AFP. 7 febrero
Manifestantes iraquíes gritaron consignas y ondearon la bandera del país durante una protesta en la plaza Tahrir, en Bagdad, este viernes 7 de febrero del 2020.
Manifestantes iraquíes gritaron consignas y ondearon la bandera del país durante una protesta en la plaza Tahrir, en Bagdad, este viernes 7 de febrero del 2020.

Bagdad. Durante meses, acamparon y se manifestaron juntos, gritando las mismas consignas contra el poder en Irak. Pero hoy, los partidarios del líder chiita Moqtada Sadr han cambiado de bando y los demás manifestantes dicen estar ahora a la merced de un enemigo más.

“Hemos distribuido comida en sus tiendas desde el inicio de las manifestaciones”, recordó Mona, una militante presente en la plaza Tahrir de Bagdad desde el inicio de la “revolución de octubre”.

Desde que empezó el 1.° de octubre, esta inédita protesta contra la corrupción y la incompetencia del sistema ha dejado ya cerca de 490 muertos y 30.000 heridos, en su mayoría manifestantes.

“Y ahora ¿nos hacen esto?” se enojó Mona, aludiendo a los partidarios de Sadr. Los enfrentamientos con estos han dejado estos últimos días ocho muertos entre los manifestantes contra el poder.

“Yo ya sabía desde el comienzo que iban a abandonarnos” se lamentó esta joven iraquí. El cambio de opinión de Moqtada Sadr -conocido por sus bruscos giros y su capacidad para pasar rápidamente de un bando a otro- ha fracturado a revuelta.

Por su lado, los “sadristas” quieren dar una oportunidad al nuevo primer ministro designado Mohamed Alaui, que formará gobierno en un mes.

Por el otro, los manifestantes contra el sistema rechazan a este político de 65 años, que ya ha sido dos veces ministro, y reclaman un nuevo sistema y una clase dirigente totalmente renovada.

Los dos bandos ya se han enfrentado violentamente, y los “sadristas”, reconocidos por sus gorras azules, intentan controlar el acceso a la plaza Tahrir, en Bagdad, epicentro de la revuelta antipoder.

La violencia relacionada con las protestas que prendieron en las calles de Irak desde octubre han provocado cerca de 550 muertos, según la Comisión de Derechos Humanos iraquí. Más de 30.000 manifestantes han resultado heridos, según la misma fuente.

Otro panorama

“La situación ha cambiado radicalmente en Tahrir”, aseguró Mona, que ya no permanece en la plaza día y noche, como antes, y solo acude a ella discretamente por temor a los partidarios de Sadr.

Inicialmente, el apoyo político del turbulento Sadr -que tiene el primer bloque en el Parlamento- le otorgó peso al movimiento e impidió una represión policial aún más masiva.

Aunque muchos militantes tuvieron la impresión de firmar un pacto con el diablo, una noche de diciembre acabó por convencer a los más escépticos.

Esa noche, individuos armados -que el Estado afirma no poder identificar, pero que los manifestantes acusan de ser afines a movimientos proiraníes- mataron a 20 personas cerca de Tahrir.

Los únicos que replicaron fueron los "gorras azules" partidarios de Sadr, muchos de los cuales murieron en los enfrentamientos.

Dolientes se alistaban a sepultar un manifestante muerto durante enfrentamientos entre grupos opositores al gobierno y seguidores del clérigo chiita Moqtada Sadr en la ciudad de Najaf.
Dolientes se alistaban a sepultar un manifestante muerto durante enfrentamientos entre grupos opositores al gobierno y seguidores del clérigo chiita Moqtada Sadr en la ciudad de Najaf.

“Es increíble, pero me vi obligado a agradecerles después de eso”, afirmó Hakim, uno de los manifestantes de la primera hora. La presencia de los “gorras azules” en Tahrir “fue lo que nos salvó”, aseguró.

Desde entonces, Moqtada Sadr ha enviado varios tuits contradictorios, provocando perplejidad entre los propios “gorras azules”.

Llamó a manifestaciones distintas contra Estados Unidos, afirmó que ya no apoyaba a los manifestantes contra el poder, se alineó con Alaui, y luego pidió a sus seguidores que retornaran a las calles para volver a abrir escuelas y administraciones cerradas por la desobediencia civil.

“Un tuit, y llegan. Otro tuit, y se van”, resumió Mona, con una sonrisa amarga, refiriéndose a los seguidores del líder chiita.

“Antes, los sadristas no nos molestaban porque no interferían en nuestras manifestaciones. Ahora es diferente”, afirmó Mohamed, un estudiante.

Un manifestante mostraba un retratom del gran ayatolá Ali Sistani durante una protesta antigubernamental en Basora, este viernes 7 de febrero del 2020.
Un manifestante mostraba un retratom del gran ayatolá Ali Sistani durante una protesta antigubernamental en Basora, este viernes 7 de febrero del 2020.

“Hacemos rondas día y noche para estar seguros de que nadie nos ataca”, dijo.

“Estamos rodeados por todas partes”, aseguró su compañero Mustafa, estudiante de Historia. “Antes estaban las autoridades y los partidos políticos, y ahora están los sadristas”.