AFP. 14 septiembre
Refugiados caminan cerca de un nuevo campamento improvisado en la isla de Lesbos, el 14 de setiembre del 2020. Foto: AFP
Refugiados caminan cerca de un nuevo campamento improvisado en la isla de Lesbos, el 14 de setiembre del 2020. Foto: AFP

Lesbos. El gobierno griego volvió a acusar este lunes a los migrantes de haber “incendiado” el campo de Moria en la isla de Lesbos donde, a pesar de ciertas reticencias, centenares de exiliados se están instalando en un centro temporal, “sin duchas ni colchones”, según testimonios recogidos por la AFP.

“El campo [de Moria] fue quemado por refugiados y migrantes que buscaban chantajear al gobierno para que fueran transferidos rápidamente desde la isla” al continente, afirmó Stelios Petsas, vocero del gobierno griego en conferencia de prensa en Atenas.

En la madrugada del 9 de setiembre, el mega-campamento de Moria, el más grande de toda Europa, erigido hace cinco años en el momento álgido de la crisis migratoria, fue por completo destruido por las llamas, dejando al raso a sus 12.000 ocupantes, que vivían allí en condiciones insalubres.

Mientras sigue la investigación sobre el origen del siniestro, en Lesbos miles de solicitantes de asilo, exhaustos y hambrientos, sobreviven sin el menor refugio ni protección.

Muchos exiliados, que se albergaban en Moria desde hace meses, inclusive años, rechazan ir a las nuevas instalaciones levantadas apresuradamente por las autoridades, por temor a no poder salir de la isla una vez dentro de éstas. Aunque otros sí lo hacen, les guste o no.

"No tengo otra opción", afirma Pariba, una mujer afgana que llegó a entregar sus papeles después de diez meses en Moria. Con sus tiendas blancas, el nuevo campamento "parece duro, con el sol dando directo y sin sombra. Pero voy a ir mañana porque no me queda otra opción".

Dentro del nuevo campo, cerrado a la prensa, Malik, un migrante argelino, comenta por teléfono a la AFP sus condiciones de vida junto a su mujer y cinco hijos, una de las primeras familias en instalarse, el sábado, en las tiendas provistas por la Agencia de la ONU para los refugiados (Acnur).

“Hace mucho calor”, suspira este profesor de francés. “No hay nada en el campo, ni duchas, ni colchones. Solo tenemos una comida al día, y nos reparten una caja con seis botellas de agua”, añade, y dice alternar con unos 200 refugiados de Afganistán, Siria, Irak y países africanos.

Solicitantes de asilo se reúnen mientras esperan la distribución de alimentos a lo largo de la carretera, donde miles viven sin refugio, en la isla de Lesbos, el 13 de setiembre del 2020. Foto: AFP
Solicitantes de asilo se reúnen mientras esperan la distribución de alimentos a lo largo de la carretera, donde miles viven sin refugio, en la isla de Lesbos, el 13 de setiembre del 2020. Foto: AFP
‘Si vamos, estamos muertos’

“Si vamos allá, estamos muertos” dice Ahmed, un somalí de 18 años, y muestra la carretera donde se aglomeran miles de migrantes, bajo precarios refugios. “Si vamos allá, estamos muertos” repite, designando esta vez un pueblo cercano.

Y con la mano, simula una degollación, refiriéndose a la hostilidad de los exasperados residentes locales.

"Queremos estar seguros" dice su compatriota Mohamed. "Da igual dónde, pero seguros", dice a la AFP este joven que teme no poder entrar al campo porque "es solo para las familias".

"En cinco días la operación estará finalizada. Todo el mundo será instalado en el nuevo campamento", indicó este fin de semana el ministro de Migraciones griego, Notis Mitarachi, quien visitó Lesbos durante dos días para coordinar los trabajos del nuevo centro.

Sin embargo, no todos están de acuerdo con esta afirmación.

"En la calle faltan los alimentos y el agua pero nos sentimos seguros, hay algunas oenegés que intentan ayudarnos", dice el somalí Ziko, de 25 años, que con un grupo de 200 personas optó por dormir en el patio de una empresa cerca de Moria.

Entre los solicitantes de asilo podría haber contagiados por covid-19. Se prevén estrictas restricciones para las salidas de los migrantes del nuevo centro.

Según el ministro Mitarachi, unas "200 personas" podrían estar contaminadas.

Enfrentamientos

Son frecuentes en Lesbos los enfrentamientos entre migrantes y habitantes locales, sumándose militantes de extrema derecha.

En Panagiuda, lugar cercano a las nuevas instalaciones previstas para 3.000 personas, “los residentes locales tienen derecho a protestar contra el campamento” declara Theodoros Mineskos, de 58 años. “Esperemos que no hagan un nuevo Moria”, dice.

"¿Dónde van a meter a toda esta gente? La comunidad local está contra esta solución y el gobierno lo sabe", se quejó el domingo el alcalde de Mitilene, Stratis Kytelis.

Durante los últimos años, la falta de higiene y el hacinamiento en este campo habían sido duramente criticados por organizaciones de derechos de los refugiados, que piden a las autoridades griegas que trasladen a los más vulnerables al continente.

“Felizmente, se acabó la vergüenza del campo de Moria” dice el alcalde, “pero siguen la tensión y la angustia con toda esta gente en la calle desde hace cinco años”.