Guillaume Lavallee/AFP. 5 enero
La población de Jan Yunis, en la franja de Gaza, cuenta con agua potable que se extrae de la humedad del aire. AFP
La población de Jan Yunis, en la franja de Gaza, cuenta con agua potable que se extrae de la humedad del aire. AFP

Jan Yunis, franja de Gaza. ¿Qué hace la empresa de un millonario ruso-israelí en Gaza, territorio controlado por los islamistas de Hamás? Transforma el aire en agua potable para atenuar la crisis de este elemento esencial en el enclave palestino.

Hace unos años, Naciones Unidas advirtió de que el agotamiento del acuífero convertiría a Gaza en un lugar “invivible” a partir del 2020.

En el techo de un edificio en Jan Yunis, en el sur de la franja de Gaza, una “revolución” se prepara discretamente. Un mosaico de paneles solares alimenta una enorme máquina vibrante parecida a un grupo electrógeno, que ha venido de Israel y retira la humedad del aire para transformarla en agua potable.

Este microterritorio de dos millones de habitantes vive una crisis de agua potable cuyos efectos se hacen sentir en las entrañas de la población que presenta tasas alarmantes de cálculos renales y diarreas, según los investigadores.

En Gaza, el agua potable se extrae del suelo desde hace siglos. Pero en las últimas décadas, la presión demográfica ha agotado el acuífero que se ha rellenado con agua salada del mar Mediterráneo.

Esta agua "solo sirve para lavar la ropa, limpiar y ducharse", resume Ghassan Ashur, comerciante de Jan Yunis.

Los gazatíes compran agua embotellada o a los camiones cisterna, que la extraen de la napa freática.

"Extraemos aquí hasta 80.000 litros de agua que filtramos, le agregamos cloro y otros productos químicos para hacerla bebible", explica Issa Al-Farra, propietario de una estación de bombeo.

 Issa Al-Farra en su planta de extracción de agua en Jan Yunis, franja de Gaza. AFP
Issa Al-Farra en su planta de extracción de agua en Jan Yunis, franja de Gaza. AFP

Solo el 3% del agua potable de Gaza responde a las normas internacionales, según Naciones Unidas.

Las soluciones emergen, entre ellas la construcción de una desalinazadora financiada por la Unión Europea y el despliegue de los tres primeros “generadores de agua” de la empresa israelí Watergen.

Dos han sido donados por la empresa y un tercero por el instituto de investigación medioambiental Arava, situado en un kibutz del sur de Israel. Cada aparato cuesta unos 50.000 euros ($61.000).

Uno de ellos se ha instalado en la Municipalidad de Jan Yunis. Se trata de un enorme cubo de metal que capta la humedad del aire, la condensa mediante un proceso de recalentamiento y luego filtra el agua para potabilizarla.

Un generador de agua operado con energía solar en la ciudad palestina de Jan Yunis, franja de Gaza. AFP
Un generador de agua operado con energía solar en la ciudad palestina de Jan Yunis, franja de Gaza. AFP

“Esta máquina produce unos 5.000 litros de agua potable al día cuando la tasa de humedad del aire supera el 65% y 6.000 litros si supera el 90%”, explica Fathi Sheikh Khalil, ingeniero eléctrico y directivo de la ONG palestina Damour que administra el aparato.

Parte de esta agua la consumen los empleados municipales y otra se lleva al hospital, indica Khalil. “Una o dos máquinas no lo van a cambiar todo, pero es un principio”.

Si se conectan los “generadores de agua” a los paneles solares equipados con baterías, el coste de producción disminuye al igual que las emisiones de carbono. Y es que Gaza dispone de una única central eléctrica, que funciona con combustible importado y no alcanza para cubrir la demanda local.

Este hogar palestino en Jan Yunis dispone de agua potable extraída de la humedad del aire en la franja de Gaza. AFP
Este hogar palestino en Jan Yunis dispone de agua potable extraída de la humedad del aire en la franja de Gaza. AFP

Pero en este territorio controlado por Hamás, el movimiento islamista que se ha enfrentado a Israel en tres guerras desde el 2008, ¿no es curioso trabajar con una empresa israelí? “Aceptamos la ayuda de todo el que quiera ayudarnos”, expresa Khalil.

Hamás no hizo comentarios.

A unos 80 km al norte de Jan Yunis, en las torres de vidrio donde se concentra lo último de la tecnología israelí, se encuentran las oficinas de Watergen, premiado por sus “generadores de agua”.

Detrás del proyecto

La dirige Michael Mirilashvili, millonario ruso-israelí, de origen georgiano, encarcelado varios años en Rusia por el presunto rapto de los secuestradores de su padre, un rico hombre de negocios que estuvo retenido un tiempo por gánsteres georgianos.

Su proceso no “respetó las normas de imparcialidad”, según la Corte Europea de Justicia, y fue liberado en el 2009.

Instalado en Israel, el empresario compró hace cinco años Watergen, que exporta sus generadores de agua a cerca de 80 países.

Michael Mirilashvili, propietario de Watergen, en las instalaciones de la empresa en la ciudad israelí de Petah Tikva. AFP
Michael Mirilashvili, propietario de Watergen, en las instalaciones de la empresa en la ciudad israelí de Petah Tikva. AFP

“Hay que ayudar en primer lugar a nuestros vecinos”, manifiesta. El objetivo es “poner fin a la crisis del agua en Gaza”.

No obstante, la entrega de las máquinas a Gaza ha necesitado “la aprobación del Ejército israelí”.

Como sus empleados no pueden ir al enclave palestino por el bloqueo israelí, Watergen ha pasado por intermediarios como el instituto Arava, que está en contacto con ONG palestinas.

Un palestino llena el tanque de agua de su casa, en Jan Yunis, Gaza, que compró a un camión cisterna de una empresa local que extrae el líquido de la humedad del aire. AFP
Un palestino llena el tanque de agua de su casa, en Jan Yunis, Gaza, que compró a un camión cisterna de una empresa local que extrae el líquido de la humedad del aire. AFP

“Nuestro objetivo es aumentar la cadencia del proyecto en el 2021” y colocar generadores en las escuelas, señala David Lehrer, presidente de Arava.

Aunque “más que una revolución del agua” lo que quiere es un “punto de inflexión para salir del círculo vicioso negativo” de las relaciones entre Israel y Gaza.