenó la ejecución de más de 10 rebeldes.

“No podíamos dejarlos solos... El Sebin estaba a tres metros de la puerta. Iban a matarlos a todos”, expresó Varela.

La embajada, en un alto edificio de oficinas ocupado por empresas estatales y contratistas del gobierno, se convirtió en su hogar los siguientes siete meses. Ambos militares venezolanos agradecieron al personal de la embajada y al pueblo panameño.

Estando en la embajada, los 16 militares se esforzaron por mantener la disciplina militar. A fin de no molestar al personal diplomático, decidieron dormir de día, en delgados colchones en una pequeña habitación. Y de noche, cuando los empleados se iban a sus casas, cocinaban con una pequeña hornilla, hacían ejercicios con pesas improvisadas a partir de botellones de agua y leían textos religiosos en círculo.

El teniente coronel Illich Sánchez fue parte del grupo de 16 militares que estuvo refugiado durante siete meses en la Embajada de Panamá en Caracas.
El teniente coronel Illich Sánchez fue parte del grupo de 16 militares que estuvo refugiado durante siete meses en la Embajada de Panamá en Caracas.