AFP. 28 agosto
Jeremy Pixton salía de un tribunal en Santiago, este martes 28 de agosto del 2018, después de reunirse con el juez de Derechos Humanos Mario Carroza.
Jeremy Pixton salía de un tribunal en Santiago, este martes 28 de agosto del 2018, después de reunirse con el juez de Derechos Humanos Mario Carroza.

Santiago. El ciudadano estadounidense Jeremy Pixton logró encontrar al cabo de 41 años a su madre biológica en Chile, en una de las miles de adopciones irregulares ocurridas durante la dictadura de Augusto Pinochet que investiga la Justicia.

Pixton viajó a Chile y se reunió este martes en Santiago con el juez especial de Derechos Humanos, Mario Carroza, quien desde enero realiza una extensa investigación sobre sustracción de menores.

El miércoles, el estadounidense viajará hasta la isla de Chiloé, en el sur de Chile, para finalmente reencontrarse con su madre, Blanca Gallardo.

“Es un sueño, es increíble tener la oportunidad de conocerla”, dijo este martes a la prensa, al salir de su reunión con Carroza.

Pixton nació en octubre de 1976 en el hospital San Borja de Santiago, desde donde fue dado en adopción, por medio de un abogado chileno y miembros de la Iglesia mormona en el país, a una pareja estadounidense que pertenecía a la misma religión en Utah, Estados Unidos.

Pero, en realidad, Pixton fue arrebatado a su madre, a quien en el hospital le dijeron que su hijo había nacido muerto.

“Ella ni siquiera sospechaba que su hijo pudiera estar a vivo; ni siquiera lo buscaba”, expresóConstanza del Río, directora de la ONG Nos Buscamos dedicada desde el 2014 a la búsqueda de niños sustraídos, y que posibilitó el reencuentro de Pixton con su familia biológica.

Su historia es similar a los miles de casos que investiga el juez Carroza.

Si bien hasta ahora se ha descartado el secuestro de niños como método represivo por parte de la dictadura de Pinochet (1973-1990), se cree que las condiciones de esa época facilitaron el accionar de grupos dedicados a “captar” menores para enviarlos al extranjero con fines económicos.

Se cree que asistentes sociales, religiosos, médicos o funcionarios de municipios u hospitales jugaron un papel protagoónico, detectando a madres vulnerables y luego sustrayendo a los niños o engañando a sus padres para que los dieran en adopción.

A medida que los primeros casos fueron haciéndose públicos hace pocos años y se formaron grupos de búsqueda en redes sociales, muchas madres e hijos se dieron cuenta de que miles de personas compartían su experiencia.

La ONG Nos Buscamos contabiliza hasta ahora 32 reencuentros, mientras que otra organización similar, “Hijos y madres del silencio”, ya ha logrado más de un centenar.