Ximena Alfaro M..   7 septiembre
Douglas Castro presenció el ataque a los obispos nicaragüenses por parte de turbas sandinistas, en Diriamba, el 9 de julio del 2018. Foto: Mayela López

Douglas Castro es uno de los líderes que surgió durante la revuelta social de Nicaragua. El estallido contra el gobierno de Daniel Ortega, que empezó el 18 de abril, resultó ser un parteaguas en la historia reciente del país y provocó el brote de liderazgos jóvenes carentes de experiencia política.

Aunque se dedicaba a la enseñanza y la investigación en la Universidad Autónoma de Nicaragua, ahora Castro emplea su tiempo en reunir esfuerzos junto con otros jóvenes estudiantes para concretar la salida de Ortega del poder.

Es economista y sociólogo, tiene 31 años y forma parte de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, una de las agrupaciones que conforman la coalición universitaria que se forjó en medio de la crisis.

Castro, quien concedió esta entrevista el martes 4 de setiembre en su visita a Costa Rica, considera que la falta de experiencia en la política es justamente lo que le otorga “legitimidad” a los movimientos estudiantiles. Además, asegura que es necesaria la reapertura de la mesa de diálogo para lograr una transición en el gobierno y hace un balance sobre los desafíos que ha enfrentado la Alianza desde que empezó su misión de forma espontánea.

– La coalición universitaria, de la que forma parte la Alianza Cívica, surgió luego del estallido de las protestas del 18 de abril contra el gobierno de Nicaragua y participó en el diálogo para exigir la salida de Daniel Ortega. ¿En qué enfocan sus esfuerzos ahora que las conversaciones están congeladas?

El trabajo de la alianza está enfocado en luchar por la reinstalación del diálogo, porque creemos que la salida de la crisis tiene que ser cívica y pacífica y también que la Conferencia Episcopal debe seguir siendo el mediador. Daniel Ortega trató durante todo este tiempo de quitar a la Conferencia Episcopal, utilizar a otro mediador y a garantes de su conveniencia. Actualmente, esa es nuestra agenda: la reinstalación del diálogo, el cese de la represión, la liberación de los presos políticos, que es quizás el principal clamor que hay actualmente, y el desmantelamiento y movilización del desarme de las fuerzas paramilitares.

“Realmente nos agarró así sin experiencia, pero eso también fue un plus porque la gente no está de acuerdo con la experiencia política de los políticos tradicionales”.

– Continúan confiando en el diálogo como estrategia para resolver la crisis.

Nosotros sabemos que la salida tiene que ser constitucional a través de unas elecciones adelantadas que sean justas, pacíficas, competitivas, transparentes y con mucha observación. El gobierno dijo que nosotros somos una fuerza golpista y terrorista cuando nunca hemos utilizado ese tipo de métodos para alcanzar nuestro objetivo, entonces el diálogo es el método para lograr la democratización y la justicia.

“Nicaragua va hacia una transición que tal vez eso nos diferencia de otros pequeños sectores que tienen un paradigma un poco más revolucionario”.

– ¿Qué les ha dejado la experiencia de conformar una coalición que nació de forma espontánea para dar respuesta al conflicto en Nicaragua?

Si en algo estamos de acuerdo con Daniel Ortega es que Nicaragua vive una hecatombe, y es cierto, pero es una hecatombe que se dio por un acumulado de descontentos, de agravios y tiene que ver con el colapso del sistema político nicaragüense, del sistema electoral y del sistema de partidos. Antes del 18 de abril todo eso había colapsado, es por eso que el 18 de abril nos agarra sin instituciones. Nosotros podríamos decir que la única institución que queda en pie, sólida en Nicaragua, es la Iglesia católica, porque el gobierno es un aparato meramente represivo.

"Nos agarra sin organización, con una institucionalidad pulverizada y surgen nuevos actores sin experiencia política institucional. A lo sumo podemos encontrar experiencia, pero en el afuera de movimientos sociales, gente del movimiento feminista o del movimiento ambientalista. Es bastante significativo que antes de la crisis del 18 de abril, que es por el seguro social, estalla por la crisis ambiental de Indio Maíz, es decir, el movimiento ambientalista que responde a la desidia del gobierno de solucionar el problema en una reserva.

