Agencia AFP. 11 agosto
Tras haber permanecido durante mucho tiempo bajo el umbral de dos liras por dólar, la lira turca (TRY) cruzó esa barrera en 2014, antes de pasar a tres por un billete verde después del golpe de Estado fallido de 2016./ Tatyana ZENKOVICH / POOL / AFP)
Tras haber permanecido durante mucho tiempo bajo el umbral de dos liras por dólar, la lira turca (TRY) cruzó esa barrera en 2014, antes de pasar a tres por un billete verde después del golpe de Estado fallido de 2016./ Tatyana ZENKOVICH / POOL / AFP)

Estambul. Tres, cuatro, cinco y ahora seis. Los turcos observan desde hace varios años la inexorable depreciación de su moneda frente al dólar, con una mezcla de perplejidad, miedo y fatalismo.

Tras haber permanecido durante mucho tiempo bajo el umbral de dos liras por dólar, la lira turca (TRY) cruzó esa barrera en el 2014, antes de pasar a tres por un billete verde después del golpe de estado fallido del 2016.

Pero la hemorragia se agravó este año: tras haber superado las cuatro liras por dólar, la moneda turca se ha desplomado en los últimos diez días. El viernes, la TRY traspasó la barrera psicológica de los seis por un dólar.

Una agonía que alcanzó su apogeo en las últimas semanas a causa de una grave crisis diplomática con Estados Unidos que estalló a principios de agosto, y la desconfianza cada vez más marcada de los mercados hacia la gestión de los asuntos económicos por parte de Ankara.

Algunos economistas consideran que el presidente Recep Tayyip Erdogan podría estar tentado de echar balones fuera a la espera de una eventual mejoría de los factores externos. Pero la caída de la lira comporta riesgos considerables para la economía, especialmente para el sector bancario.

Siguiendo una carrera desenfrenada para aumentar el crecimiento y apoyando tesis económicas poco ortodoxas, como bajar los tipos de interés para reducir la inflación, Erdogan provocó una fuerte preocupación en los mercados.

El banco central, supuestamente independiente pero, en realidad, sometido a las presiones del poder, se resiste a subir sus tasas, renunciando así a una herramienta tradicionalmente empleada en todo el mundo para apoyar la moneda y regular la inflación.

Su decisión de no tocar las tasas en julio mientras que la inflación había subido casi 16% internaual alarmó a los mercados.

Una postura que se debió al “control” de Erdogan sobre el banco central y al hecho de que: “los tipos de interés más altos no concuerdan con la estrategia de crecimiento de Turquía”, subraya Nora Neuteboom, del banco holandés ABD AMRO.

La decisión de Erdogan de no tocar las tasas en julio mientras que la inflación había subido casi un 16% internaual alarmó a los mercados AFP PHOTO / ADEM ALTAN
La decisión de Erdogan de no tocar las tasas en julio mientras que la inflación había subido casi un 16% internaual alarmó a los mercados AFP PHOTO / ADEM ALTAN

Tras su victoria en las elecciones del 24 de junio, Erdogan puso a su yerno Berat Albayrak al frente de un superministerio de Finanzas, apartando a algunos responsables apreciados por los mercados.

"Los mercados perdieron confianza en la capacidad de actuar en caso de necesidad del triunvirato formado por el presidente Erdogan, su yerno y ministro de Finanzas y el banco central", subraya Charles Robertson, analista en Renaissance Capital.

Según Capital Economics, el hundimiento de la lira turca podría acrecentar la presión sobre el sector bancario de Turquía a causa de la expansión del boom de los créditos y porque un tercio de los préstamos bancarios se realizan en divisas extranjeras.

Mientras que la lira turca se desplomaba el viernes pasado, el gobierno siguió firme en su posición, sumando declaraciones desafiantes que no tranquilizaron a los mercados.

El hundimiento de la moneda nacional también brilló por su ausencia en las portadas de los diarios, empujando a los economistas críticos a volcarse en las redes sociales para comentar lo sucedido.

"Los medios progubernamentales desvían la atención difundiendo películas y series", denunció Mustafá, preguntado frente a una oficina de cambio cerca del Gran Bazar de Estambul.

El valor de la lira turca frente a las monedas extranjeras no es el principal tema de preocupación de la base electoral de Erdogan, acostumbrada a la retórica del gobierno, que culpa de los problemas económicos a actores hostiles.

"Estoy seguro de que el gobierno encontrará una solución y logrará invertir la situación", declaró Sabahattin, un simpatizante de Erdogan, en Estambul.

Si bien el hundimiento de la lira continúa y amenaza con desembocar en una crisis económicas, el gobierno turco todavía cuenta con algunos recursos para hacer frente.

Así, podría tomar medidas de control de capitales o pedir ayuda al FMI, aunque este recurso podría resultarle embarazoso a Erdogan, que se enorgullecía de haber saldado las cuentas de Turquía.

En cambio, Erdogan podría mirar hacia otro lado ante un alza urgente de los tipos del banco central, una medida que ya se tomó en mayo.

“Si la situación sigue deteriorándose [...], acabará cediendo”, considera Neuteboom.

El deterioro del valor de la moneda turca también despertó reacciones en Estados Unidos, cuyas relaciones con Turquía atraviesan momentos de tensión debido a la detención en Ankara de un pastor estadounidense. Ambos aliados en el seno de la OTAN se impusieron sanciones recíprocas contra responsables gubernamentales.

El presidente de Estados Unidos Donald Trump dijo el viernes 10 de agosto que duplicará los aranceles al acero y al aluminio de Turquía y aumentó la presión sobre la debilitada economía de ese país.

“Acabo de autorizar la duplicación de las tasas aduaneras sobre el acero y el aluminio procedentes de Turquía ya que su moneda, la lira turca, cae rápidamente contra nuestro dólar fuerte”, expresó Trump en Twitter.

La Casa Blanca ya había impuesto en marzo aranceles aduaneros suplementarios de alrededor de 25% y 10% a las importaciones de acero y del aluminio, lo cual significa que ahora esos productos estarán gravados en lo sucesivo con un 50% y 20% respectivamente.