Política

La ‘energía juvenil’ acabará con ‘dictaduras dinásticas’ en Nicaragua, asegura Sergio Ramírez

En 2018 multitudinarias protestas callejeras contra el gobierno de Ortega y de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, fueron reprimidas por las fuerzas estatales, con un saldo de 355 muertos y miles de exiliados

San José, Costa Rica. Exiliado en España, requerido por la justicia de Nicaragua, el escritor y exvicepresidente Sergio Ramírez aguarda que los jóvenes de su país provoquen un cambio que acabe con “dictaduras dinásticas” como la de su excamarada Daniel Ortega.

“Ese espíritu de los jóvenes del 2018, de las barricadas, va a volver, no fracasó, apenas empezó. Es esa energía juvenil la que va a hacer el cambio en Nicaragua”, dijo Ramírez donde el lunes recibió un doctorado honoris causa de la Universidad de Costa Rica (UCR).

“No estamos condenados a ser un país productor de dictaduras dinásticas”, sostuvo el escritor, que también es abogado y ganó el prestigioso premio Cervantes en 2017.

En 2018 multitudinarias protestas callejeras contra el gobierno de Ortega y de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, fueron reprimidas por las fuerzas estatales, con un saldo de 355 muertos y miles de exiliados, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Decenas de manifestantes fueron detenidos y luego liberados en 2019, tras una negociación que terminó en amnistía. Pero varios han vuelto a quedar tras las rejas.

“Ya hay una nueva ola de represión y (el gobierno de Ortega) ha cerrado los poros por los que respira la sociedad civil”, dijo Ramírez.

Además de la detención de unos 40 opositores el año pasado, antes de la reelección del exguerrillero Ortega por cuarto mandato consecutivo en unos cuestionados comicios, el gobierno ha ilegalizado casi dos centenares de organizaciones educativas y no gubernamentales en los últimos cuatro años.

El autor de novelas como “Castigo divino” y “Tongolele no sabía bailar” pidió no olvidar a los opositores presos e hizo mención al obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez, y al párroco Harvin Padilla, sacerdote en Masaya, críticos del gobierno, quienes esta semana denunciaron hostigamiento policial.

Ortega ha acusado reiteradamente a los obispos de “golpistas” por refugiar en sus templos a manifestantes que huían o que fueron heridos durante la represión de 2018. Un activista de aquellas manifestaciones fue detenido la semana pasada.

De acuerdo con Ramírez, el gobierno de Ortega se aprovechó de la coyuntura mundial, enfocada en Ucrania, para agudizar sus medidas contra la oposición.

Y aunque la comunidad internacional ha aplicado sanciones contra el círculo familiar y de poder de Ortega, para Ramírez no son suficientes.

“Las sanciones que ahora le han puesto son simbólicas, no afectan la capacidad que la dictadura tiene para manejar, aunque sea en términos económicos pobres, la situación del país”, expresó.

“Es muy difícil lidiar con una dictadura represiva, que le conviene que la gente se exilie. La inteligencia, las bielas que mueven a Nicaragua están fuera. Represión y exilio: así funcionan las dictaduras”, añadió.

Ramírez combatió junto a Ortega a la dictadura de los Somoza (1937-1979) y fue su vicepresidente durante su primer gobierno (1985-1990). Sin embargo, se distanció de él por discrepancias en el liderazgo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, izquierda).

Así como hizo con decenas de opositores presos, el gobierno de Ortega acusó a Ramírez de “conspirar” para “menoscabar la integridad nacional” e “incitar al odio y la violencia”, y la fiscalía pidió su detención en septiembre pasado.

“La revolución” contra Somoza “fue una utopía que se convirtió en una distopía. Creíamos profundamente en un cambio para beneficio del país; terminó en una dictadura como cualquier otra que hayamos tenido en Nicaragua... No fue por eso que luchamos en 1979″, dijo Ramírez.

En 2021 el escritor se exilió en España, país del cual tiene nacionalidad. Ya antes había debido padecer el exilio, bajo la dictadura de Anastasio Somoza Debayle (1967-1972/1974-1979), el último de la dinastía somocista, iniciada por Anastasio Somoza García en los años ‘30.

“Cuando Somoza me sacó de Nicaragua, me acusó de los mismos crímenes que hoy me acusa la dictadura (de Ortega): traición a la patria, incitación a delinquir, pero yo desafié la orden de prisión”, recordó.

“Teníamos un compromiso profundo, lo sigo teniendo, pero no soy parte de un proyecto político de cambio hoy en día. Construir esa alternativa para el país le corresponde a los jóvenes de hoy. Yo soy un observador crítico en medio de la acción política: esa es la diferencia”, consideró.

Pese a las circunstancias y que ahora “en Nicaragua todo peligra”, confía en que volverá a caminar por las calles de Managua.

“No tengo la esperanza, tengo la seguridad”, sostuvo.

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