AFP. 8 abril
Ahmed al-Mesmari, portavoz del autoproclamado Ejército Nacional Libio, leal a Jalifa Haftar, ofreció una conferencia de prensa en su oficina en Bengasi, este lunes 8 de abril del 2019.
Ahmed al-Mesmari, portavoz del autoproclamado Ejército Nacional Libio, leal a Jalifa Haftar, ofreció una conferencia de prensa en su oficina en Bengasi, este lunes 8 de abril del 2019.

Trípoli. El mariscal rebelde Jalifa Haftar continuaba su ofensiva para tomar el control de Trípoli a pesar de los llamados internacionales al cese de las hostilidades que han causado ya decenas de muertos desde el jueves.

Entretanto, debieron suspenderse los vuelos del único aeropuerto que funciona en Trípoli, luego que una de sus pistas fue blanco de un bombardeo por un avión no identificado.

El enviado de la Organización de Naciones Unidas (ONU) a Libia, Ghassan Salamé, condenó el bombardeo del aeropuerto.

Salamé "condena el ataque aéreo perpetrado hoy por un avión del ENL contra el aeropuerto Mitiga, el único operativo en la capital que se utiliza con fines civiles", denunció su oficina en un comunicado.

A pesar del temor a una guerra generalizada en este país petrolero, inmerso en el caos desde la caída de Muamar Gadafi en el 2011, las grandes potencias fueron incapaces de ponerse de acuerdo en las Naciones Unidas sobre una declaración para pedir a las fuerzas de Haftar poner fin a la ofensiva contra la capital.

La declaración, examinada el domingo por el Consejo de Seguridad, tenía entre otros el apoyo de Estados Unidos, pero fue bloqueada por Rusia, que quiere que haya un llamamiento “a todas las partes” para evitar “un baño se sangre”.

Por su lado, la Unión Europea (UE) llamó este lunes a Haftar a detener su ofensiva. “Llamé muy firmemente a todos los dirigentes libios y, especialmente a Haftar, a detener todas las operaciones militares y volver a la mesa de negociaciones bajo los auspicios de la ONU”, dijo la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini.

“Debemos evitar una escalada militar que pueda conducir a una guerra civil”, insistió tras una reunión de cancilleres en Luxemburgo.

El mariscal Haftar y su Ejército Nacional Libio (ANL) tienen el apoyo político de una autoridad con sede en el este el país. Además de las regiones orientales, sus fuerzas extendieron su control al sur de Libia y apuntan ahora al oeste, donde está situada la capital, Trípoli, y el Gobierno de Unión Nacional (GNA), reconocido por la comunidad internacional y apoyado por milicias del oeste.

Estas fuerzas prometieron el domingo una contraofensiva, llamada "Volcán de cólera" para "limpiar todas las ciudades libias de agresores".

Civiles entre fuego cruzado

Según un nuevo balance del Ministerio de Sanidad del GNA, al menos 35 personas murieron y unas 40 resultaron heridas desde que empezó la ofensiva de Haftar, el jueves. Entre las víctimas hay civiles, según esta fuente.

Las fuerzas pro-Haftar indicaron el sábado que 14 de sus combatientes murieron.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) expresó su “preocupación” e indicó que más de 2.800 personas ya tuvieron que ser desplazadas por los combates. También pidió a los beligerantes “garantizar la seguridad de todos los civiles”, así como un acceso humanitario “permanente”.

Las fuerzas leales al Gobierno de Unidad Nacional de Libia llegaron a Tajura, un suburbio costero de Trípoli, el 6 de abril del 2019.
Las fuerzas leales al Gobierno de Unidad Nacional de Libia llegaron a Tajura, un suburbio costero de Trípoli, el 6 de abril del 2019.

La misión de la ONU en Libia (Manul) hizo el domingo un "llamamiento urgente" para una tregua de dos horas en el sur de Trípoli para permitir la evacuación de heridos y civiles.

Pero los dos campos rivales lo ignoraron y los servicios de socorro libios confirmaron que no habían podido entrar en la zona de enfrentamientos.

A pesar de la violencia a las puertas de la capital, los habitantes seguían este lunes con sus ocupaciones, con los atascos y las largas colas en bancos o gasolineras habituales.

Los servicios de la administración funcionaban y las escuelas y los comercios estaban abiertos.

Libia, un país rico en petróleo, está sumido en el caos por múltiples conflictos internos desde la caída de Muamar Gadafi en el 2011.