AFP. 27 marzo
El sacerdote Fernando Karadima mientras era conducido a un tribunal de Santiago para que declarara en el caso de tres víctimas de abuso sexual, en noviembre del 2015.
El sacerdote Fernando Karadima mientras era conducido a un tribunal de Santiago para que declarara en el caso de tres víctimas de abuso sexual, en noviembre del 2015.

Santiago. La justicia chilena ordenó a la Iglesia católica pagar una indemnización de 300 millones de pesos (unos 450.000 dólares) a las víctimas de abusos sexuales del exsacerdote Fernando Karadima por "daño moral", informó este miércoles el Poder Judicial.

“Caso Karadima: Corte de Santiago acoge demanda contra iglesia católica y ordena pagar 100 millones a cada uno de los demandantes” (unos 150.000 dólares), que son James Hamilton, José Andrés Murillo y Juan Carlos Cruz, informó el Poder judicial en su cuenta de Twitter.

En el fallo, de carácter unánime y que revoca una sentencia del 2017, “se declara procedente la acción indemnizatoria”, por concepto de “daño moral” contra los tres demandantes.

Fernando Karadima, un exinfluyente religioso, formador de varios obispos y con mucho prestigio en la alta sociedad chilena, fue expulsado del sacerdocio el año pasado. En el 2011, el Vaticano lo había condenado por abuso sexual a menores y relegado a una vida de oración y penitencia.

La Justicia chilena, en tanto, declaró penalmente prescrita la causa en su contra.

La sentencia judicial de este miércoles considera que la Iglesia fue negligente al no investigar las denuncias de abusos expresadas por las tres víctimas de Karadima, pero establece que “no hay prueba alguna que logre acreditar la hipótesis de encubrimiento o complicidad”, por parte del exarzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, removido el sábado pasado de su cargo por el Vaticano, y del cardenal Francisco Javier Errázuriz.

“Ni el señor Ezzati ni el señor Errázuriz tuvieron conocimiento de los abusos cometidos en contra de sus representados”, indicó el documento judicial, en el cual sin embargo se les acusa de “no investigar las denuncias que las víctimas pusieron en conocimiento”.

Los tres demandantes de Karadima abrieron en el 2010 una caja de pandora que sacó a la luz pública una “cultura de abusos” en la Iglesia chilena, que replica los escándalos de pederastia protagonizados por el clero en países como Estados Unidos o Australia.

En paralelo a la Justicia canónica, los tribunales chilenos mantienen abiertos 158 casos vigentes en contra de sacerdotes o laicos que desarrollan funciones en la Iglesia. Son 219 las personas investigadas y 241 las víctimas, de las cuales 123 eran menores de edad al momento de ser víctimas de abusos.