"Realmente nos agarró así sin experiencia, pero eso también fue un plus porque la gente no está de acuerdo con la experiencia política de los políticos tradicionales.

"La experiencia es asociada con maña en Nicaragua, es asociada con políticos que solo están preocupados de sus intereses personales. Por eso, el diálogo fue en vivo también, porque el trauma de Nicaragua es que se repita un pacto de los generales, un pacto del Espino Negro, o un pacto Ortega-Alemán. Esa inexperiencia nos da cierta legitimidad, porque la experiencia en Nicaragua es concebida como una experiencia que ha contribuido solo a que el país se siga desmoronando, aunque sabemos que en la clase política tradicional hay sectores que no son corruptos ni involucrados con las violaciones de derechos humanos.

"Quizá el máximo aprendizaje ha sido la paciencia, tratar el temple, la valentía y tratar de tener una estabilidad emocional de la dimensión de la crisis que ha tenido Nicaragua, porque estamos hablando de 320 muertos según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, entonces lidiar con eso ha sido el máximo aprendizaje.

“Una de las principales preguntas que se hace la gente es cómo luchamos cuando somos un país que ha estado acostumbrado en toda su historia a la lucha violenta, es decir, cómo enfrentamos con una marcha, con un plantón, con una bandera azul y blanco a un grupo paramilitar que anda ametralladoras PK, AK-47 o fusiles de francotirador. El mayor aprendizaje ha sido enfrentar desde la marcha pacífica a la violencia más despiadada”.

– ¿De qué forma enfrentan el paso del tiempo ahora que el gobierno parece mantener la situación bajo control y que Daniel Ortega da un discurso relacionado con que la normalidad ha vuelto al país?

La narrativa del gobierno ha sido decir que estamos en normalidad, pero la narrativa del pueblo sublevado es que aquí nada está normal y nada está normal por el tamaño de la crisis. Si uno lo comienza a ver desde el punto de vista económico, estamos hablando que para junio Funides registra unos 250.000 desempleados y casi el 16% de retiros de depósitos.

"Ese control del gobierno es insostenible, porque solo puede imponerse y Daniel Ortega ahorita no tiene iniciativa política, todo es represión. Desde afuera se puede ver que no está la protesta a un nivel masivo como estuvo en abril, pero la gente sigue teniendo iniciativa. Ahora toda cuestión que quiere hacer la gente es reprimida por el gobierno o suceden cosas como la expulsión del Alto Comisionado de Naciones Unidas. Estamos en una fase de represión selectiva, cuando llegan a tu casa y te secuestran. Es un poco más frustrante, porque este tipo de violencia es más difícil mostrarla al mundo, es más subterránea.

"Estamos conscientes de que Daniel Ortega llama a la mesa de diálogo y la volvería a llamar siempre y cuando la correlación de fuerzas nacional o internacional lo presionen, es decir, Daniel Ortega llamó a la mesa cuando se sentía acorralado en los primeros meses de abril, entonces nosotros seguimos trabajando y creemos que el régimen está derrotado estratégicamente, porque solo se ha quedado con dos pilares ahora: la Policía y las fuerzas paramilitares. Su alianza estratégica con el sector privado se resquebrajó, el control de las calles ya no existe, su emporio mediático no tiene audiencia.

El joven destacada la solidaridad de la comunidad internacional en la crisis de Nicaragua. Foto: Mayela López

"En Nicaragua son más populares las redes sociales de los grupos autoconvocados que medios nacionales del gobierno, el partido Frente Sandinista está colapsando, aunque si bien es cierto ha cohesionado a su base más fanática, los grupos más sensatos se han salido, es por eso que vemos a excomandantes de la revolución, líderes históricos del sandinismo apresados, y otros pilares como el internacional, porque Daniel Ortega siempre se ha vendido ante el mundo como el garante de la estabilidad.

