AFP. 12 septiembre
Pasajeros se aprestaban a abordar un
Pasajeros se aprestaban a abordar un "sababús", el sábado 7 de setiembre del 2019, en el suburbio de Ramat Gan, Tel Aviv.

Tel Aviv. Es sábado, día de descanso semanal para los judíos. Un “sababús” circula por la carretera que lleva a la playa de Tel Aviv, una pequeña revolución que saca de quicio a los ortodoxos, contrarios a los autobuses públicos durante el sabbat.

La contracción de las palabras sababa (cool en hebreo) y bús, el “sababús” es un tema delicado en Israel, que celebrará elecciones legislativas el 17 de setiembre.

Asiento cómodo, aire acondicionado, espacio para los pies, el autobús público avanza por las calles hacia la playa soleada.

Es sábado, día de reposo, una pequeña revolución se ha puesto en marcha ante la gran consternación de los judíos ortodoxos. Al volante, Mourad, anteojos de sol redondeados, abandona Ramat Gan, un magnífico suburbio de Tel Aviv con jardines públicos donde los quincuagenarios se esculpen abdominales en aparatos de entrenamiento. Primera parada, dos pasajeros.

Segunda parada, dos pasajeros, entre ellos Ran Golden, de 48 años, y su padre, que avanza con un bastón. "Este autobús es una bendición. Ahora puedo ir a la playa los sábados o dar una vuelta con mi padre", explica.

"Hay actividades los sábados, pero sin autobús no hay mucho que puedas hacer", dice.

En Israel, los automóviles, los taxis y los minibuses privados pueden circular durante el sabbat, día de descanso semanal en el judaísmo, que se extiende durante casi 25 horas a partir de la puesta del sol del viernes. Pero durante este periodo, no hay transportes públicos en las ciudades judías. O casi...

Este verano, Ramat Gan y su alcalde, Carmel Shama Hacohen, han lanzado el “sababús”, un autobús público gratuito que circula durante el sabbat suburbano en las playas de Tel Aviv, con sus clubes, terrazas y aficionados al surf.

Laicos ‘extremistas’

Los partidos ultraortodoxos, aliados clave en las coaliciones de derecha del primer ministro Benjamín Netanyahu, acusaron a Ramat Gan y a su alcalde de cruzar una "línea roja" con sus "sababuses".

“Estamos en contra del transporte público durante el sabbat. Alguien que tiene un coche puede salir y hacer lo que quiera (...), pero queremos dejar una identidad judía al país, que es el único país judío del mundo”, subraya Yossi Taieb, candidato en la lista del Shass, partido ultraortodoxo que obtuvo 6% en las últimas elecciones.

Pasajeros viajaron en el
Pasajeros viajaron en el "sababús" hacia la playa de Tel Aviv desde el suburbio de Ramat Gan, el sábado 7 de setiembre del 2019.

“Hay una minoría extremista, laica a ultranza, que nos molesta”, dice Henry Kahn, un rabino ultraortodoxo, que, sin embargo, confía en que los ortodoxos se movilizarán para frenar a los laicos en las elecciones.

Anaya conoce el problema. Sentada en el fondo del “sababús” con su novio Edan, la joven proviene de una familia religiosa donde evita este tipo de discusiones. “La mayoría de los miembros de mi familia piensan que es una mala idea, que somos un Estado judío (...), pero la pregunta es ¿qué significa un Estado judío?.

"No creo que prohibir el transporte público los sábados sea el camino a seguir, porque en este caso los únicos que pueden moverse los sábados son los que tienen coche. Eso es una locura”, argumenta.

Transporte público los sábados

Los autobuses entre Ramat Gan y Tel Aviv son operados por la ONG Noa Tanua, que promueve el transporte público los sábados y que también gestiona un trayecto entre Beer Sheva y Ascalón, frente al mar.

El objetivo de la operación es permitir que todos salgan el sábado y reducir al mismo tiempo las emisiones contaminantes. "Desde el momento en que una o dos ciudades toman la delantera, las otras se dicen que la demanda del público está ahí y esto favorece un efecto dominó", afirma Noam Tel Vered, cofundadora de Noa Tanua.

"En los últimos dos meses hemos comenzado a trabajar con ocho alcaldías (...) y la gente sigue poniéndose en contacto con nosotros", agrega.

Son las 10:47 a. m., el “sababús” se acerca a las costas de Tel Aviv. Beny, con bermudas naranja fluorescente, remera y gorra con los colores del Ejército, se prepara para bajar en la playa. “No me importa lo que digan los religiosos (que hay que quedarse en casa sin hacer nada durante el sabbat o ir a la sinagoga). No tienen que decirle a la gente cómo vivir sus vidas”, afirma, diciendo que desea un próximo gobierno “sin religiosos”.