AFP.   6 febrero, 2019
Carlos Calleja, excandidato presidencial por la Alianza Republicana Nacionalista, dio cuna conferencia de prensa el domingo 3 de febrero del 2019, poco después de conocer su derrota. (Photo by Oscar Rivera / AFP)

San Salvador. Izquierda y derecha, derrotadas por el exalcalde capitalino Nayib Bukele en las elecciones presidenciales de El Salvador, lamentan desconcertadas el fracaso que evidenció su distanciamiento de los electores, que rechazaron prolongar tres décadas de bipartidismo.

Bukele triunfó con amplia ventaja en la primera ronda electoral el pasado domingo y se prepara para la transición al poder, mientras el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN, izquierda gobernante ) y la Alianza Republicana Nacionalista (Arena, derecha) reflexionan sobre las causas de la derrota.

Bukele alcanzó el 53,3% de la votación, por encima de la coalición derechista encabezada por Arena, 31,7%, y del FMLN, con 14,4%. El partido minoritario Vamos recibió el 0,78% de los votos.

Arena y el FMLN gobernaron los últimos 30 años, y el resultado es un país con una economía débil, golpeado por la violencia pandillera de la que miles de salvadoreños escapan en busca de una mejor vida.

El presidente de Arena, Mauricio Interiano, acompañado de la cúpula de la agrupación, dijo el martes que el partido adelantará sus elecciones internas para definir el nuevo directorio, en el que no podrán reelegirse los actuales dirigentes.

Ante la andanada de reclamos que recibe el partido de sus miembros, Interiano hizo un llamamiento a “permanecer todos unidos” y clamó: “No dejemos que nos dividan”.

Por su parte, el secretario general del FMLN, Medardo González, manifestó este miércoles que el partido “asume la responsabilidad” por los deplorables resultados, y prometió que realizarán “un examen detallado de las nuevas realidades políticas y sociales, de nuestros métodos, y de nuestra estrategia”.

Anunció que el FMLN promoverá una mayor participación de “nuevas generaciones de jóvenes” en las elecciones internas que fueron adelantadas de diciembre del 2020 al primer semestre de este año.En esos comicios para cargos en el partido no se postulará nadie de “la vieja guardia” de 14 miembros, entre legendarios excomandantes guerrilleros y dirigentes, incluyendo el presidente saliente, Salvador Sánchez Cerén.

“Es lógico que Arena llore su derrota, y es lógico que el FMLN haga lo mismo”, declaró el analista y profesor universitario Dagoberto Gutiérrez.

Ambas agrupaciones, protagonistas del un bipartidismo que se alargó tres décadas, “no están en condiciones de saber qué es lo que ocurrió, porque unos y otros son cúpulas (y) en esos partidos no se hace política, son empresas donde se hace negocios”, añadió.

Arena gobernó El Salvador de 1989 a 2009, mientras que el FMLN lo hizo en el 2009 con el ahora prófugo expresidente Mauricio Funes, requerido por la Justicia por cargos de corrupción, y en el 2014 le siguió el actual presidente, Salvador Sánchez Cerén, quien finaliza su mandato el 31 de mayo.

Sin capacidad de autocrítica

Para Gutiérrez, la izquierda y la derecha “no están en capacidad de reflexionar” y en la necesidad de buscar responsables “culpan a la gente porque no entendió su mensaje”.

“La característica de esta coyuntura es que por primera vez en 30 años un movimiento social de diferente color, sabor, olor, y que no es solo Bukele, derrota a un bloque de partidos políticos hilvanado en un solo criterio político: que Arena no debía regresar y que el FMLN no debía continuar”, resumió el analista.

Hugo Martínez, aspirante presidencial por el FMLN, hacía la señal de la victoria cuando acudió a votar en un recinto en San Salvador, el domingo 3 de febrero del 2019.

Para el veterano analista político y dirigente socialdemócrata Héctor Dada, tanto el partido oficialista de izquierda como Arena perdieron su rumbo."Los dos grandes partidos parecen haber perdido el rumbo ideológico (...) ninguno de los dos le está dando rumbo al país, la realidad exigía cambios de quien estaba llamado a hacerlo y no lo hicieron".

Para Gutiérrez, derecha e izquierda se desconectaron de la realidad política porque “son empresarios que trabajan con mercancía y su mayor desacierto es haber convertido la política en una mercancía, porque tanto para el FMLN y como para Arena, la política siempre ha sido una mercancía”.

Ante una realidad dominada por pobreza, desempleo, alto costo de vida y bajas pensiones “el pueblo recuperó su conciencia, despertó, pero ellos (FMLN y Arena) no se han dado cuenta, por ello hicieron una campaña electoral normal en tiempos anormales, donde el pueblo está despertando”, subrayó.

Arena y el FMLN, según Gutiérrez, siendo columnas del sistema político heredado de la guerra civil que finalizó en 1992, fueron salpicadas de casos de corrupción y por eso “se han derrumbado sin piedad alguna”.

La Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) pidió a las fuerzas políticas “trabajar juntos” para superar los problemas de violencia, falta de empleos, bajo crecimiento económico y falta de estímulo para la inversión.

Durante la campaña electoral, tanto la derecha como la izquierda se olvidaron de su marcado antagonismo y se unieron para hacerle la guerra a Bukele, lo cual se les revirtió con el enojo de la población y que se evidenció con el resultado electoral.