Ricardo González. 7 enero

Valorando lo sucedido en el año que acabó, cabe afirmar que el 2017 fue un año más en el que no fue posible poner en marcha soluciones que ayuden a estabilizar la situación fiscal y las finanzas públicas. En estos primeros días de enero, surgen entonces las interrogantes: ¿cuál es el plan de acción para este nuevo año en que acaba un gobierno y empieza otro? ¿Será otro año perdido o empezarán los cambios que el país necesita?

Este es un tema recurrente y desde hace bastante tiempo se han generado opiniones y sugerencias sobre el contenido y orientación de la reforma fiscal que urge implementar. El 2 de diciembre del año 2013, el editorial de La Nación mencionaba la existencia de dos círculos fiscales que se han llegado a establecer muy claramente en la literatura y práctica de las finanzas públicas: uno vicioso y otro virtuoso.

El círculo vicioso se genera cuando los egresos presupuestarios exceden a los ingresos, surge el déficit fiscal y comienzan a generarse una serie de efectos concatenados, como la necesidad de financiamiento nacional o internacional. El crecimiento de la deuda interna presiona las tasas de interés, afectándose la inversión y el crecimiento de la producción. El incremento de la deuda externa presiona el tipo de cambio y afecta la rentabilidad de las exportaciones y la producción.

El círculo virtuoso conlleva disminuir el déficit fiscal a corto plazo y diseñar una política económica para sostenerlo en un porcentaje razonable del PIB, asociado con la tasa esperada de crecimiento real de la producción, alentando la inversión y el emprendimiento. De ese modo, bajarían la inflación y las tasas de interés, y se podría incrementar el crédito al sector privado. Con más crédito para producir, y a un menor costo, la inversión tendería a incrementarse, al igual que el crecimiento y los empleos; habría una mayor oportunidad para cubrir gastos sociales y para el desarrollo de más infraestructura, lo que redundaría en más crecimiento y productividad.

Con ello se evitaría una rebaja de la calificación de riesgo, se alejaría la sombra de una crisis financiera y se afianzaría la credibilidad de la economía nacional.

Desde aquella fecha han pasado cuatro años y casi un gobierno completo. Por el bien del país, esperamos que este sea el año de pasar de un círculo al otro.

Ricargo González, abogado y columinista de Economía -- La Nación.
Ricargo González, abogado y columinista de Economía -- La Nación.

rgonzalez@roblesoreamuno.com