AFP . 24 abril

Vladivostok, Rusia. Tras el fiasco de su cumbre con Donald Trump sobre la cuestión nuclear, el líder norcoreano, Kim Jong Un, busca el apoyo de un aliado histórico al reunirse por primera vez con el presidente ruso, Vladimir Putin, este jueves en Vladivostok, en el Extremo Oriente ruso.

A pesar de sus repetidas invitaciones a Kim, Rusia se mantuvo hasta ahora marginada de la espectacular distensión observada en la península de Corea desde principios de 2018.

El presidente ruso, Vladimir Putin y el líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, posan para una foto este jueves durante su reunión en Vladivostok, Rusia. Foto: AP
El presidente ruso, Vladimir Putin y el líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, posan para una foto este jueves durante su reunión en Vladivostok, Rusia. Foto: AP

Pero dos meses después del rotundo fracaso de su segundo encuentro con el presidente estadounidense, Donald Trump, en Hanói, el dirigente norcoreano busca apoyos en su pulso con Washington.

También persigue un cierto reequilibrio de sus relaciones entre China, su aliado más cercano, y Moscú, su aliado tradicional de la Guerra Fría.

Putin aterrizó este jueves en Vladivostok, donde Kim Jong Un había llegado la víspera a bordo de su tren blindado color verde oliva. Su encuentro se celebrará en la isla de Russki, donde se instalaron banderas rusas y norcoreanas y se desplegó un importante dispositivo de seguridad.

No se prevé que haya un comunicado ni se firmen acuerdos en la cumbre, la primera a este nivel entre los dos países desde el encuentro en 2011 entre Kim Jong Il y el expresidente y actual primer ministro Dmitri Medvedev.

El padre del actual líder norcoreano afirmó en aquella ocasión que estaba dispuesto a renunciar a los ensayos nucleares. Pero Kim Jong Un presidió cuatro ensayos nucleares y el lanzamiento de misiles intercontinentales capaces de alcanzar el territorio continental estadounidense.

“Espero que esta visita sea exitosa y útil”, declaró el dirigente norcoreano a la televisión rusa durante una parada de su tren tras cruzar la frontera rusa. Kim explicó también que quería hablar con Putin de “la manera concreta de resolver la situación en la península coreana”.

Después de años de aumento de la tensión debido a los programas nuclear y balístico de Pyongyang, Kim se reunió en cuatro ocasiones desde marzo de 2018 con el presidente chino, Xi Jinping, tres con el presidente surcoreano, Moon Jae-in, y dos con Trump.

En Hanói, Corea del Norte intentó conseguir una reducción de las sanciones internacionales aplicadas para obligarla a renunciar a sus armas atómicas. Pero las discusiones terminaron antes de lo previsto debido a los profundos desacuerdos con Washington, sobre todo por las concesiones que Pyongyang estaba dispuesta a hacer.

Moscú defiende un diálogo con Pyongyang sobre la base de una hoja de ruta definida por China y Rusia, país que ya solicitó la retirada de las sanciones internacionales, en tanto que Estados Unidos la acusó de ayudar a Corea del Norte a sortearlas.

“Algunos países occidentales reivindican un liderazgo mundial, se burlan sin vergüenza de las normas y principios del derecho internacional, practican el chantaje, las sanciones y las presiones e intentan imponer sus valores e ideales a países y poblaciones enteras”, criticó Vladimir Putin en una entrevista al Diario del Pueblo.

Además de la cuestión nuclear, se prevé que los dos dirigentes aborden el refuerzo de su cooperación económica y, más concretamente, la cuestión de la mano de obra norcoreana. Alrededor de 10.000 trabajadores están empleados en Rusia, lo que supone una preciada fuente de divisas para Pyongyang.

La resolución 2397 del Consejo de Seguridad de la ONU de diciembre de 2017 instaba a todos los países que emplean a norcoreanos enviarlos de vuelta a su país en el plazo de dos años.

Las relaciones entre Pyongyang y Moscú se remontan a la época soviética. La URSS colocó al abuelo de Kim Jong Un y fundador de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), Kim Il Sung, en el poder y le aportó un apoyo crucial durante la Guerra Fría.

No obstante, durante este periodo las relaciones fueron irregulares, sobre todo porque Kim Il Sung destacaba en el arte de aprovechar la rivalidad chino-soviética para obtener concesiones de sus dos poderosos vecinos.

Poco después de su primera elección como presidente de Rusia, Vladimir Putin intentó normalizar las relaciones y se reunió en tres ocasiones con Kim Jong Il, padre y antecesor del actual líder. El primer encuentro fue en Pyongyang en el 2000, lo que convirtió a Putin en el primer dirigente ruso que viajó a Corea del Norte.