Economía

Popular rematará 614 joyas de deudores morosos con créditos

Alhajas fueron garantías aportadas para respaldar préstamos

El 31 de marzo, el Banco Popular rematará un lote de 614 joyas, valoradas en más de ¢280 millones, en el Centro de Crédito sobre Alhajas de la entidad, en barrio Amón, San José.

Estas joyas provienen de garantías que deudores aportaron para créditos y que después no pudieron cancelar, o que tienen atrasos de varias cuotas.

En el cartel de remate, publicado en el diario oficial La Gaceta del pasado 9 de marzo, hay aretes cuyo precio base de subasta comienza en ¢22.000, y cadenas de ¢80.000; sin embargo, en otros casos los precios pueden alcanzar varios millones de colones.

“Se rematan piezas de oro y piedras preciosas, de todo tamaño, quilataje y diseño, valoradas por nuestros peritos para otorgar los préstamos, y que no fueron cancelados debidamente”, explicó Héiner González, coordinador de Negocios del Popular.

Las piezas se sacan a remate con un precio base, según el avalúo de los peritos. En el caso de que la joya se venda a un precio mayor, el banco cancela la deuda y devuelve el remanente al cliente.

Al año, el banco realiza unos 12 remates. En promedio, se venden unos ¢40 millones por subasta.

Origen y destino. Las joyas que se subastarán provienen de 17 oficinas del Banco alrededor del país, donde se permite la pignoración (dación como prenda) de alhajas.

Según González, las piezas que llegan al proceso de remate representan menos del 2% de la cartera total pignorada.

Los interesados en adquirir estas joyas no deben cumplir con requisitos especiales, solamente deben acudir al Centro de Crédito sobre Alhajas el día de la subasta.

“Normalmente, a estos actos públicos asisten desde joyeros profesionales y coleccionistas hasta ciudadanos comunes a los que les gusta la joyería, o incluso adquieren artículos para regalar o como inversiones seguras de sus fondos personales”, comentó González.

Según Gustavo Calvo, coleccionista de joyas y antiguedades, este tipo de subastas son frecuentadas por unas 30 o 40 personas.

El coleccionista comentó que muchos de los participantes son revendedores de joyas, o buscan las alhajas para fundirlas. “Son pocas las de colección”, comentó.

Calvo afirmó que las subastas suelen ser muy competitivas. Por este motivo algunos participantes se unen para “pujar” de manera conjunta en el remate.

“La puja es fuerte. Si no te ponés de acuerdo con ciertas personas, las pujas son a matar, es decir, se disparan los precios”, agregó.

El Banco indicó que, por ser una subasta abierta, no tienen injerencia sobre la manera en que participan los oferentes.

¿Pueden recuperarse? Si una persona perdió sus alhajas con el Banco, tiene la oportunidad de recuperarlas antes del remate.

Unas horas antes de llevarse a cabo la subasta pública, los deudores pueden presentarse al banco a recuperar sus garantías. Según el Banco, por este motivo, el número de piezas que finalmente se subastan puede ser menor.

La reglamentación vigente estipula que las piezas salgan a remate en dos publicaciones consecutivas. En caso que no sean adquiridas, el Banco se las adjudica y las pone a la venta directa en la oficina de barrio Amón.

Las piezas en la vitrina del Centro de Crédito sobre Alhajas tienen un descuento con respecto al precio base del remate.

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