12 noviembre, 2010

La guerra de divisas se puede resumir así: Estados Unidos reclama que las autoridades chinas mantienen, adrede, su moneda (el yuan) subvaluada.

EE. UU. argumenta que, así, China distorsiona los flujos financieros globales a su favor.

Durante la crisis del 2008, China fijó el precio de su moneda con respecto al dólar. Paralelamente, China ha comprado trillones de dólares para mantener su moneda subvaluada frente al dólar, situación que contrarió a EE.UU. y acusó a los asiáticos de fijar los precios de sus exportaciones a un nivel artificialmente bajo.

Además, está el asunto del superávit comercial. Washington quiere que países como China, limiten su superávit a un porcentaje del PIB, pero estos se niegan porque no quieren perder competitividad.

Estados Unidos necesita aumentar sus exportaciones para recuperar su economía, y la forma más rápida de lograrlo es devaluando su moneda. Con ese fin, la Reserva Federal anunció una inyección monetaria de $600.000 millones, una medida que ha disgustado a sus socios.

Lo que sucede es que debido a que la recuperación global ha sido tan lenta, casi todos los países se han quejado de que sus monedas están demasiado “fuertes”.

Durante la crisis del 2008, la mayoría de las monedas cayeron frente al dólar, por lo que los inversionistas decidieron comprar dólares pues parecía una opción segura.

Sin embargo, desde entonces, muchas monedas han vuelto a fortalecerse ante el dólar. A la par, en EE. UU. las tasas de interés están casi en cero y esto hace temer a otros países una llegada de capitales golondrina en busca de mayores intereses.

Los críticos de la estrategia china alegan que, mientras ese país tiene un alto superávit comercial, el resto del mundo, en especial Estados Unidos, sigue frágil.

En junio, tras las presiones de Washington, Pekín revaluó el yuan, aunque a Estados Unidos no le pareció suficiente. A China le preocupa que si lo revalúa a un ritmo demasiado rápido, podrían quebrar muchas exportadoras y desestabilizar su economnía. Pero para EE. UU., China es el gran obstáculo: si logra que revalúe su moneda, cree que otros países exportadores menores harán lo mismo.