Agencia AFP. 7 septiembre

Basora, Irak. La crisis social en Irak pasó el viernes un nivel con el incendio del consulado iraní en Basora, ciudad petrolera del sur en donde nueve manifestantes murieron esta semana, obligando al Parlamento a convocar a una sesión extraordinaria el sábado.

El ataque contra el consulado iraní supone un punto de inflexión en el levantamiento que se vive en Basora desde julio contra la corrupción de los políticos y el deterioro de los servicios públicos, pese a la riqueza petrolera de la región.

Varios manifestantes asaltaron y quemaron este viernes el edificio del gobierno de Basora, durante una manifestación que exige mejores servicios públicos y empleos en Basora. Foto: AP
Varios manifestantes asaltaron y quemaron este viernes el edificio del gobierno de Basora, durante una manifestación que exige mejores servicios públicos y empleos en Basora. Foto: AP

En respuesta a los incidentes, el primer ministro iraquí Haider al Abadi encargó el viernes por la noche a las fuerzas de seguridad “actuar de manera decisiva frente a los actos de vandalismo que acompañaron las manifestaciones”.

En su comunicado, el mando conjunto de operaciones (JOC) evoca “medidas de seguridad excepcionales” y “judiciales severas”, prohíbe las manifestaciones y “los desplazamientos en grupo”. El texto no detalla no obstante las disposiciones tomadas ni la cantidad de refuerzos desplegados.

Desde el martes, los manifestantes atacan las sedes de las instituciones públicas, las residencias de los responsables públicos, así como los partidos y grupos armados presentes en la ciudad. El viernes ingresaron en el predio de un yacimiento petrolero al norte de Basora.

Los manifestantes reclaman su parte de los ingresos que genera el petróleo ($7.700 millones en agosto) en una provincia que no sufrió la reciente guerra contra el grupo Estado Islámico pero que atraviesa una crisis sanitaria sin precedentes agravada por un escándalo de contaminación del agua que llevó al hospital a 30.000 personas.

El viernes al comenzar la noche centenares de manifestantes lograron franquear el imponente muro que rodea el consulado iraní, constató AFP. Se vieron inmensas llamas en el edificio que evacuado antes de la llegada de los manifestantes.

La cancillería iraquí denunció un “acto inaceptable que daña los intereses de Irak y sus relaciones internacionales”.

En Teherán, un portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores, Bahram Ghassemi, denunció un “ataque salvaje”, según la agencia iraní Fars.

Ghassemi consideró el incendio como un complot para "destruir las relaciones de amistad” entre Irán e Irak.

Teherán intenta desde las elecciones legislativas de mayo influenciar la composición del futuro gabinete iraquí.

El bloque pro-Irán en el Parlamento, liderado por Hadi al Ameri, cabeza de lista de los ex combatientes antiyihadistas, reivindica la mayoría de los diputados necesaria para formar gobierno.

Pero Abadi, aliado a Moqtada Sadr, exjefe de milicia convertido en adalid de manifestaciones anticorrupción y que se presenta como el defensor de la independencia política de Bagdad frente a Washington y Teherán, también reivindica la mayoría.

El sábado, respondiendo a un llamado de Sadr, Abadi irá con varios de sus ministros delante al Parlamento para evocar la situación en Basora.

Desde el martes nueve manifestantes murieron, según Mehdi al Tamimi, jefe del consejo provincial de derechos humanos.

Esta crisis ocurre en un momento de parálisis política en Bagdad.

Tras largos meses para llevar a cabo el recuento de votos de las legislativas de mayo, el lunes el Parlamento iraquí no se puso de acuerdo para elegir a su presidente, en la sesión inaugural.

Aunque el incendio del consulado impacte seguramente en el equilibrio de fuerzas, los expertos señalan asimismo otros incidentes.

El viernes por la mañana tres obuses cayeron en la ultravigilada Zona Verde de Bagdad, donde se encuentran las sedes de las autoridades iraquíes y la embajada estadounidense.

Además, en la oración semanal del viernes, el representante del gran ayatolá Alí Sistani, la mayor autoridad religiosa chiita del país, denunció nuevamente “el mal comportamiento de los altos dirigentes”. Pidió que “el futuro gobierno sea diferente de los anteriores”.

Otro representante de Sistani, que en Basora visitó estaciones de distribución de agua así como a las familias de los manifestantes muertos, constató, según el sermón pronunciado en nombre del ayatolá, “que hubiese sido posible, con un poco de esfuerzo y dinero (...) disminuir los efectos de la crisis” del agua.

Según Mehdi Al Tamimi, “las calles de Basora se alzaron en respuesta a una política gubernamental de negligencia intencionada”.

Cansados de esperar unos servicios públicos eficaces y la destitución de los dirigentes corruptos, los habitantes de Basora reanudaron las protestas que habían empezado a principios de julio, y que se vieron apaciguadas por las promesas del gobierno de invertir millones de dólares para mejorar la situación.

Contando las nueve víctimas registradas desde el martes, las protestas sociales que empezaron en julio en el país han dejado 24 muertos.

"Hace tiempo que advertimos a las autoridades y el gobierno y el primer ministro tienen que poner término al sufrimiento de los habitantes de Basora”, aseguró Tamimi.