Andrea Rodríguez/AP. 25 junio
Trabajadores que laboran en las tareas de reparación del cementerio judio en Guanabacoa, Cuba, tomaban un descanso.
Trabajadores que laboran en las tareas de reparación del cementerio judio en Guanabacoa, Cuba, tomaban un descanso.

La Habana. Aún hay lápidas rotas y mármoles tirados por el piso. En algunas bóvedas, la vegetación le gana al cemento, pero poco a poco el primer cementerio judío de Cuba comenzó a ser rescatado y, con él, la memoria de esta pequeña comunidad en la Isla.

“Siento una paz y tranquilidad muy grande cuando visito el cementerio… Para mí es como estar junto a mi madre, a mi única hermana y a mi sobrino”, dijo Adela Dworin, presidenta del Patronato Hebreo de Cuba, de pie junto a una tumba adornada con las pequeñas piedras que los familiares judíos suelen usar para rendir homenaje a sus muertos.

Aquí y allá pueden verse esas rocas --un equivalente de las flores entre los cristianos-- al lado de las placas que inmortalizan el nombre de un abuelo, de un padre o de una tía rodeados de estrellas de David y palabras de consuelo en yiddish. En otras partes, una brigada de obreros pule las láminas, cementan calles o encuadran un panteón que fue saqueado.

“Aquí están enterradas las personas que vinieron escapando del fascismo durante la guerra, las que fundaron la comunidad, que compraron estos terrenos para hacerlo cementerio”, explicó a la AP David Prinstein, vicepresidente del Patronato Hebreo de Cuba. “Tiene valor histórico y sentimental”.

Los terrenos de este cementerio judío asquenazí --adjetivo que identifica a los originarios de Europa central y oriental-- fueron comprados en 1906 por los miembros de la primera sociedad hebrea que se formó en la Isla, con personas que venían sobre todo de Estados Unidos, y se inauguró en 1910.

Trabajadores limpiaban una tumba en el cementerio judío de Guanabacoa, Cuba.
Trabajadores limpiaban una tumba en el cementerio judío de Guanabacoa, Cuba.

Muchas otras familias arribaron además en el periodo de entre guerras mundiales, huyendo de la persecución a la que eran sometidos.

En otra parcela colindante, décadas después se instaló uno de tradición sefardí, oriunda de España.

Hace algunos años, Prinstein y otros miembros de la comunidad estimaron en $200.000 el presupuesto para arreglar el cementerio, pero no consiguieron las donaciones necesarias. Ahora el rescate está corriendo a cargo de la estatal Oficina del Historiador de la Cuidad.

Maquillando La Habana

A punto de cumplir sus 500 años de existencia, La Habana y la Oficina del Historiador se encuentran en una verdadera vorágine de preparativos que incluye desde el arreglo de calles, pasando por monumentos históricos, rescate de documentos y de sitios valiosos.

Según indicó a la prensa local la ingeniera Pilar Vega, de la Oficina del Historiador de la Ciudad, hay unas 1.100 bóvedas en el cementerio. De estas ya se repararon unas 50 y se espera concluir otras 150 este año. También se arregló una antigua sala especial para los lavados de purificación del cuerpo del muerto requerido por el rito judío y otra de espera para las familias.

La estrella de David presente en una tumba dañada en el cementerio judío sito en Guanabacoa, Cuba.
La estrella de David presente en una tumba dañada en el cementerio judío sito en Guanabacoa, Cuba.

Vega no especificó a cuánto ascenderá la inversión estatal.

Alejado del centro de la ciudad, la necrópolis se ubica en el municipio periférico capitalino de Guanabacoa y por lo general permanece cerrada para evitar saqueos, por lo que aunque los arreglos se iniciaron en los meses pasados, es ahora cuando comenzó a verse el resultado de la restauración con la cementación de la calle principal y la reconstrucción de varias de sus instalaciones y monolitos principales.

“No somos el único problema que tiene el país, hay muchos lugares que requieren de la atención de la Oficina del Historiador, así que le estamos eternamente agradecidos por su interés y su amistad al pueblo judío”, expresó Dworin.

Cuba se encuentra actualmente pasando una crisis económica por falta de dinero que incluye dificultades para pagar a acreedores y proveedores, lo que suele ocasionar una suerte de desabastecimiento temporal de algunos productos.

El cementerio cuenta con un monumento de unos tres metros de alto que rinde tributo a los seis millones de judíos que murieron en el Holocausto nazi. Allí yacen enterrados una media docena de jabones hechos con grasa humana proveniente de los campos de concentración.

En esta tumba yacen los restos de un soldado cubano que participó en la Guerra de Indochina, en los años 50. Es parte del cementerio judío de Guanabacoa.
En esta tumba yacen los restos de un soldado cubano que participó en la Guerra de Indochina, en los años 50. Es parte del cementerio judío de Guanabacoa.

Dworin, quien perdió a toda su familia paterna durante la Segunda Guerra Mundial, recordó que estaba en la escuela primaria en 1947 cuando se inauguró el monolito. Sus padres salieron de una pequeña ciudad que entonces se encontraba en Polonia antes de la llegada de los alemanes, pero su abuela y tíos no corrieron la misma buena suerte, relató.

Algunos miembros de la comunidad, especialmente de Estados Unidos --que suele ser la que realiza mayores aportes para los proyectos de la colectividad en la Isla-- eventualmente ofrecieron ayuda para rescatar algunas parcelas en ocasiones anteriores, pero no lo suficiente para hacer frente de manera integral al deterioro del espacio.

A lo largo de los años, la comunidad judía no estuvo exenta de los vaivenes políticos de Cuba y muchas familias se marcharon del país tras la revolución de 1959 dejando atrás a sus muertos, que en esta tradición no deben ser exhumados a menos que sea para llevarlos a Tierra Santa. El laicismo que impregnó los primeros años del triunfo rebelde hizo que algunas personas se desvincularan y perdieran sus raíces.

No fue sino hasta los años 90 que el judaísmo volvió a tomar fuerza de la mano del antiguo líder de la comunidad --el prominente médico José Miller, quien comenzó a aglutinar a los judíos dispersos por el país-- e incluso aquellos que eran judíos sin saberlo se reconectaron con su pasado.

Piedras sobre una tumba en el cementerio judío de Guanabacoa, Cuba. Constituyen una manifestación de tributo póstumo.
Piedras sobre una tumba en el cementerio judío de Guanabacoa, Cuba. Constituyen una manifestación de tributo póstumo.

También por esos años de dura crisis económica se concretó una nueva emigración de judíos jóvenes hacia Israel a través de un programa de la Embajada de Canadá en la Isla, dada la ruptura política entre La Habana y Tel Aviv.

Cuba e Israel tienen no tienen relaciones diplomáticas. La primera suele rechazar la alianza de la segunda con Estados Unidos --suelen ser los dos únicos países que aceptan el embargo en las votaciones de Naciones Unidas a la Isla--, y respalda las aspiraciones de Palestina.

Actualmente unos 1.500 judíos viven en Cuba, la mayoría de ellos personas mayores.

“Las familias se van y muchos incluso se olvidan de los que dejan aquí”, lamentó Prinstein, al reconocer el deterioro y el abandono que ganó al cementerio en décadas de descuidos y saqueos; y quien destacó además que actualmente se están digitalizando los archivos del camposanto, lo que permitirá conocer más sobre su historia y la de la comunidad.