Por: AFP .   Hace 1 día
Con pancartas, los habitantes se manifestaron en contra del jefe de estado saliente, Ibrahim Boubacar Keita, el domingo 12 de agosto del 2018, en la ciudad de Arkodia, Mali. AFP
Con pancartas, los habitantes se manifestaron en contra del jefe de estado saliente, Ibrahim Boubacar Keita, el domingo 12 de agosto del 2018, en la ciudad de Arkodia, Mali. AFP

Bamako. Los malienses votaron este domingo en la segunda vuelta de la presidencial entre el jefe de Estado saliente, Ibrahim Boubacar Keita y el opositor Soumaila Cissé, en un clima enrarecido por el asesinato del responsable de una mesa electoral.

Antes de celebrarse esta elección, cuyos resultados se conoceran hacia fines de la semana, se habían reforzado las medidas de seguridad para permitir la votación en calma entre el presidente saliente, a quien se da por seguro vencedor, y el exministro de Finanzas.

Sin embargo, más de 100 colegios electorales fueron cerrados en las regiones del centro y norte, las más inestables del país, a raíz de problemas seguridad, según informó el grupo local de observadores POCIM.

El incidente de mayor gravedad se suscitó a unos 100 km al suroeste de Tombuctú, donde el presidente de mesa fue asesinado. “Yihadistas llegaron a un centro de votación de Arkodia. (...) El presidente del centro electoral quiso escapar pero le dispararon y lo mataron”, indicó a la AFP un funcionario local de esa localidad.

Los atacantes “prohibieron votar”, agregó. Una fuente cercana a la policía de Malí dijo que, “seis personas ingresaron al centro electoral y asesinaron al presidente” de mesa.

Tras el cierre de las mesas, a las que estaban convocados más de ocho millones de electores, se empezó con el conteo en algunos de los 23.000 colegios electorales en todo el país.

"El nuevo presidente, esperamos que lo hará mejor y sabrá corregir sus errores", aseguró El Hajd Aliu Sow, un funcionario jubilado, que no quiso desvelar su voto en la capital, Bamako.

Keita votó en Bamako y advirtió contra la "puesta en escena" de un fraude electoral luego que se recibieran acusaciones de haber rellenado urnas y otras irregularidades.

"¿Cómo se puede organizar un fraude cuando uno tiene la seguridad del apoyo de su gente?", cuestionó Keita.

Sospechas de fraude
Votaciones en Bamako, Mali, el domingo 12 de agosto del 2018. AP
Votaciones en Bamako, Mali, el domingo 12 de agosto del 2018. AP

Antes de que empezaran los comicios, el bando del opositor Soumaila Cissé afirmó que se estaba preparando un fraude.

"Hace tres días que sabemos que las papeletas de voto circulan por el país", declaró a la AFP el jefe de campaña de Cissé, Tiebilé Dramé.

La tensión ya se había acentuado el sábado cuando los servicios de información malienses detuvieron a tres hombres de un comando, calificado de "grupo terrorista", en el momento en que "planeaba ataques dirigidos a Bamako durante el fin de semana".

El ganador de las presidenciales, que entrará en funciones a principios de setiembre, acarreará con la dura tarea de relanzar el acuerdo de paz cerrado en el 2015 entre el gobierno y la antigua rebelión de mayoría tuareg, que todavía no se ha empezado a aplicar.

El pacto se firmó tras la intervención del ejército francés que, en el 2013, retomó el control del norte de Malí, donde los yihadistas instauraron la sharia durante un año.

En la primera vuelta, el 29 de julio, 871 colegios electorales (más del 3%) permanecieron cerrados a causa de la violencia, sobre todo en el centro y el norte del país, lo que impidió que casi 250.000 malienses pudieran votar.

Se movilizaron unos 36.000 militares, 6.000 más que en la primera vuelta, para "reforzar" la democracia y "dar credibilidad al proceso a través de una participación masiva de la población", según indicó jeque Umar Culibaly, un asesor del primer ministro, Sumeylu Bubeye Maiga.

El ejército maliense está apoyado por los Cascos Azules de la ONU, las fuerzas francesas de la operación Barkhane y, en el norte, donde el Estado está poco presente o ausente, por grupos firmantes del acuerdo de paz.

Por su parte, la UE envió observadores y pidió que se garantice el acceso de todos los electores a los colegios.

Pero los comicios no despertaron interés en una población indiferente y cansada tras más de seis años de violencias yihadistas e interétnicas.

Más de la mitad de los malienses vive bajo el umbral de la pobreza, aunque la tasa de crecimiento supere el 5% desde hace varios años.

Gran favorito para conseguir un segundo mandato, Keita (73 años) obtuvo el 41,70% de los votos en la primera vuelta, contra los 17,78% de su opositor, Soumaila Cissé, un exministro de Finanzas de 68 años que no supo unir a la oposición entre las dos vueltas.

Tanto Keita como Cissé militaron en el mismo partido en los años 1990 y formaron parte de los mismos gobiernos. Se enfrentaron en 2013, cuando Keita ganó con más del 77% de los votos.