AFP. 28 septiembre
Sede del diario 'The New York Times' en la ciudad de Nueva York.
Sede del diario 'The New York Times' en la ciudad de Nueva York.

Nueva York. Proteger a un denunciante potencialmente vulnerable y, por otra parte, la necesidad del público de saber: la difusión por The New York Times de datos sobre un hombre cuya denuncia condujo a una investigación de juicio político al presidente Donald Trump ha provocado fuertes debates en Estados Unidos.

Tras la publicación de una denuncia según la cual Trump promovió “la injerencia de un país extranjero en las elecciones estadounidenses de 2020”, el Times informó de que el denunciante es un oficial de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que trabajó “en algún momento” en la Casa Blanca y que es experto en asuntos europeos y en la situación política de Ucrania.

Los abogados del denunciante consideraron que esas revelaciones son peligrosas para su cliente, tanto personal como profesionalmente.

Las llamadas para cancelar las suscripciones al Times, distribuidas bajo la etiqueta #CancelNYT, han proliferado en las redes sociales, donde algunos han exigido la renuncia del editor ejecutivo, Dean Baquet.

Baquet defendió la decisión con el argumento de que Trump y algunos de sus partidarios habían atacado la credibilidad del denunciante y que la publicación de la información tenía como objetivo permitir a los lectores “emitir sus propios juicios sobre si es o no creíble”.

“Creo que se trata de una disyuntiva difícil”, dijo Jon Marshall, profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad Northwestern.

“El Times quedó atrapado en el dilema ético clásico que se presenta a las organizaciones de noticias: buscar la verdad y difundirla o privilegiar la protección de las fuentes”, señaló Marshall, autor de un libro sobre el legado del escándalo Watergate y la prensa.

Al igual que otros, Marshall cree que es probable que solo haya un puñado de personas que encajen en la descripción del denunciante, y que identificarlo "podría ponerlo en peligro".

Para él, describir al denunciante como un oficial experimentado de la CIA habría bastado para establecer su credibilidad.

Todd Gitlin, profesor de Periodismo en la Universidad de Columbia, cree sin embargo que la decisión de brindar detalles sobre el denunciante estaba justificada.

Trabajo con riesgo

El propio denunciante “tiene que haber entendido que había un cierto riesgo” en su acto y debe “haber tomado precauciones”, indicó. Además, “trabaja para una organización que se dedica a la seguridad”.

A diferencia de Edward Snowden o Chelsea Manning, quienes filtraron información confidencial sin autorización, este hombre cumplió con todas las reglas sobre la presentación de denuncias y trabajó en consulta con abogados especializados, manifestó Kathleen McClellan, subdirectora del Programa de Protección de Denunciantes y Fuentes.

Los denunciantes de la comunidad de inteligencia están expuestos al riesgo de represalias, observó McClellan, y destacó: “En la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, no gozan de una protección significativa contra las represalias”.

“Creo que la prensa debería respetar el derecho de un denunciante a permanecer en el anonimato”, dijo, y destacó que la argumentación del Times no se sostiene, porque “la credibilidad (del confidente) ya había sido establecida” por el inspector general a quien envió el informe.

En cualquier caso, la identidad del denunciante probablemente se conocerá pronto, sobre todo cuando el Congreso quiera que testifique, señaló Gitlin.

Y si se llega a saber de quién se trata, “será uno de esos nombres que aparecerán en los libros de historia, como Daniel Ellsberg”, quien filtró los documentos del Pentágono que revelaron que sucesivas administraciones estadounidenses habían mentido al público sobre la guerra de Vietnam, indicó el historiador presidencial Douglas Brinkley en The Washington Post.

“Será recordado entonces como un buscador de la verdad”, subrayó.