El Universal de México / GDA.   27 noviembre, 2018

El testimonio de Miguel Ángel Martínez Martínez, “El Gordo” o “El Tololoche”, en el juicio contra Joaquín “El Chapo” Guzmán detalla la vida de lujos y opulencia de sus primeros años como narcotraficante mexicano.

“El Gordo”, en su segundo día testificando, continuó con su relato de los primeros años de Guzmán como capo de la droga, cuando dejó atrás su pasado pobre en la sierra sinaloense para convertirse en “El Rápido”, el más veloz en el tráfico de cocaína colombiana hasta los Estados Unidos.

Los cargamentos de droga eran tan voluminosos y aportaban tantos beneficios que “El Chapo” se dio a todos los placeres de la vida.

Según contó Martínez, Guzmán en los principios de la década de 1990 estaba en el “mejor negocio del mundo”, aprovechando que “se agarró el boom cocainero” en Estados Unidos.

El cambio de vida de “El Chapo” fue fulgurante. “Cuando le conocí no tenía jet. En los noventa ya tenía cuatro”, explicó el testigo.

No se quedaba ahí: también tenía “casas en todas las playas” y “ranchos en todos los estados”.

En esta foto de archivo tomada el 8 de enero de 2016, el líder de la droga, Joaquín "El Chapo" Guzmán, es acompañado a un helicóptero en el aeropuerto de la Ciudad de México, luego de su recuperación durante una operación militar intensa en Los Mochis, en el estado de Sinaloa. AFP

No sólo eso: confirmó que tenía una casa en la playa de Acapulco “muy bonita” con varias piscinas y canchas de tenis que le costó 10 millones de dólares y donde tenía un yate llamado “Chapito”.

En un rancho en Guadalajara había un zoológico con “leones, tigres, panteras y venados”. Los turistas podían visitarlo gracias a un “trenecito”.

“Viajamos por todo el mundo”, explicó el expiloto del cártel, tanto por negocios --buscar más fuentes de droga, especialmente heroína asiática-- como por placer, a veces para jugar a las apuestas, una fascinación del capo.

Entre los países visitados están Brasil, Argentina, Japón, “toda Europa” y hasta Macao “para jugar”.

La vida de ostentación pasó también a la vida privada, manteniendo a la vez entre “cuatro y cinco mujeres”.

Su vanidad le llevó una vez a Suiza, a una clínica “donde te ponen células para mantenerte joven”, en un momento en el que mantenía entre cuatro y cinco mujeres a la vez.

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Su dispendio también lo compartía con sus trabajadores y lacayos. A “El Gordo” le regaló un reloj Rolex con brillantes, y un diciembre regaló más de 50 coches de alta gama, de más de 30 mil dólares por vehículo.