Por: AFP.   15 junio
Manifestantes opositores se mantenían expectantes -el jueves 14 de junio del 2018 en Tipitapa mientras se desarrollaba el paro nacional de 24 horas en Nicaragua.

Managua. El gobierno de Daniel Ortega y la oposición reanudaron este viernes el diálogo con evidentes señales de desacuerdo como el rechazo oficial a la observación internacional de los derechos humanos en Nicaragua, en medio de una ola de represión que deja 165 muertos en dos meses de protestas.

En el inicio del diálogo, los obispos católicos que median las conversaciones presentaron la propuesta de la oposición de invitar a organismos internacionales, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Unión Europea (UE), para observar la situación en el país, pero la delegación oficial se opuso.

“Es lamentable, deplorable, triste que no podamos llegar a un acuerdo”, lo que pone “en peligro la estabilidad de la nación”, declaró el obispo auxiliar de Managua Silvio Báez, uno de los jerarcas católicos que median en el diálogo nacional.

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Tras el fracaso en la discusión del primer punto, los participantes hicieron un receso para almorzar, pero hacia el anochecer no quedó claro si habían vuelto a reunirse. La primera parte de la sesión fue transmitida en directo por dos canales privados de televisión.

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La propuesta fue promovida por la opositora Alianza Cívica por la Democracia y la Justicia, que integran estudiantes, empresarios y la sociedad civil, ante la represión que vive el país por la acción de fuerzas policiales y paramilitares contra las protestas antigubernamentales.

La oposición, por su lado, rehusó aprobar una moción del gobierno, representado por el canciller Denis Moncada, que pedía levantar los bloqueos que los manifestantes mantienen en las principales vías, e invitar a la ONU y OEA a brindar “acompañamiento para el fortalecimiento del diálogo”.

Mientras se desarrollaban las conversaciones a puertas abiertas, al menos cuatro barrios capitalinos eran atacados por paramilitares, al tiempo que se reportaban nuevos enfrentamientos en las ciudades de Juigalpa (este) y Nindirí (sur).

Reclamos al gobierno

Hay que “parar la represión del Estado de Nicaragua, del gobierno contra la población, ustedes tienen las armas, entregaron las armas a los paramilitares”, demandó Sandra Ramos, una de las representantes de la Alianza en el diálogo.

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“Presidente, en sus manos está que cese la represión”, demandó el líder estudiantil Lesther Alemán.

“Estamos sufriendo una ola de violencia que fue desatada por el gobierno, por las turbas (grupos armados)”, denunció Carlos Tünermann, uno de los representantes de la alianza en el diálogo.

Sebastián Chamorro, uno de los representantes del sector privado, recordó que “el desmantelamiento de las fuerzas parapoliciales es una función del Estado”.“Si continúa esta violencia, este diálogo va a ir muriendo poco a poco”, advirtió.

El canciller Moncada también lamentó en su intervención el “salvajismo inaudito” que vive el país y negó responsabilidad del gobierno en los hechos de violencia.

“En manos de todos ustedes está poner fin a la violencia, evitar muertes de ciudadanos en todo el país, levantar de forma total e inmediata los tranques”, sostuvo.

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En medio de las diferencias, el ministro de Hacienda, Iván Acosta, quien asiste en representación del gobierno, propuso hacer “una tregua” antes de que la violencia destruya la economía del país, el más pobre de la región.

“Si sigue así el país vamos a quedar en la miseria”, comentó un vendedor de sándwich de un mercado, Luis Cano, de 38 años, mientras untaba mantequilla al pan.

En la sesión de la tarde, los participantes tenían previsto conocer la esperada respuesta del presidente Ortega a la propuesta de democratización que le presentaron los obispos el pasado 7 de junio.

Depués del paro

Este viernes, miles de nicaragüenses retornaron a sus actividades, tras un paro casi general el jueves que la oposición espera termine de convencer al mandatario que el país, uno de los más pobres el hemisferio, quiere negociar un “cambio” por medios pacíficos.

“Esperamos que del diálogo salga algo positivo para que ya se resuelva esta matancina (masacre) y que (Ortega) se vaya, es el sentir de la mayoría”, manifestó Mario Pérez, un mecánico de radiadores de uno de los barrios orientales de la capital, que esta semana fueron asediados por fuerzas policiales y de choque del gobierno.

“Necesitamos un cambio de gobierno porque estamos hartos”, demandó Isidro Obando, de 66 años, quien consideró que la represión que ha desatado Ortega contra el pueblo es “peor” que la que vivió el país durante la pasada dictadura somocista.

Al menos 165 personas han muerto desde que estallaron las protestas el 18 de abril, según el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).

Familiares y amigos daban el último adiós a Agustín Mendoza, quien fue mortalmente herido durante protestas contra el gobierno, el jueves 14 d e junio del 2018, en la ciudad de Tipitapa, Nicaragua.

Las últimas tres víctimas son dos manifestantes muertos en enfrentamientos ocurridos el jueves en el Caribe norte, y un abogado asesinado en la madrugada en Chinandega (noroeste).

“Es peor que la dictadura somocista lo que estamos viviendo”, coincidió Argentina López, de 74 años, mientras limpiaba la acera de su casa en el barrio San José Oriental. Dijo estar preocupada por el futuro de sus siete hijos y 45 nietos

.A juicio del sociólogo y analista político independiente Cirilo Otero, el mandatario ha usado el diálogo -suspendido dos veces desde que inició el 16 de mayo- para ganar tiempo y organizar su retirada, pero la represión continuará.

Nicaragua vive un clima permanente de protestas que tiene bloqueadas sus principales rutas con casi 900 tranques (bloqueos) y barricadas en ciudades semiparalizadas desde que estallaron las manifestaciones contra una fallida reforma a la seguridad social.

Las protestas se extendieron como una muestra de disconformidad contra el gobierno de Ortega, en el poder desde el 2007, y contra su esposa, Rosario Murillo, como vicepresidente y mano derecha, ambos señalados de autoritarismo y de controlar todos los poderes del Estado.

El jueves, grupos paramilitares dispararon contra manifestantes que resguardaban barricadas en las ciudades de Nagarote, Tipitapa, Masatepe y León, causando al menos cuatro muertos y varios heridos, confirmó el Cenidh.