17 octubre, 2010
 En un cateo a una finca de la colonia Agua Blanca, en Zapopan, el Ejército mexicano halló 100 armas, entre las que destacan un fusil AK-47, un silenciador para esta arma y dos pistolas calibre 38 enchapadas en oro. GDA
En un cateo a una finca de la colonia Agua Blanca, en Zapopan, el Ejército mexicano halló 100 armas, entre las que destacan un fusil AK-47, un silenciador para esta arma y dos pistolas calibre 38 enchapadas en oro. GDA

Los más recientes actos de violencia en México demuestran que un gran flujo de armas desde el norte sostiene la sangrienta ballata entre carteles y fuerzas militares.

De los 74.000 pertrechos que se determinó son del mercado negro y que fueron incautados durante los últimos cuatro años en la frontera, el gobierno mexicano señaló que al menos un 90% provienen desde Estados Unidos.

“Existe un tráfico considerable de suministros bélicos que va de norte a sur”, explicó Kevin Casas, investigador costarricense del Instituto Brooking en EE. UU.

Según la Procuraduría General de México, en el territorio norteamericano hay cien mil permisionarios que venden legalmente armas de fuego. Al menos doce mil de estos establecimientos se ubican a los largo de los 3.200 kilómetros de frontera común .

Este escenario se complica aún más debido al contraste legislativo en cuanto a la portación de armas que existe entre los países vecinos.

Pocas restricciones. Aunque la propiedad de artefactos bélicos en EE. UU. está restringida para quienes estuvieron involucrados en crímenes, cualquier otro ciudadano adulto tiene el derecho de comprar tantas armas desee.

Los trámites para registrar armamentos están regulados por el Gobierno, pero estos elementos de fuego pueden obtenerse legalmente a través de individuos o en Gun Shows, una especie de feria donde se ofrece una gran variedad de productos bélicos.

“Cualquier persona que comercialice un arma en estos lugares, pueden hacerlo sin una licencia federal en la mayoría de los estados y sin averiguar el pasado de sus clientes”, denunció en el Congreso de Estados Unidos Kristen Rand, del Centro de Políticas sobre la Violencia.

En cambio, al sur de la frontera el escenario es diferente.

Frente a las facilidades para adquirir armas en EE. UU., en su vecino del sur la comercialización está restringida a un organismo de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Si un ciudadano quiere tener un arma, de manera legal, solo la puede adquirir a través de esta institución. La propiedad privada está restringida a equipo de bajo calibre.

“Gran parte de la población estadounidense considera que el derecho de tener armas es tan importante como el derecho a la libertad de expresión”, aseguró Casas.

“Cualquier intento para regularla genera una reacción política y jurídica, e inmediatamente es impugnada en tribunales”, agregó.

El último intento por regular la tenencia de elementos bélicos que se hizo en los Estados Unidos se produjo en enero.

La Corte Suprema de Justicia anuló, por inconstitucionalidad, un proyecto para prohibir la tenencia de armas en Chicago.

Muy permisivo .La Campaña Brady para prevenir la violencia por el uso de las armas señaló al estado de Arizona, que comparte frontera con México, como el más permisivo en todo el territorio estadounidense en cuanto a posesión de armas.

La situación podría agravarse tras la sanción de ley 1108 que la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, promulgó en abril. Con esta ley, se eliminan los requisitos de entrenamiento y licencia para portar armas, y permite a las personas llevarlas entre sus ropas.

El investigador Garen Wintemute, de la Universidad de California, señaló a Arizona como el mercado “más grande y activo” de venta de armas sin documentos y sin registro en todo Estados Unidos.

Por su parte, Raymond Rowley, coordinador de la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) de EE. UU. , sostuvo en varios medios que en la frontera sur de Estados Unidos, las armas que entran a México son tan poderosas como las que se utilizan en las guerras de Iraq y Afganistán.

“México es un país donde se desatan varias guerras: entre los carteles que se disputan el territorio, y entre estos grupos y el ejército mexicano. La intensificación de estos conflictos crea una necesidad de armas brutal”, explicó Casas.

Para la Procuraduría de México, esta demanda se enriquece por la exigencia de los carteles para controlar el territorio.

Mientras que el Banco Interamericano de Desarrollo sostiene que la violencia armada le cuesta a América Latina cerca del 15% de su Producto Interno Bruto, el Centro Nacional de Inteligencia sobre Drogas de Estados Unidos, afirma que los carteles en México generan entre $17.000 y $38.000 millones anuales por sus ventas.

Con un panorama poco claro respecto al control de armas, especialistas coinciden en que Estados Unidos se convirtió en la fuente de provisión armamentista para las organizaciones criminales.

“Los estados del fronterizos tienen una legislación absolutamente permisiva en materia de comercio y tenencia de armas, entonces es muy fácil adquirirlas y llevarlas hasta México”, dijo Casas.