“Estamos convencidos de que él es la fuente del caos, y no solo un problema para Nicaragua, sino un problema regional. Daniel Ortega es un tranque en Centroamérica, impide que seamos puente, es un bloqueo. Nosotros creemos que visto desde ese punto de vista, él está derrotado. El problema es cómo está alcanzado el acuerdo, cómo terminamos de negociar, porque también reconocemos que tratando de tener empatía con él es difícil moverse”.

– ¿Cómo han sentido el apoyo de las organizaciones y de otras agrupaciones políticas en Nicaragua?

A la par de la violencia, Nicaragua ha demostrado una solidaridad increíble. El apoyo entre las comunidades y las distintas organizaciones ha sido enorme inclusive de los nicaragüenses en Costa Rica, en Estados Unidos o España. El apoyo ha sido muy fuerte, hay un sinnúmero de organismos no gubernamentales que se han involucrado en la lucha y la Iglesia que ha puesto el pellejo. Estuve el día que asaltaron a la basílica de San Sebastián en Diriamba que estaba el nuncio apostólico con los obispos, que los paramilitares nos rodearon y nos invadieron, entonces ellos realmente han puesto el pecho por las personas. En el caso de los partidos políticos uno lo que puede ver es grupos que han querido ser oportunistas, montarse a la ola, es lo uno podría decir del Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Sin embargo, hay otros partidos políticos que han estado a la par respetando los nuevos liderazgos y protagonismos.

“Nosotros creemos que la oposición vista partidariamente en Nicaragua no estuvo unida y por eso Daniel Ortega llegó al poder, pero hoy la oposición social, el grueso del pueblo sí está unido. Muchas veces la gente está unida en las calles, pero tal vez los liderazgos son los que son más difíciles de unir por razones políticas. No obstante, en los asuntos gruesos como justicia, democracia y que el hecho de que Daniel Ortega siga en el poder es insostenible, en eso hay un consenso nacional”.

“La narrativa del gobierno ha sido decir que estamos en normalidad, pero la narrativa del pueblo sublevado es que aquí nada está normal y nada está normal por el tamaño de la crisis”.

– ¿En cuál fase se encuentra la crisis nicaragüense en la actualidad?

Tranques y atrincheramientos ya no hay en Nicaragua. Después de la “operación limpieza” recuerdo a un líder de un grupo paramilitar en Catarina que dijo que la primera que levantara un adoquín le iba a arrancar la cabeza. Esto lo dijo el líder del grupo con sus personas armadas, entonces solamente la amenaza de el que haga esa manifestación está muerto. Los que se levantan son los antiguos bastiones sandinistas, también hay ciudades que no tienen tanta opresión represiva y ahí a diario hay una marcha o un plantón.

“Lo otro es que en Nicaragua hay una especie de estado de facto, es decir, que ya después de las 6 o 7 de la noche la gente no quiere andar en las calles, por eso es que la normalidad no se mantiene. Ahora también el gobierno está intentado reprimir las marchas. El ambiente sigue tenso”.

– ¿Cuáles son otros de los desafíos que enfrentan los movimientos estudiantiles?

Quizá la frustración, gestionar el tiempo y la crisis son los factores más complicados por la misma inexperiencia, porque personas que tienen 30 o 40 años de estar en la lucha social y política, saben de que es un paso a paso.

“El otro reto es el organizativo, porque mucho del trabajo que se hace es botado por el gobierno, ya que todas las articulaciones que se han llevado a cabo por ejemplo en el Pacífico de Nicaragua se fueron al traste cuando la operación limpieza las descabezó a todas, entonces seguimos en un proceso que constantemente el gobierno lo está minando. El último desafío es el de la construcción de la unidad, porque la diversidad es una riqueza, pero la diversidad también hace que sea más difícil alcanzar consensos.

“En el caso de la Alianza Cívica tenemos al sector privado, pero también tenemos al sector sindical, y ambos son antagónicos, está el sector feminista y la Iglesia católica. En Nicaragua se han puesto de lado muchas demandas individuales por alcanzar el propósito máximo que es justicia y democracia. Ese proceso es el reto, organización, unidad, y la gestión de la crisis, a nivel inclusive individual, porque el estrés emocional de estar en esto y la frustración que puede traer es increíble”.