Álvaro Cedeño. 3 junio
Álvaro Cedeño, columnista de Economía
Álvaro Cedeño, columnista de Economía

Con toda seriedad y realismo, la señora Ministra de Hacienda, plantea una serie de medidas de contención del gasto, pero su esfuerzo, solo llega a menos de 3% del déficit.

Y entonces nos sentimos inclinados a sentenciar, ante esta constatación empírica, que hay problemas que hubiera sido mejor no haberlos creado. Hay genios que es mejor no dejarlos salir de la botella.

Sentimos que estamos listos como para escribir el manual eficaz sobre cómo echar a perder un país. ¿Cuáles otros problemas estamos alentando?

El déficit lo vinimos construyendo entre todos a lo largo de los años. Los responsables patronales de las convenciones, quitándose el tiro para no enfrentar revueltas de sus colaboradores.

Los líderes sindicales “aprovechándose” de todas las circunstancias para llevar agua hacia sus molinos, no importa a cuál costo social.

Unos políticos mirando con incuria hacia otro lado. Otros, obstaculizando soluciones ya consensuadas.

Los ciudadanos tapándonos los ojos en la esperanza de que las advertencias que nos llegaban fueran exageradas, o pensando que individualmente nada podíamos hacer.

¿Cómo podemos utilizar este triste aprendizaje, refiriéndolo al futuro?

Primero, metámonos en el magín que no hay almuerzo gratis. Que el que la hace la paga. Que como lo popularizó Eduardo Lizano, la jarana sale a la cara.

Segundo, reconozcamos que a grandes males, grandes remedios y no esperemos sustituir la amputación requerida con una aspirina. Estamos en la puerta del quirófano, no en el EBAIS.

Tercero, estemos dispuestos al sacrificio. La solidaridad es un rasgo que construye país. Analicemos y apliquemos pensamiento crítico a las medidas, pero no para escaparnos, sino para mejorarlas. La oportunidad de escaparnos pasó hace veinte años.

Cuarto, aprendamos de cómo creamos el problema: en el intento de solución no se vale quitarse el tiro, “aprovecharse", obstaculizar, mirar hacia otro lado ni taparse los ojos.

Quinto, enfrentemos la situación con la consciencia de que si no la resolvemos de manera sostenible estamos creando problemas para las generaciones futuras.

No querríamos que en otros veinte años ellas tuvieran que decirnos que hay problemas que hubiera sido mejor no haberlos creado.