Por: AFP.   15 mayo

Caracas. El gobierno venezolano tomó el control de la filial de la empresa estadounidense de alimentos Kellogg, luego de que este martes cesó sus operaciones por el acelerado deterioro económico del país.

Durante un acto de campaña para las presidenciales del domingo, en las que busca reelegirse, el mandatario Nicolás Maduro dijo que las autoridades reabrieron la planta y producirá en manos de “la clase obrera”.

Ante miles de seguidores en la ciudad de Valencia (norte), Maduro denunció que el cierre busca “asustar al pueblo” en vísperas de los comicios, cuyos resultados no reconocerán Estados Unidos, la Unión Europea y varios países latinoamericanos.

El ministro de Trabajo de Venezuela, Néstor Ovalles, habla con los trabajadores de Kellogg frente a la fábrica de la empresa en Maracay, Venezuela. Los trabajadores que llegaron el martes 15 de mayo para el turno temprano se sorprendieron al encontrar un aviso de cierre pegado a una verja de hierro.
El ministro de Trabajo de Venezuela, Néstor Ovalles, habla con los trabajadores de Kellogg frente a la fábrica de la empresa en Maracay, Venezuela. Los trabajadores que llegaron el martes 15 de mayo para el turno temprano se sorprendieron al encontrar un aviso de cierre pegado a una verja de hierro.

”¡Imperialistas, oligarcas, a este pueblo no lo asusta nadie! Este pueblo tiene un presidente y un gobierno que lo protege”, lanzó en medio de aplausos, y añadió que pedirá una orden de captura internacional contra los dueños y accionistas de Kellogg.

El fabricante de cereales cerró este martes las puertas de su fábrica en Maracay (130 km al oeste de Caracas), finalizando 57 años de actividades en el país, que durante años fue considerado un paraíso para empresas estadounidenses.

Deterioro económico

“El deterioro de la situación económica y social ha obligado a que la compañía detenga sus operaciones y salga del país”, anunció en un comunicado la firma, que cubre 50% del mercado venezolano.

Añadió que “todos los activos, compromisos y garantías legales han sido cubiertos por Kellogg a favor de sus empleados, clientes y proveedores”.

Aunque la firma dijo que la distribución de productos y el uso de la marca quedan suspendidos, Maduro enfatizó que “Kellogg va a seguir produciendo” y que el cierre es ilegal.

“Es una lástima que el sector privado no pueda operar abiertamente en el país ahora y Kellogg es una muestra”, reaccionó el encargado de negocios de Estados Unidos en Caracas, Todd Robinson.

La decisión sorprendió a los trabajadores –unos 300- que se encontraron con la reja de la fábrica encadenada y un aviso de cierre.

“Buscaremos retomar nuestras operaciones en Venezuela una vez que las condiciones del país así lo permitan”, indicó Kellogg en el texto enviado a AFP.

El cierre se suma al de otras multinacionales en los últimos años por la debacle del país petrolero, como las estadounidenses General Motors, Kimberly-Clark y Clorox.

Otras, como Coca Cola y Colgate, han cesado temporalmente o recortado operaciones.

General Motors, principal constructor de automóviles de Estados Unidos y presente en Venezuela durante 69 años, tenía paralizada su planta antes de que el gobierno la expropiara, decisión que llevó al despido de 2.700 empleados.

La figura de la mascota de Kellogg, Tony el Tigre, se encuentra detrás de la valla de la fábrica Kellogg's, en Maracay, Venezuela, el martes 15 de mayo. Los trabajadores que llegaron temprano se encontraron ante un aviso pegado a puerta de entrada informándoles que la empresa se había visto obligada a cerrar sus operaciones.
La figura de la mascota de Kellogg, Tony el Tigre, se encuentra detrás de la valla de la fábrica Kellogg's, en Maracay, Venezuela, el martes 15 de mayo. Los trabajadores que llegaron temprano se encontraron ante un aviso pegado a puerta de entrada informándoles que la empresa se había visto obligada a cerrar sus operaciones.

Las multinacionales lidian con millones de dólares de pérdidas ante un caos económico en el cual la moneda local, el bolívar, se ha devaluado 95% desde febrero.

Por ello, Kellogg separó contablemente su negocio en Venezuela a fines de 2016, y “operaba como una empresa aparte”, explicó el comunicado.

En julio de 2017, la papelera Kimberly-Clark también fue intervenida tras cesar operaciones. Entonces, debió pasar a pérdidas unos 153 millones de dólares.

Además de la devaluación, la hiperinflación -que según el FMI alcanzará 13.800% en 2018-, la escasez de divisas que monopoliza el Estado, y los controles de precios, hacen que las compañías no puedan calcular con precisión sus ingresos en Venezuela.

Una docena de aerolíneas extranjeras emigraron desde 2014, por deudas del gobierno que rondan los 3.800 millones de dólares.

Crisis de alimentos

El caso de Kellogg impacta uno de los sectores más golpeados por la crisis: el de alimentos, muchas veces escasos o impagables, ya que el ingreso básico solo da para medio kilo de carne.

La escasez de insumos -que no pueden ser importados por falta de dólares- provoca que el sector privado solo pueda abastecer 25% del consumo, frente a 70% de 2008, según Fedeagro.

La producción de maíz blanco -básico en la dieta nacional-, solo cubre 20% de la demanda, pero también son críticos renglones como arroz (34%), azúcar (20%) y hortalizas (25%), de acuerdo con el gremio.

A ello se suma que 85% de la maquinaria agrícola es obsoleta.

No solo las empresas extranjeras están golpeadas. El Grupo Polar, mayor productor de alimentos del país, se ha visto obligado a parar líneas de producción como la harina de maíz y la cerveza, por falta de materia prima.