AP.   5 diciembre, 2019
Chinos detenidos como sospechosos de participar en el tráfico de mujeres eran escoltados hacia las oficinas de La Agencia de Investigación Federal de Pakistán en Lahore, el 11 de mayo del 2019.

Lahore, Pakistán. Página tras página se suman los nombres: 629 niñas y mujeres de todo Pakistán fueron vendidas para que fuesen a China y se casaran con hombres de este país. La lista, obtenida por la Associated Press (AP), la armaron investigadores pakistaníes que procuran desbaratar una red de traficantes de personas que se aprovecha de los más pobres y los más vulnerables.

La lista ofrece la cifra más concreta conocida hasta ahora acerca de la cantidad de mujeres que han sido víctimas de traficantes desde el 2018.

Pero desde que se confeccionó ese listado en junio, la investigación se ha frenado en seco. Las autoridades dicen que esto se debe a presiones del gobierno por temor a que afecte los lucrativos lazos de Pakistán con Pekín.

El caso más grande contra los traficantes se desmoronó en octubre, cuando un tribunal de Faisalabad exoneró a 31 chinos que habían sido acusados de tráfico de personas. Varias mujeres que habían hecho denuncias se negaron a declarar porque fueron amenazadas o compradas, según un funcionario judicial y un investigador al tanto del caso. Los dos hablaron a condición de no ser identificados por temor a represalias.

Paralelamente, el gobierno procuró limitar las investigaciones, ejerciendo “grandes presiones” sobre funcionarios que investigaban las redes de traficantes, de acuerdo con Saleem Iqbal, activista cristiano que ha ayudado a los padres de varias jóvenes ya en China y evitado que otras sean trasladadas allí.

“Hasta se transfirió a algunos” investigadores, afirmó Iqbal en una entrevista. “Cuando hablamos con los gobernantes de Pakistán, no nos prestan atención”.

Interrogados sobre el tema, los ministros del Interior y de Relaciones Exteriores se negaron a tocar el tema.

Varios funcionarios de alto rango al tanto de lo que sucede dijeron que las pesquisas se frenaron, que los investigadores se sienten frustrados y que se presionó a los medios de prensa para que no hablen tanto del asunto. Los funcionarios también pidieron no ser identificados por miedo a represalias.

Mujeres desamparadas

“Nadie hace nada por ayudar a estas chicas”, expresó uno de ellos. “Todo sigue igual, con más fuerza. Saben que se pueden salir con la suya. Las autoridades no van a hacer nada. Se presiona a todo el mundo para que no investiguen. Está aumentando el tráfico”.

Indicó que hablaba “porque tengo conciencia. ¿Dónde está nuestra humanidad?”.

El Ministerio de Relaciones Exteriores chino alegó que no estaba al tanto de la existencia de esa lista.

Una investigación previa de la AP reveló este año cómo la minoría cristiana de Pakistán era blanco de mediadores que les pagan a familias pobres para que casen a sus hijas, algunas de ellas adolescentes, con chinos. Muchas de ellas terminan en localidades remotas de China, víctimas de abusos u obligadas a prostituirse. A menudo piden que las ayuden a volver a Pakistán cuando se comunican con sus familiares.

Mahek Laqiat contrajo matrimonio con un chino. En abril del 2019 mostró el certificado en Gujranwala, Pakistán. Ella es cristiana.

La AP habló con funcionarios policiales y judiciales y con más de una docena de muchachas -algunas de ellas atrapadas en China, otras que lograron volver- y con padres arrepentidos, vecinos, parientes y activistas defensores de los derechos humanos.

Los investigadores armaron su lista con base en información recabada en la frontera, donde el servicio de inmigración toma nota de la nacionalidad y los números de identificación de las novias, los nombres de sus maridos chinos y la fecha de sus matrimonios.

Casi todos los casamientos se produjeron en abril del 2018 y los primeros cuatro meses del 2019. Un alto funcionario señaló que se creía que las 629 mujeres fueron vendidas por sus familias.

Negocio sin freno

No se sabe cuántas mujeres más pueden haber sido vendidas desde que se armó esta lista. Pero el funcionario aseguró que “el lucrativo negocio continúa”. Habló en una entrevista llevada a cabo a cientos de kilómetros del sitio donde trabaja para proteger su identidad. “Los intermediarios chinos y pakistaníes cobran entre 4 y 10 millones de rupias (de $25.000 a $65.000) a cada chino, pero las familias (de las mujeres) reciben solo 200.000 rupias ($1.500)”, aseguró.

El funcionario, con años de experiencia en el tráfico humano en Pakistán, contó que muchas de las mujeres con las que hablaron los investigadores dijeron que habían sido obligadas a someterse a tratamientos de fertilidad, habían sido víctimas de abusos físicos y sexuales y, en algunos casos, obligadas a prostituirse.

En setiembre, los investigadores pakistaníes enviaron al primer ministro Imran Khan un informe titulado Casos de matrimonios falsos con chinos. El documento, del cual la AP obtuvo una copia, ofrece detalles de los casos contra 52 chinos y 20 pakistaníes de la provincia oriental de Punjab (Faisalabad, Lahore) y de la capital, Islamabad. Entre los chinos imputados figuraban los 31 que luego fueron exonerados.

China es un firme aliado de Pakistán, que tiene tensas relaciones con India. Los chinos brindan a los pakistaníes asistencia militar, incluidos misiles con capacidades nucleares.

Actualmente recibe enorme ayuda en el marco de la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda, que trata de revivir la vieja Ruta de la Seda y vincular a China con todos los rincones de Asia.

La demanda de mujeres para casarse obedece en parte a que en China hay 34 millones más de hombres que de mujeres, consecuencia de la política que permitía un solo hijo por pareja y la preferencia de varones a las niñas. Esa política rigió durante 35 años y quedó sin efecto en el 2015.

Human Rights Watch dijo este mes que la práctica se expande y que los chinos también están comprando esposas en Birmania, Camboya, Indonesia, Laos, Nepal, Corea del Norte y Vietnam.

Omar Warriach, director de las campañas de Amnistía Internacional en el sureste asiático, expresó que Pakistán “no debe permitir que sus estrechas relaciones con China la haga hacer la vista gorda ante los abusos de los derechos humanos de sus propios ciudadanos”.

“Es horrible que estas mujeres sean tratadas así sin que las autoridades de ninguno de los dos países muestren el menor interés. Y es estremecedora la magnitud de todo esto”, declaró.