Por: Álvaro Cedeño.   2 septiembre
Álvaro Cedeño.

Vemos el parque. Está relativamente bien cuidado. Se observa aquí la ilusión y el esfuerzo que otros antes que nosotros han puesto en crear un espacio en el cual podamos disfrutar y crecer. Nos sentimos bien aquí. Algunos hasta se sienten pura vida. Parte de nuestros impuestos contribuyen a hacerlo posible. Pero no podemos pensar que eso sea todo lo que se necesita para que exista y prospere, de ahí que es entendible que nos sintamos obligados a contribuir a su sostenibilidad. A que abra más oportunidades a más personas.

El parque es sostenible si enseñamos a otros a valorarlo. Si estamos conscientes de que es parte del bien común por el cual hemos de velar todos. Si hacemos un pacto para conservar las posibilidades que ofrece: se puede vivir en libertad; tener aspiraciones y trabajar por ellas; compartir con otros; soñar y ver realizados nuestros sueños. Nos chocaría mucho ver a otros comportarse de manera destructiva: contaminando, dañando su infraestructura, comprometiendo el bienestar de los demás, negándose a realizar las acciones necesarias para una buena convivencia, negándose a apoyarlo si enfrentara alguna crisis.

Si se nos pidiera un sacrificio económico compartido para que el parque siguiera siendo lo que es, y para que además pudiera llegar a ser todo lo que aún no es pero que podría llegar a ser, estaríamos dispuestos a hacerlo. Nos sorprendería que algunos se negaran a hacer ese sacrificio. Nos parecería que están mostrando insolidaridad. Que se han olvidado de todo lo que en el pasado nos ha dado y de todo lo que en el futuro podría darnos, como oportunidades de disfrute y de crecimiento para nosotros y nuestros hijos y nietos. Además del motivo de orgullo que ha sido y será para tantos. No entenderíamos que personas con poder y responsabilidad, se negaran a tomar medidas para devolverle la estabilidad que requiere para seguir marchando hacia el futuro. Nos parecería que por cálculo o pasión, nos están causando un daño a todos.

Ahora, vuelva a leer esta nota. Sustituya las palabras “el parque” por las palabras “el país” y vea si el mensaje adquiere otra dimensión.