Gerardo Corrales. 3 febrero

Durante la campaña presidencial de 1992, en Estados Unidos, Bill Clinton popularizó esta frase en contra de su contendiente George H. W. Bush y que al final, le dio la victoria electoral.

Es una forma sarcástica de resaltar la importancia fundamental que juega la economía en el bienestar y desarrollo económico de los países.

Economista Gerardo Corrales. Foto Adrián Soto.
Economista Gerardo Corrales. Foto Adrián Soto.

El pasado 31 de enero, la Junta Directiva de nuestro Banco Central, aprobó el Programa Macroeconómico para el periodo 2018-2019.

Las proyecciones de los principales macroprecios así como del comportamiento de la producción nacional se presentan con altas vulnerabilidades y que han sido la preocupación de las agencias calificadoras de riesgo de cumplimiento de pago, poniéndonos en una perspectiva futura negativa y al borde de una nueva rebaja de la calificación internacional a niveles históricamente preocupantes.

Precisamente en vísperas de las elecciones de mañana domingo, tristemente los criterios de elección de nuestro futuro presidente se han circunscrito a temas, en mi opinión, a asuntos de índole personal, como la religión y el matrimonio igualitario, sin que el público, en general, se esté dando cuenta que esto pasa a un segundo nivel de prioridad, cuando lo que está en juego es el sustento diario, la estabilidad económica y psicológica de los cerca de 1,5 millones de hogares que conviven en nuestro territorio y que dependen de sus empleos.

En resumen, el ambiente macroeconómico se presenta de la siguiente manera:

Desaceleración económica con un desempleo que no baja del 9.4%; déficit fiscal creciente y acelerado que se aproxima al 8% en el 2019; financiamiento del mismo a pura deuda interna y externa, llevando el nivel de este del 50% actual, al 59% en dicho año; imposibilidad de llegar a un consenso político, sindical y empresarial para resolver de una vez por todas este tema con una reforma integral que incluya aumento de ingresos y simultáneamente contención y reducción del gasto.

Las consecuencias de este estado de pasividad e inacción de nuestros líderes, son de costos altos y de incidencia significativa en el bienestar de las familias y la confianza para promover mayor inversión extranjera e interna que estimulen la reactivación económica y la generación de empleo.

Tasas de interés mayores; presión al alza de la inflación y del tipo de cambio; aumento de la percepción de riesgo país y del atractivo por invertir en Costa Rica; menor disponibilidad de crédito para las personas y las empresas y al final, menores oportunidades de empleo y de mejora de calidad de vida para los jóvenes que están terminando sus estudios así como de las personas desempleadas y mayor riesgo de despido de personal, son apenas algunos de los ajustes obvios que se vienen si no se actúa con vehemencia y se toman las decisiones fundamentales que se deben adoptar.

Solo nos queda orar para que los indecisos o los que no estén pensando ir a votar, reflexionen y entiendan que es la economía realmente lo que importa, para evitar que a futuro nos digan, te lo dije: es la economía, estúpido. He dicho.